DICCIONARIO MÉDICO

Faceta

En anatomía, una faceta es una superficie articular pequeña, lisa y generalmente plana presente en un hueso, que permite la articulación con otra estructura ósea adyacente.


El término "faceta" procede del francés facette, diminutivo de face (cara), y se utiliza en anatomía para designar superficies articulares de dimensiones reducidas y contorno bien delimitado presentes en diversos huesos del cuerpo humano. Aunque en el lenguaje cotidiano "faceta" puede referirse a cualquier aspecto o dimensión de algo, en el ámbito médico tiene un significado preciso vinculado a la anatomía del sistema musculoesquelético. Las facetas se encuentran en múltiples localizaciones del esqueleto, desde la columna vertebral hasta las costillas y los huesos del pie, y desempeñan un papel fundamental en la movilidad y la estabilidad de las articulaciones.

Qué es una faceta en anatomía

Una faceta es, en sentido estricto, una superficie articular de tamaño pequeño, lisa y de contorno definido que se encuentra en la superficie de un hueso y sirve como zona de contacto con otro hueso adyacente. A diferencia de las superficies articulares de las grandes articulaciones (como la cadera o la rodilla), las facetas corresponden a articulaciones de rango de movimiento más limitado pero esenciales para la estabilidad y la funcionalidad del esqueleto.

Desde el punto de vista histológico, las facetas articulares están recubiertas por cartílago hialino, un tejido especializado que permite el deslizamiento suave entre las superficies óseas y absorbe parte de las cargas mecánicas transmitidas a través de la articulación. Este cartílago carece de vasos sanguíneos y se nutre a partir del líquido sinovial, un fluido lubricante producido por la membrana sinovial que recubre la cápsula articular.

El término "faceta" se emplea con mayor frecuencia en relación con la columna vertebral, donde las facetas articulares forman las denominadas articulaciones facetarias o articulaciones cigapofisarias (también escritas zigapofisarias). Sin embargo, existen facetas articulares en otras localizaciones del cuerpo, como las articulaciones costovertebrales, costotransversas, la articulación acromioclavicular y diversas articulaciones del pie (como la articulación subtalar o las articulaciones tarsometatarsianas).

Facetas articulares en la columna vertebral

La columna vertebral constituye la localización más relevante y clínicamente significativa de las facetas articulares. Cada vértebra posee dos pares de procesos articulares —superior e inferior— que forman las facetas. La faceta del proceso articular superior de una vértebra se articula con la faceta del proceso articular inferior de la vértebra inmediatamente superior, conformando así las articulaciones facetarias.

Estas articulaciones son articulaciones sinoviales verdaderas (diartrosis), las únicas de este tipo en la columna vertebral. Poseen las siguientes características:

  • Cápsula articular: una envoltura de tejido conectivo que rodea la articulación y contiene el líquido sinovial que lubrica y nutre el cartílago articular.
  • Cartílago hialino: recubre las superficies articulares de ambas facetas, permitiendo un movimiento suave con mínima fricción.
  • Inervación dual: cada articulación facetaria recibe inervación de dos ramas mediales de los ramos posteriores de los nervios espinales, correspondientes al nivel de la articulación y al nivel inmediatamente superior. Esta doble inervación es relevante para la comprensión del dolor facetario y para los procedimientos de bloqueo nervioso.

La orientación espacial de las facetas articulares varía a lo largo de la columna vertebral y determina el tipo de movimiento predominante en cada región:

  • Región cervical: las facetas se orientan aproximadamente a 45 grados respecto al plano transversal, en un plano cercano al frontal. Esta disposición permite una amplia gama de movimientos: flexión, extensión, inclinación lateral y rotación.
  • Región torácica: las facetas se orientan a unos 60 grados respecto al plano transversal y 20 grados respecto al plano frontal, con una orientación predominantemente coronal. Esta configuración limita la flexión y la extensión pero facilita la rotación del tronco.
  • Región lumbar: las facetas se disponen en un plano sagital, prácticamente a 90 grados respecto al plano transversal. Esta orientación permite la flexión y la extensión pero restringe significativamente la rotación, lo que protege los discos intervertebrales lumbares de fuerzas de torsión excesivas.
  • Unión lumbosacra: las facetas de L5-S1 adoptan una orientación más frontal que las del resto de la columna lumbar, lo que contribuye a evitar el deslizamiento anterior de L5 sobre el sacro.

