DICCIONARIO MÉDICO
Artralgia
La artralgia es el dolor percibido en una o varias articulaciones sin que existan, en el momento de la exploración, signos objetivos de inflamación como tumefacción, enrojecimiento o aumento de temperatura local. Constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en atención primaria y en reumatología. El término procede de dos raíces griegas: ἄρθρον (árthron, articulación) y ἄλγος (álgos, dolor). La construcción es paralela a la de otros compuestos del vocabulario médico del dolor: neuralgia (dolor de un nervio), coxalgia (dolor de la cadera), gonalgia (dolor de la rodilla). Todas comparten el sufijo -algia, que en griego médico indicaba exclusivamente la percepción dolorosa, sin prejuzgar su causa. Conviene tener presente que la artralgia es un síntoma, no una enfermedad. El paciente refiere dolor, pero la exploración no muestra los signos cardinales de la inflamación articular. Esa ausencia de signos objetivos es precisamente lo que la separa de la artritis, donde sí se detectan tumefacción, calor o derrame sinovial. La frontera, en la práctica clínica, no siempre es nítida: una artralgia mantenida durante semanas puede ser el pródromo de una artritis incipiente que todavía no ha dado la cara con signos inflamatorios francos. Las articulaciones contienen terminaciones nerviosas nociceptivas en la cápsula, los ligamentos, el periostio del hueso subcondral y la membrana sinovial. El cartílago articular, en cambio, carece de inervación sensitiva (razón por la que una degeneración cartilaginosa incipiente puede progresar sin dolor hasta que el proceso afecta a las estructuras vecinas). Cuando estímulos mecánicos, metabólicos o bioquímicos activan esos nociceptores sin producir la cascada inflamatoria completa, el resultado clínico es dolor articular sin signos externos: artralgia pura. Entre los mecanismos capaces de generar artralgia sin inflamación visible figuran la sobrecarga mecánica repetida, los microtraumatismos del hueso subcondral, las alteraciones de la presión intraarticular y la sensibilización central del dolor. Este último fenómeno, descrito sobre todo en pacientes con artrosis avanzada y en síndromes de dolor crónico, explica que el paciente sienta dolor articular incluso cuando la articulación está en reposo y sin carga. En la práctica clínica se utiliza una clasificación sencilla que orienta el razonamiento clínico. La monoartralgia afecta a una sola articulación y suele hacer pensar en un origen traumático, mecánico o, si es de aparición brusca, microcristalino. La oligoartralgia (entre dos y cuatro articulaciones) es frecuente en procesos reactivos y en algunas espondiloartropatías. Cuando el dolor se extiende a cinco articulaciones o más se habla de poliartralgia. En este caso conviene valorar si la distribución es simétrica o asimétrica, si predomina en articulaciones grandes o pequeñas, y si se acompaña de rigidez matutina prolongada, porque esos patrones apuntan a etiologías distintas. Una poliartralgia simétrica de pequeñas articulaciones con rigidez matutina de más de treinta minutos es sospechosa de proceso autoinmune, mientras que una poliartralgia asimétrica de grandes articulaciones tras un episodio infeccioso sugiere un origen reactivo. La distinción entre artralgia y artritis es clínica, no etimológica. La artralgia se define por la presencia de dolor y la ausencia de signos inflamatorios objetivables. La artritis añade al dolor al menos uno de estos hallazgos: tumefacción articular, aumento de temperatura local, enrojecimiento cutáneo, limitación funcional por derrame o rigidez matutina prolongada. En la exploración, la maniobra más útil para diferenciarlas es la palpación de las interlíneas articulares buscando engrosamiento sinovial o fluctuación. El dolor por sí solo no basta para hablar de artritis. Del griego ἄρθρον (árthron, articulación) y ἄλγος (álgos, dolor). Es un compuesto antiguo que ya aparece en textos médicos griegos tardíos, aunque su uso sistemático en la literatura clínica moderna se consolidó durante el siglo XIX, cuando la semiología reumatológica empezó a distinguir formalmente entre dolor articular sin inflamación y artritis propiamente dicha. No. La artralgia es dolor articular sin signos inflamatorios. La artritis implica inflamación demostrable. Sin embargo, una artralgia persistente puede ser la fase inicial de una artritis que aún no ha desarrollado sus signos completos. Sí. El cartílago articular no tiene terminaciones nerviosas, así que no genera dolor por sí mismo. El dolor procede de las estructuras vecinas: cápsula articular, ligamentos, periostio, membrana sinovial. Una sobrecarga mecánica, un aumento de presión intraarticular o un microtraumatismo pueden activar los nociceptores de esas estructuras sin que el cartílago haya sufrido daño alguno. En general, cuando el dolor persiste más de cuatro a seis semanas, cuando afecta a varias articulaciones de forma simétrica, cuando se acompaña de rigidez matutina superior a treinta minutos o cuando aparece junto con fiebre, pérdida de peso o malestar general. Cualquiera de esos datos puede indicar que la artralgia forma parte de un proceso sistémico que requiere estudio. Si desea profundizar en conceptos asociados a la artralgia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la artralgia
Por qué duele una articulación sin estar inflamada
Clasificación según el número de articulaciones afectadas
Diferenciación con la artritis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra artralgia?
¿Es lo mismo artralgia que artritis?
¿Puede doler una articulación si el cartílago está sano?
¿Cuándo debería preocupar una artralgia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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