DICCIONARIO MÉDICO
Factor de coagulación
Los factores de coagulación son proteínas plasmáticas que se activan en cadena para sellar las lesiones vasculares mediante la formación de un coágulo de fibrina. Cada vez que un vaso sanguíneo se lesiona, el organismo pone en marcha una serie de reacciones bioquímicas cuyo objetivo es detener la hemorragia. En el centro de ese proceso se encuentran los factores de coagulación, un conjunto de proteínas que circulan habitualmente inactivas en el plasma y que se activan de manera secuencial al producirse un daño vascular. La mayoría son serín proteasas: enzimas que cortan a la proteína siguiente de la secuencia y la activan, generando un efecto de amplificación progresiva que culmina en una red estable de fibrina. No todos, sin embargo, son enzimas. Los factores V y VIII funcionan como cofactores aceleradores; el factor IV es un ion (calcio), el factor III es una glucoproteína de membrana (factor tisular) y el factor XIII actúa como transglutaminasa, creando enlaces covalentes entre las cadenas de fibrina para consolidar el coágulo. Los factores de coagulación se identifican mediante números romanos del I al XIII. Esta nomenclatura fue establecida por el Comité Internacional para la Nomenclatura de los Factores de Coagulación Sanguínea entre 1954 y 1963, en un esfuerzo por unificar las múltiples denominaciones que cada laboratorio había asignado independientemente a las mismas proteínas. La letra «a» minúscula añadida al número indica la forma activada (por ejemplo, Xa es la forma activa del factor X). De los trece números asignados, los cuatro primeros (fibrinógeno, protrombina, factor tisular y calcio) ya eran conocidos antes de que se creara el sistema y en la práctica clínica se les suele llamar por su nombre habitual, no por su numeral. El factor VI fue retirado de la lista cuando se demostró que correspondía a la forma activada del factor V y no a una proteína independiente, de modo que existen doce factores reales en la clasificación vigente. Clásicamente, la activación secuencial de los factores se ha descrito como una cascada dividida en tres vías: la extrínseca, la intrínseca y la vía común. La división surgió de las pruebas de laboratorio y conserva utilidad clínica, aunque hoy se sabe que in vivo ambas vías están interconectadas desde el inicio. La vía extrínseca arranca cuando la lesión del vaso expone el factor tisular al torrente sanguíneo. Este se une al factor VII activado y al calcio, formando la tenasa extrínseca, un complejo capaz de activar el factor X. La vía intrínseca comienza con la activación del factor XII al contactar con superficies cargadas negativamente (colágeno subendotelial, caolín en el laboratorio); el XII activa al XI, este al IX, y el IX activado se asocia con el factor VIIIa para formar la tenasa intrínseca, un complejo que activa el factor X con una eficiencia muy superior a la de la tenasa extrínseca. Ambas vías confluyen en el factor X activado, que junto con el factor Va, el calcio y los fosfolípidos plaquetarios constituye el complejo protrombinasa. Este convierte la protrombina en trombina, la enzima que escinde el fibrinógeno en monómeros de fibrina y activa el factor XIII para estabilizar la red resultante. La investigación hematológica ha demostrado que la coagulación in vivo no funciona como dos vías paralelas e independientes, sino como un proceso integrado que ocurre sobre superficies celulares. El modelo celular describe tres fases. En la fase de iniciación, el complejo factor tisular-VIIa genera cantidades pequeñas de trombina sobre las células que expresan factor tisular. Esa trombina inicial no basta para formar un coágulo, pero sí para activar las plaquetas y los cofactores V y VIII, lo que constituye la fase de amplificación. Sobre la membrana de las plaquetas ya activadas se ensamblan entonces los grandes complejos enzimáticos (tenasa intrínseca, protrombinasa), que producen un estallido masivo de trombina durante la fase de propagación. Este esquema explica una observación clínica clásica: los pacientes con hemofilia A o B (deficiencias de