DICCIONARIO MÉDICO
Anquilostomiasis
La anquilostomiasis es una infección intestinal causada por unos gusanos parásitos llamados anquilostomas, sobre todo Ancylostoma duodenale y Necator americanus. Los gusanos se fijan a la pared del intestino delgado y se alimentan de la sangre de la mucosa. Cuando la infección se prolonga, esa pérdida continuada agota el hierro del organismo, y por eso su rasgo más conocido es la anemia. Se la conoce también como uncinariasis, anemia tropical o, por su historia, anemia de los mineros. Es una de las infecciones crónicas más extendidas del planeta. Se trata de una parasitosis del intestino delgado provocada por nematodos de la familia de los anquilostomas. En el ser humano, casi toda la carga corresponde a dos especies: Ancylostoma duodenale, del género Ancylostoma, y Necator americanus. Ambos gusanos hacen lo mismo una vez dentro: se anclan a la mucosa y extraen sangre de forma continua. Ahí reside el mecanismo de la enfermedad. Un gusano solo consume una cantidad mínima de sangre, pero las infecciones intensas reúnen decenas o cientos de ejemplares que, mes tras mes, drenan al organismo. El cuerpo pierde hierro más deprisa de lo que puede reponerlo, y aparece una anemia ferropénica que, en los cuadros más intensos, se acompaña de desnutrición. La anquilostomiasis pertenece al grupo de las geohelmintiasis, las infecciones por gusanos que necesitan pasar una etapa madurando en el suelo antes de volver a infectar. El término procede de ankýlos, curvado o en forma de gancho, y stóma, boca, en griego, por la boca dentada con la que el gusano se agarra al intestino. El sinónimo uncinariasis nace del latín uncinus, garfio pequeño, y apunta a la misma idea. Los otros nombres son geográficos e históricos: anemia tropical, por las regiones donde predomina, y anemia de los mineros, por el ámbito en el que se identificó en Europa. Es una infección de alcance global. Se calcula que unos setecientos cuarenta millones de personas la padecen, la mayoría en las zonas cálidas y húmedas de los trópicos y subtrópicos, donde el suelo mantiene con vida a las larvas durante buena parte del año. Detrás de esa distribución hay un patrón social: prospera donde falta el saneamiento, donde las heces contaminan la tierra y donde se camina descalzo. Los niños figuran entre los más perjudicados, porque la pérdida sostenida de hierro coincide con las etapas de crecimiento. En España es hoy una enfermedad importada, ligada a los movimientos migratorios y a los viajes a áreas endémicas. Suele plantearse ante una anemia por falta de hierro acompañada de un aumento de eosinófilos en una persona procedente de una zona donde el parásito es frecuente. La eosinofilia, esa elevación de un tipo concreto de glóbulos blancos, es una pista habitual de las infecciones por helmintos. El nombre tiene raíces en la Europa del siglo XIX. En 1838, el médico italiano Angelo Dubini encontró el gusano en la autopsia de una mujer en Milán y lo describió pocos años después. La conexión con la enfermedad llegó durante la construcción del túnel ferroviario de San Gotardo, en los Alpes, cuando el veterinario Edoardo Perroncito demostró que la anemia que diezmaba a los obreros la causaba aquel parásito. El calor, la humedad y la acumulación de excrementos en las galerías creaban el ambiente perfecto para las larvas. De aquella época quedaron los nombres. Se la llamó anemia gotardiana, anemia de los túneles y, sobre todo, anemia de los mineros. En España fue un problema real de la minería de finales del siglo XIX y principios del XX, hasta el punto de motivar disposiciones oficiales para combatirla en los pozos. Con la mejora del saneamiento, el cuadro desapareció del paisaje minero europeo. Conviene no confundir la anquilostomiasis con la larva migrans cutánea. Esta última la producen anquilostomas de perros y gatos, como Ancylostoma braziliense, cuyas larvas penetran la piel humana pero no maduran ni llegan al intestino. El resultado es una erupción que avanza por la superficie de la piel, no una infección intestinal ni una anemia. Una afecta al intestino; la otra se queda en la piel. Alude a la boca del gusano. Se forma con el griego ankýlos, curvado o en gancho, y stóma, boca, la cápsula dentada con la que el parásito se sujeta al intestino. Uncinariasis, su sinónimo, recoge la misma imagen desde el latín uncinus, garfio. Porque los gusanos se alimentan de sangre de la pared intestinal. En una infección intensa y prolongada, esa pérdida continua consume las reservas de hierro más rápido de lo que el cuerpo las repone, y se instala una anemia ferropénica. No. La anquilostomiasis es una infección intestinal por anquilostomas humanos. La larva migrans cutánea la causan anquilostomas de perros y gatos que solo alcanzan la piel. Comparten familia de gusanos, pero afectan a órganos distintos. Como enfermedad autóctona, apenas. Fue frecuente en la minería hasta comienzos del siglo XX y prácticamente desapareció con el saneamiento. Los casos actuales son en su mayoría importados, en personas que han vivido o viajado a zonas tropicales donde el parásito sigue siendo común. Para comprender mejor la anquilostomiasis, puede consultar:Qué es la anquilostomiasis
De dónde viene el nombre
A quién afecta
La anemia de los mineros
Qué no es
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la palabra anquilostomiasis?
¿Por qué causa anemia?
¿Es lo mismo que la larva migrans cutánea?
¿Existe la anquilostomiasis en España?
Referencias
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