Función biomecánica de las facetas

Las facetas articulares desempeñan funciones biomecánicas fundamentales dentro de lo que se denomina el segmento de movimiento vertebral, la unidad funcional de la columna que comprende dos vértebras adyacentes, el disco intervertebral que las separa y las dos articulaciones facetarias que las unen por detrás. Las funciones principales son:

  • Guiar el movimiento: la orientación de las facetas determina qué movimientos son posibles en cada segmento de la columna y en qué dirección se producen.
  • Limitar el movimiento excesivo: las facetas actúan como topes mecánicos que impiden que la columna sobrepase los rangos fisiológicos de movimiento, protegiendo así las estructuras nerviosas y el disco intervertebral.
  • Transmitir cargas: aunque el disco intervertebral soporta la mayor parte de la carga axial (vertical), las facetas absorben una proporción significativa de las fuerzas compresivas, especialmente en posiciones de extensión de la columna. En condiciones de degeneración discal, la carga transferida a las facetas aumenta considerablemente.
  • Contribuir a la estabilidad: junto con el disco, los ligamentos y la musculatura paravertebral, las articulaciones facetarias mantienen la alineación correcta entre las vértebras y evitan desplazamientos anómalos como la espondilolistesis (deslizamiento de una vértebra sobre otra).

La geometría tridimensional de las superficies facetarias no es plana en sentido estricto, a pesar de que el nombre "faceta" sugiere una superficie lisa y llana. En la columna lumbar, las superficies articulares suelen presentar una curvatura en forma de "C" o de "J" en el plano transversal, lo que les confiere propiedades biomecánicas adicionales en la resistencia a fuerzas de cizallamiento y rotación. Esta curvatura varía entre individuos y entre niveles vertebrales.

Facetas en otras localizaciones anatómicas

Además de la columna vertebral, el término faceta se emplea en otras articulaciones del cuerpo humano:

  • Facetas costales de las vértebras torácicas: las vértebras torácicas presentan pequeñas facetas articulares en el cuerpo vertebral (facetas costales superior e inferior) y en los procesos transversos (facetas costotransversas) que articulan con las cabezas y los tubérculos de las costillas, respectivamente. Estas articulaciones permiten el movimiento de las costillas durante la respiración.
  • Facetas articulares del calcáneo y el astrágalo: en el pie, el hueso calcáneo presenta facetas articulares (anterior, media y posterior) que se articulan con las facetas correspondientes del astrágalo para formar la articulación subtalar, esencial para los movimientos de inversión y eversión del pie.
  • Faceta articular de la clavícula: el extremo acromial de la clavícula presenta una faceta articular que se articula con el acromion de la escápula para formar la articulación acromioclavicular.
  • Facetas de la rótula: la superficie posterior de la rótula presenta facetas articulares medial y lateral que articulan con la tróclea femoral.

Patología de las facetas

Como todas las articulaciones sinoviales, las facetas son susceptibles de sufrir diversas enfermedades que pueden comprometer su función y generar dolor. Las patologías más frecuentes incluyen:

Artrosis facetaria (síndrome facetario)

La artrosis de las articulaciones facetarias es una de las causas más frecuentes de dolor de espalda y cuello. El proceso degenerativo sigue un patrón similar al de la artrosis en otras articulaciones: comienza con el deterioro del cartílago articular y progresa hacia la afectación de la membrana sinovial, la cápsula articular, el hueso subcondral y los tejidos blandos circundantes. Según estudios en cadáveres, la artrosis facetaria es un hallazgo prácticamente universal en personas mayores de 60 años, con una gravedad que aumenta con la edad. La columna lumbar es la localización más frecuente. El médico determinará las pruebas necesarias para confirmar el diagnóstico y establecer el tratamiento más adecuado para cada paciente.

Quistes sinoviales facetarios

La degeneración facetaria puede dar lugar a la formación de quistes sinoviales, lesiones quísticas llenas de líquido que se originan en la articulación facetaria y pueden protruir hacia el canal espinal. El nivel L4-L5 es el más frecuentemente afectado. Estos quistes pueden ser asintomáticos o causar radiculopatía, claudicación neurógena y, más raramente, déficits motores, en función de su tamaño y localización.