los factores VIII o IX) sangran a pesar de tener intacta la vía extrínseca. Sin la amplificación que proporciona la tenasa intrínseca, la trombina generada resulta insuficiente para un coágulo estable. La mayoría de los factores se sintetizan en el hígado, razón por la cual la enfermedad hepática grave puede provocar déficits múltiples y coagulopatía. Las excepciones más notables son el factor tisular (presente en células subendoteliales y otros tejidos), el calcio iónico (regulado por la paratohormona y la vitamina D) y el factor VIII, producido en las células endoteliales sinusoidales hepáticas y protegido en la circulación por el factor de von Willebrand. Cuatro factores (II, VII, IX y X) requieren vitamina K para una modificación postraduccional sin la cual carecen de actividad biológica: la gamma-carboxilación de residuos de ácido glutámico en su dominio Gla. Esos residuos carboxilados son los que permiten al factor unirse al calcio y anclarse a las membranas fosfolipídicas. La warfarina y otros antagonistas de la vitamina K bloquean esta carboxilación, lo que reduce la actividad funcional de los cuatro factores y produce un efecto anticoagulante. Para evitar que la coagulación se extienda más allá de la lesión, el organismo dispone de sistemas de freno. La antitrombina, potenciada por la heparina, inhibe la trombina y varios factores activados (IXa, Xa, XIa, XIIa). El sistema de la proteína C, activado paradójicamente por la propia trombina al unirse a la trombomodulina endotelial, inactiva los cofactores Va y VIIIa. Y el inhibidor de la vía del factor tisular (TFPI) limita la fase de iniciación al bloquear el complejo factor tisular-VIIa-Xa, obligando al sistema a depender de la amplificación intrínseca para mantener la respuesta. Una vez reparado el vaso, el sistema fibrinolítico se encarga de disolver la fibrina. La plasmina, generada a partir del plasminógeno por acción del activador tisular del plasminógeno (t-PA), degrada la red de fibrina y libera fragmentos como el dímero D, marcador de laboratorio utilizado en el estudio de la enfermedad tromboembólica. Se reconocen trece números (del I al XIII), pero el factor VI fue retirado, de modo que existen doce factores reales. Si se incluyen otras proteínas que participan en la hemostasia sin número romano (precalicreína, cininógeno de alto peso molecular, factor de von Willebrand), el total de proteínas implicadas es considerablemente mayor. Porque el Comité Internacional de Nomenclatura, reunido por primera vez en 1954, eligió esa convención para evitar confusiones entre los nombres descriptivos y los epónimos que cada grupo de investigación había acuñado por separado. Antes de la numeración, el factor IX, por ejemplo, recibía al menos cuatro denominaciones distintas según el laboratorio. La vitamina K es el cofactor que el hígado necesita para carboxilar los factores II, VII, IX y X. Sin esa modificación, estas proteínas no pueden unirse al calcio ni a las membranas donde se ensamblan los complejos de la cascada. La «K» procede del alemán Koagulation: el bioquímico danés Henrik Dam propuso el nombre en 1935 al descubrir que pollos alimentados con dietas sin esta vitamina desarrollaban hemorragias. Depende del factor y de la gravedad del déficit. Hay personas con deficiencias leves que solo sangran ante cirugías o traumatismos importantes, mientras que las formas graves de hemofilia A o B cursan con hemorragias articulares y musculares espontáneas desde la infancia. Ciertas alteraciones (como la mutación del factor V Leiden) actúan en sentido contrario y predisponen a la trombosis.Qué es un factor de coagulación
Nomenclatura y numeración
La cascada de coagulación
Modelo celular de la coagulación
Síntesis hepática y dependencia de vitamina K
Regulación de la cascada
Preguntas frecuentes
¿Cuántos factores de coagulación hay?
¿Por qué se numeran con números romanos?
¿Qué relación tiene la vitamina K con la coagulación?
¿Las deficiencias de factores siempre producen hemorragias?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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