DICCIONARIO MÉDICO
Cicatrización por segunda intencion
La cicatrización por segunda intención es la modalidad de reparación tisular que se produce cuando una herida presenta bordes separados y pérdida de sustancia significativa, de modo que el cierre no puede lograrse mediante aproximación directa. El lecho de la herida se rellena con tejido de granulación desde la profundidad y la contracción de los bordes colabora en reducir progresivamente la brecha. La cicatriz resultante suele ser más ancha y menos uniforme que la de la primera intención. En la cicatrización por segunda intención la herida queda abierta y el organismo la cierra por sus propios medios, sin ayuda de suturas ni adhesivos. El proceso depende de tres fenómenos que trabajan al mismo tiempo: la formación de tejido de granulación en el fondo de la herida, la contracción centrípeta de los bordes y la migración de queratinocitos desde la periferia para revestir la superficie. La expresión «segunda intención» proviene, como su par, del latín escolástico: sanatio per secundam intentionem designaba la curación que pasaba por una fase visible de supuración antes de completarse. En la medicina medieval se entendía como un proceso más lento y menos deseable, aunque necesario cuando las condiciones de la herida no permitían el cierre directo. El concepto no ha cambiado mucho desde entonces en lo que toca a su definición práctica. El tejido de granulación es el verdadero protagonista de esta modalidad. Se trata de un tejido provisional, húmedo y de aspecto rojizo granular, compuesto por capilares neoformados, fibroblastos activos y una matriz laxa rica en colágeno tipo III. Su función es rellenar el defecto desde abajo hacia arriba hasta alcanzar el nivel de la piel circundante. Si el tejido de granulación no se forma correctamente (por isquemia, infección o desnutrición), la herida se estanca. Simultáneamente, los miofibroblastos del borde de la herida ejercen tracción sobre el tejido circundante y reducen la superficie abierta. En heridas grandes este mecanismo de contracción puede ser responsable de cerrar hasta un 40-80 % del área original, un porcentaje que varía según la región anatómica y la laxitud de la piel. Es un dato que sorprende a quien no está familiarizado con la fisiología de la reparación, pero que cualquier cirujano observa a diario en el manejo de heridas abiertas. Las indicaciones más frecuentes incluyen heridas contaminadas o infectadas en las que un cierre primario atraparía bacterias bajo los bordes, heridas por mordedura con alto riesgo de infección (excepto las faciales, por su vascularización privilegiada), heridas con pérdida extensa de tejido (quemaduras profundas, avulsiones, úlceras crónicas) y heridas vistas tardíamente tras una ventana de tiempo en la que el cierre primario ya no se considera seguro. También se recurre a la segunda intención tras determinados procedimientos dermatológicos en los que el resultado estético del cierre espontáneo supera al de una sutura con tensión. La fase de inflamación es más intensa y prolongada que en la primera intención. La respuesta de neutrófilos y macrófagos se mantiene activa durante más días porque la superficie expuesta es mayor y el riesgo de colonización bacteriana, más alto. Esta inflamación sostenida explica que las heridas abiertas tarden semanas en cubrirse de tejido de granulación maduro, frente a los pocos días que necesita una incisión suturada. No siempre. En zonas de piel laxa y bien vascularizada la contracción puede reducir notablemente el tamaño de la cicatriz final. La cara, por ejemplo, ofrece resultados aceptables con segunda intención en ciertos defectos postquirúrgicos pequeños. En cambio, heridas en zonas de tensión elevada o sobre articulaciones tienden a producir cicatrices más anchas y, en ocasiones, contracturas que limitan la movilidad. Puede serlo, sobre todo durante las curas. La herida abierta expone terminaciones nerviosas y el cambio de apósitos genera estímulos nociceptivos que el paciente percibe con claridad. Un manejo adecuado del dolor y el uso de apósitos que mantengan el lecho húmedo sin adherirse minimizan esta molestia. Mantener un ambiente húmedo controlado en el lecho de la herida favorece la formación de tejido de granulación y la migración de queratinocitos. Evitar la desecación, garantizar un aporte nutricional adecuado (en particular proteínas y vitamina C) y controlar las comorbilidades que dificultan la cicatrización (diabetes, tabaquismo, insuficiencia venosa) son las medidas con mayor respaldo en la evidencia publicada. Si desea ampliar información, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cicatrización por segunda intención
El papel del tejido de granulación
Situaciones que requieren segunda intención
Preguntas frecuentes
¿La segunda intención produce siempre cicatrices grandes?
¿Es un proceso más doloroso que la primera intención?
¿Se puede acelerar la curación por segunda intención?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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