Artritis inflamatoria

Las facetas pueden verse afectadas en el contexto de enfermedades inflamatorias sistémicas como la espondiloartritis axial, la artritis reumatoide y la artritis psoriásica. En la espondiloartritis, la afectación facetaria es especialmente frecuente en la columna torácica. Las artropatías por depósito de cristales, como la gota y la enfermedad por depósito de pirofosfato de calcio (CPPD), también pueden afectar a las facetas.

Artritis séptica facetaria

Aunque infrecuente, la infección de una articulación facetaria puede producirse por vía hematógena o tras procedimientos invasivos sobre la columna. Requiere un diagnóstico rápido mediante pruebas de imagen y cultivo microbiológico, ya que puede extenderse al espacio epidural con consecuencias neurológicas graves.

Traumatismos y fracturas facetarias

Las facetas pueden sufrir fracturas, luxaciones o subluxaciones en el contexto de traumatismos vertebrales. Estas lesiones pueden comprometer la estabilidad del segmento vertebral afectado y requerir valoración urgente por el especialista.

Diagnóstico de la patología facetaria

La evaluación de las facetas articulares emplea diversas técnicas de imagen:

  • Radiografías: permiten una valoración inicial y pueden mostrar signos de artrosis como estrechamiento articular, osteofitos y esclerosis subcondral.
  • Tomografía computarizada (TC): ofrece una excelente resolución de las estructuras óseas y permite evaluar con detalle la morfología de las facetas, las fracturas y los depósitos de cristales.
  • Resonancia magnética (RM): es superior a la TC para valorar la inflamación de los tejidos blandos, el edema óseo, los derrames articulares y los quistes sinoviales. La RM en bipedestación está ganando relevancia para la evaluación dinámica de la inestabilidad espinal.
  • Gammagrafía ósea con SPECT-TC: resulta útil para identificar articulaciones facetarias metabólicamente activas (con inflamación o remodelación ósea) y puede orientar la selección del nivel más adecuado para procedimientos terapéuticos.
  • Bloqueos diagnósticos: la inyección de anestésico local guiada por imagen en la articulación facetaria o sobre las ramas mediales que la inervan permite confirmar que el dolor procede de esa articulación cuando el alivio es significativo y reproducible.

El especialista valorará en cada caso la combinación de pruebas más adecuada en función de los síntomas y la sospecha diagnóstica.

Tratamiento de la patología facetaria

El tratamiento de las enfermedades que afectan a las facetas articulares sigue un enfoque escalonado, desde las medidas conservadoras hasta los procedimientos intervencionistas y, en última instancia, la cirugía. El especialista determinará el plan terapéutico más adecuado en función del diagnóstico, la gravedad de los síntomas y las características individuales de cada paciente.

Tratamiento conservador

Constituye el primer escalón terapéutico y es eficaz en un número significativo de pacientes. Incluye:

  • Fisioterapia y ejercicio terapéutico: los programas de fortalecimiento de la musculatura paravertebral y del core, combinados con ejercicios de flexibilidad y estabilización dinámica, ayudan a reducir la carga sobre las articulaciones facetarias y a mejorar la funcionalidad.
  • Corrección postural: la identificación y modificación de hábitos posturales inadecuados puede contribuir a reducir la sobrecarga mecánica sobre las facetas.
  • Tratamiento farmacológico: incluye analgésicos simples como el paracetamol, antiinflamatorios no esteroideos (AINE), relajantes musculares en casos de contractura asociada y, en ocasiones, analgésicos de mayor potencia bajo prescripción médica.
  • Terapias manuales: la osteopatía y la terapia manual realizadas por profesionales cualificados pueden aportar alivio sintomático en algunos pacientes con dolor facetario.

Tratamiento intervencionista

Cuando el tratamiento conservador no consigue un control adecuado del dolor, el especialista puede considerar procedimientos mínimamente invasivos:

  • Infiltraciones facetarias intraarticulares: inyección de corticoides y anestésico local directamente en la articulación facetaria, guiada por fluoroscopia o TC. Proporcionan alivio temporal del dolor y, además, tienen valor diagnóstico al confirmar el origen facetario del dolor.
  • Bloqueo de rama medial: inyección de anestésico local sobre las ramas mediales del nervio que inervan la articulación facetaria sintomática. Si produce un alivio significativo, confirma el diagnóstico y selecciona al paciente para procedimientos más duraderos.
  • Neurotomía por radiofrecuencia (rizolisis): consiste en la aplicación de calor mediante una aguja de radiofrecuencia sobre las ramas mediales nerviosas para interrumpir la transmisión del dolor. Puede proporcionar alivio durante periodos de meses a años, aunque los nervios pueden regenerarse con el tiempo y requerir la repetición del procedimiento.

