DICCIONARIO MÉDICO
Asomatognosia
La asomatognosia es una alteración neurológica en la que la persona pierde la conciencia de una parte de su propio cuerpo, generalmente una extremidad, pese a que la sensibilidad y la función motora pueden estar conservadas. Se observa con mayor frecuencia tras lesiones del hemisferio cerebral derecho, en particular del lóbulo parietal, y afecta de modo característico al hemicuerpo izquierdo. La asomatognosia es un trastorno de la conciencia corporal encuadrado dentro de las agnosias corporales. Quien la padece no percibe como propia una parte del cuerpo o, en los casos más acusados, ignora su existencia por completo: puede comportarse como si el brazo izquierdo, por ejemplo, no estuviese ahí. No se trata de un déficit sensitivo primario ni de una parálisis; el problema radica en la representación cerebral que el individuo construye de sí mismo. El término procede de tres raíces griegas: ἀ- (a-, privativo), σῶμα (sōma, "cuerpo") y γνῶσις (gnōsis, "conocimiento"), lo que resulta en un significado literal cercano a "ausencia de conocimiento del cuerpo". La noción médica se gestó en la neurología francesa de principios del siglo XX. Pierre Bonnier describió en 1905 lo que denominó aschématie, una sensación de que una parte del cuerpo había dejado de existir. Pocos años después, Henry Head y Gordon Holmes propusieron en 1911 el concepto de body schema (esquema corporal), la representación interna que el cerebro mantiene de la posición y la extensión del cuerpo en el espacio. Fue Macdonald Critchley quien, en su monografía de 1953 sobre los lóbulos parietales, sistematizó la asomatognosia como entidad clínica diferenciada y la definió como la impresión de que el propio cuerpo ha dejado de existir. Para que una persona reconozca sus extremidades como propias, el cerebro integra de forma continua señales procedentes de la sensibilidad táctil, la propiocepción, la visión y la información vestibular. Esa integración se lleva a cabo sobre todo en la corteza parietal posterior del hemisferio derecho, con participación de la unión temporoparietal y, según estudios más recientes, de regiones frontales mediales. Cuando una lesión interrumpe este proceso, la extremidad contralateral puede desaparecer de la percepción consciente. Conviene distinguir dos niveles. El esquema corporal es la representación sensoriomotora implícita que guía la acción; la imagen corporal, en cambio, alude a la percepción consciente y emocional del propio cuerpo. La asomatognosia compromete sobre todo el primero, aunque con frecuencia arrastra también al segundo (el paciente no solo deja de sentir la extremidad, sino que niega su pertenencia). El hemisferio derecho desempeña un papel dominante en la construcción de esa representación global, razón por la que los cuadros de asomatognosia se observan casi siempre tras lesiones derechas y afectan al hemicuerpo izquierdo. La variante más habitual es la hemiasomatognosia, en la que el paciente pierde la conciencia de todo un hemicuerpo. Es la forma que acompaña con más frecuencia a los ictus extensos de la arteria cerebral media derecha. Critchley la describió como la sensación de que no existe nada a la izquierda de la línea media del cuerpo. Existe también la llamada asomatognosia pura, limitada a la modalidad somestésica: la extremidad no se siente, pero si el paciente la mira puede reconocerla. En otros casos, la pérdida alcanza también al campo visual, lo que algunos autores han denominado asomatoscopia. Las fronteras entre estas formas no son rígidas y, en la práctica, un mismo paciente puede fluctuar de una a otra en el curso de pocos días. Cuando a la pérdida de conciencia de la extremidad se añade una atribución delirante (el paciente afirma, por ejemplo, que el brazo pertenece a otra persona o que es un objeto ajeno), el cuadro recibe el nombre de somatoparafrenia. Estudios de neuroimagen han mostrado que la somatoparafrenia se asocia a lesiones más extensas, con afectación orbitofrontal añadida a la temporoparietal. Varios trastornos del esquema corporal pueden confundirse con la asomatognosia si no se exploran de forma específica. Anosognosia. Es la falta de conciencia de un déficit neurológico. Un paciente con anosognosia puede negar que tiene una hemiplejía, pero no necesariamente desconoce la existencia de la extremidad afectada. Ambos cuadros coexisten con frecuencia tras lesiones parietales derechas; sin embargo, la anosognosia puede aparecer también en lesiones izquierdas (por ejemplo, la anosognosia de la afasia) y en enfermedades neurodegenerativas. Autotopagnosia. Aquí el paciente tiene dificultades para localizar o señalar partes del cuerpo cuando se le pide, pero no llega a negarlas ni a ignorarlas. Las lesiones responsables suelen ubicarse en el hemisferio izquierdo, justo al revés que en la asomatognosia. El matiz es relevante: la autotopagnosia afecta a la representación espacial de las partes corporales, no al sentimiento de pertenencia. Heminegligencia espacial. Consiste en ignorar estímulos del espacio contralateral a la lesión. Puede acompañar a la asomatognosia, pero es un fenómeno más amplio que no se restringe al propio cuerpo: el paciente también desatiende objetos, personas y sonidos situados en ese lado. Del griego ἀ- (privativo), σῶμα ("cuerpo") y γνῶσις ("conocimiento"). Literalmente vendría a significar "desconocimiento del cuerpo". El concepto se consolidó en la neurología europea de la primera mitad del siglo XX, y fue Macdonald Critchley quien en 1953 lo definió con precisión clínica en su obra sobre los lóbulos parietales. No. La asomatognosia implica que la persona no reconoce una parte de su cuerpo como propia o ni siquiera percibe su existencia. La anosognosia, en cambio, se refiere a la falta de conciencia de un déficit neurológico concreto, como una parálisis o una pérdida de visión. Es frecuente que coincidan en un mismo paciente tras un ictus del hemisferio derecho, pero son fenómenos distintos. Un paciente puede tener anosognosia sin asomatognosia, y al revés. Sí. Tras ictus o traumatismos de extensión limitada se han descrito casos en los que la asomatognosia remite en días o semanas, a medida que la plasticidad cerebral y la resolución del edema permiten recuperar la integración sensorial. La evolución depende del tamaño y la localización de la lesión. Habitualmente, no. La superposición con la anosognosia es muy frecuente, de modo que el paciente no solo ignora la extremidad, sino que tampoco reconoce que la ignora. Esto dificulta la colaboración en las fases iniciales de cualquier proceso de recuperación funcional. Si desea profundizar en conceptos asociados a la asomatognosia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la asomatognosia
El esquema corporal y su alteración
Formas clínicas
Diferenciación con entidades próximas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra asomatognosia?
¿Es lo mismo asomatognosia que anosognosia?
¿Se puede tener asomatognosia de forma transitoria?
¿La persona con asomatognosia es consciente de su problema?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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