DICCIONARIO MÉDICO
Antibacteriano
Un antibacteriano es cualquier sustancia o agente capaz de destruir bacterias o de impedir su crecimiento y multiplicación. El término abarca un abanico más amplio que el de antibiótico, ya que incluye no solo fármacos de uso clínico sino también desinfectantes, antisépticos y compuestos de síntesis química sin origen biológico. El adjetivo «antibacteriano» se forma a partir del prefijo griego ἀντί (antí, «contra») y el sustantivo bacteria, que procede del griego βακτηρία (baktēría, «bastón, vara»), una imagen que alude a la forma alargada de los primeros microorganismos observados al microscopio. Christian Gottfried Ehrenberg utilizó el término Bacterium en 1828 para nombrar un género de organismos unicelulares, y el sufijo -ano denota relación o pertenencia en la terminología química y farmacológica. En la práctica médica, se emplea «antibacteriano» como sinónimo de «antibiótico» con bastante frecuencia, pero en sentido estricto las dos palabras no coinciden del todo. Según el Manual MSD en su versión para profesionales, la voz «antibiótico» debería reservarse para las sustancias antimicrobianas de origen natural o semisintético producidas por hongos o bacterias, mientras que «antibacteriano» engloba también los compuestos totalmente sintéticos (las sulfonamidas, por ejemplo, que Gerhard Domagk introdujo en la terapéutica en 1935 a partir de un colorante industrial). No obstante, fuera de los textos de farmacología, la distinción se ha ido desdibujando y ambos vocablos se usan de forma intercambiable. Los agentes antibacterianos pueden clasificarse según el resultado que producen en la población bacteriana. Un bactericida provoca la muerte celular de forma directa; un bacteriostático detiene la multiplicación sin destruir las células, de modo que el sistema inmunitario del paciente debe completar la eliminación del germen. La frontera entre ambas categorías no es absoluta: la misma molécula puede comportarse como bacteriostática a concentraciones bajas y como bactericida a concentraciones más elevadas, o variar de efecto según la especie bacteriana sobre la que actúe. Desde el punto de vista de la diana molecular, los antibacterianos actúan sobre estructuras que la célula bacteriana posee y las células humanas no (o poseen en una forma lo suficientemente diferente como para que el fármaco no las dañe). La pared celular, los ribosomas 70S, la maquinaria de replicación del ADN bacteriano o la vía metabólica del ácido fólico son algunos de esos blancos. Esa selectividad explica por qué un antibacteriano puede eliminar una infección sin destruir las células del organismo que lo alberga, aunque el margen de seguridad varía según el fármaco y la dosis. Conviene recordar que el concepto de antibacteriano no se limita al ámbito de los fármacos. Los antisépticos aplicados sobre la piel (povidona yodada, clorhexidina) y los desinfectantes empleados en superficies hospitalarias son también agentes antibacterianos en sentido amplio. La asepsia quirúrgica, tal como Joseph Lister la concibió en la década de 1860, nació precisamente de la aplicación de un antibacteriano (el ácido fénico) sobre el campo operatorio. No se trataba de un antibiótico, puesto que el ácido fénico es un producto químico de síntesis, pero sí era un antibacteriano en toda regla. Del griego ἀντί (antí, «contra») y βακτηρία (baktēría, «bastón»), en referencia a la forma alargada de las primeras bacterias descritas. El sufijo -ano se incorporó por analogía con otros adjetivos de la terminología química. No del todo. Todo antibiótico es antibacteriano, pero no todo antibacteriano es un antibiótico. Los jabones con clorhexidina o los desinfectantes hospitalarios matan bacterias y, sin embargo, nadie los clasificaría como antibióticos. El bactericida destruye las bacterias directamente. El bacteriostático les impide multiplicarse, pero no las mata; el sistema inmunitario del paciente se encarga de eliminarlas. En la práctica, un mismo agente puede ser bactericida o bacteriostático dependiendo de la concentración que alcance en el tejido infectado y de la especie bacteriana de que se trate. Sí. La lisozima, una enzima presente en la saliva, las lágrimas y la secreción nasal, fue descrita por Alexander Fleming en 1922 (seis años antes de su hallazgo de la penicilina) y es capaz de degradar la pared celular de ciertas bacterias grampositivas. Péptidos antimicrobianos como las defensinas forman parte del arsenal natural del sistema inmunitario innato. Si desea profundizar en conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antibacteriano
Modos de acción sobre la célula bacteriana
Antibacterianos fuera de la farmacología clínica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «antibacteriano»?
¿Es lo mismo antibacteriano que antibiótico?
¿Qué diferencia hay entre un efecto bactericida y uno bacteriostático?
¿Existen antibacterianos naturales?
Referencias
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