Tratamiento quirúrgico

La cirugía se reserva para casos seleccionados con síntomas graves e incapacitantes que no han respondido a los tratamientos previos. Las opciones incluyen la fusión vertebral (artrodesis), que elimina el movimiento del segmento afectado y, por tanto, la fuente del dolor. Más recientemente, se han desarrollado sistemas de artroplastia facetaria total que buscan aliviar el dolor preservando la movilidad del segmento. Los resultados varían en función de cada paciente, y la decisión quirúrgica debe individualizarse tras una valoración exhaustiva por el especialista.

Prevención del deterioro facetario

Aunque el desgaste de las articulaciones facetarias forma parte del proceso natural de envejecimiento, existen medidas que pueden contribuir a retrasar su progresión y reducir el riesgo de desarrollar dolor facetario:

  • Mantener un peso corporal saludable para evitar la sobrecarga de las estructuras vertebrales.
  • Practicar ejercicio físico regular que fortalezca la musculatura del tronco y mejore la flexibilidad de la columna.
  • Adoptar una buena higiene postural en las actividades cotidianas y laborales.
  • Evitar movimientos repetitivos de extensión y rotación forzada de la columna.
  • Realizar pausas activas durante periodos prolongados de sedestación o bipedestación estática.

Preguntas frecuentes sobre las facetas

¿Es lo mismo faceta que articulación facetaria?

No exactamente. La faceta es la superficie articular propiamente dicha, es decir, la pequeña zona lisa y recubierta de cartílago presente en el proceso articular de la vértebra. La articulación facetaria (o articulación cigapofisaria) es el conjunto formado por las dos facetas enfrentadas, la cápsula articular que las envuelve, la membrana sinovial, el líquido sinovial y los ligamentos capsulares. En la práctica clínica, ambos términos se utilizan con frecuencia de forma intercambiable para referirse a la articulación.

¿El dolor de espalda puede estar causado por las facetas?

Sí. El síndrome facetario es una causa frecuente de dolor de espalda y de cuello. Se estima que la artrosis facetaria puede ser responsable de una proporción significativa de los casos de dolor lumbar crónico. El dolor facetario suele describirse como un dolor sordo y difuso en la zona de la columna afectada, que puede irradiarse a las nalgas (si es lumbar) o a los hombros (si es cervical). Típicamente empeora con la extensión de la columna y mejora al flexionar el tronco o al sentarse. El diagnóstico requiere una evaluación profesional que incluya exploración física especializada y, en muchos casos, bloqueos anestésicos diagnósticos para confirmar el origen del dolor.

¿Qué tratamientos existen para la artrosis facetaria?

El abordaje terapéutico es escalonado. Los tratamientos conservadores incluyen fisioterapia, ejercicios de fortalecimiento muscular, corrección postural y analgesia farmacológica. Cuando los tratamientos conservadores resultan insuficientes, el especialista puede considerar procedimientos intervencionistas como las infiltraciones facetarias con corticoides guiadas por imagen, los bloqueos de rama medial y la neurotomía por radiofrecuencia (ablación del nervio que transmite el dolor). En casos seleccionados con inestabilidad o compresión neurológica, puede valorarse el tratamiento quirúrgico. Los resultados varían en función de cada paciente, y el especialista determinará la estrategia más adecuada.

¿Pueden las facetas afectarse en personas jóvenes?

Aunque la artrosis facetaria es más frecuente con la edad, las facetas pueden verse afectadas en personas jóvenes en el contexto de traumatismos (fracturas, luxaciones facetarias en accidentes), enfermedades inflamatorias como la espondiloartritis axial (que suele debutar entre los 20 y los 40 años), sobrecargas mecánicas en deportistas de alta demanda o anomalías congénitas de la orientación facetaria que predisponen a una degeneración precoz. La evaluación del especialista es necesaria para determinar la causa y orientar el tratamiento.

Referencias de interés para pacientes:

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