DICCIONARIO MÉDICO
Anergia
La anergia es, en su acepción inmunológica, la ausencia de respuesta del sistema inmunitario frente a un antígeno que en condiciones normales debería provocar una reacción defensiva. En psiquiatría se emplea también para describir una reducción marcada de la energía física y mental que va más allá del cansancio habitual. Del griego ἀν- (an-, prefijo privativo) y ἔργον (érgon, «trabajo»), el término comparte parentesco etimológico con «energía» (ἐνέργεια, «actividad»). Su sentido literal apunta a la ausencia de actividad o de capacidad de acción. Entró en el vocabulario médico a finales del siglo XIX ligado a las primeras descripciones de la respuesta inmunitaria, aunque su significado se fue bifurcando con el tiempo: por un lado, el uso inmunológico estricto; por otro, el uso psiquiátrico más laxo que designa una falta generalizada de vitalidad. En inmunología, la anergia designa un estado funcional en el que un linfocito T o B reconoce su antígeno pero no es capaz de montar una respuesta eficaz: no prolifera, no secreta citocinas y no diferencia en célula efectora. La célula sigue viva; lo que se ha apagado es su programa de activación. Este «silenciamiento selectivo» constituye uno de los mecanismos de la tolerancia inmunitaria periférica, la red de controles que impide que los linfocitos maduros ataquen tejidos propios del organismo. Para que un linfocito T se active plenamente necesita dos señales simultáneas: la primera, el reconocimiento del antígeno presentado por una célula presentadora en el contexto del complejo principal de histocompatibilidad; la segunda, una señal coestimuladora que confirme que el encuentro tiene relevancia para la defensa. Si la primera señal llega sin la segunda, el linfocito entra en anergia en lugar de activarse. Es un cortocircuito intencionado: el sistema interpreta que un antígeno presentado sin «alarma» probablemente es propio y no merece una respuesta agresiva. Cuando este mecanismo falla y los linfocitos autorreactivos escapan al silenciamiento, el resultado puede ser una enfermedad autoinmune. A la inversa, algunos tumores y ciertos patógenos crónicos aprovechan la vía de la anergia para evadir la vigilancia inmunitaria, induciendo en los linfocitos que los reconocen un estado de inactividad funcional que favorece su persistencia. En la práctica clínica, «anergia» se usa con frecuencia para describir la ausencia de reacción en las pruebas cutáneas de hipersensibilidad retardada. Un individuo anérgico no desarrolla la induración esperada tras la administración intradérmica de antígenos de recuerdo (como la tuberculina). Esa falta de respuesta cutánea refleja, en la mayoría de los casos, una depresión del brazo celular de la inmunidad y puede observarse en situaciones muy diversas: infecciones que comprometen gravemente los linfocitos T, neoplasias avanzadas, desnutrición grave o inmunodeficiencias tanto primarias como adquiridas. Fuera de la inmunología, la psiquiatría ha adoptado el término para referirse a una disminución profunda de la energía y la iniciativa que va más allá de la fatiga corriente. Se observa, por ejemplo, en los episodios depresivos mayores y en las formas deficitarias de la esquizofrenia. Conviene no confundirla con la astenia (cansancio o debilidad generalizada), la apatía (pérdida de motivación e interés) ni la abulia (incapacidad de iniciar o sostener la voluntad), aunque en la práctica estas cuatro experiencias se solapan con frecuencia y pueden coexistir en un mismo paciente. Del griego ἀν- («sin») y ἔργον («trabajo», «actividad»), la misma raíz que comparte con «energía» (ἐνέργεια). En medicina se documenta desde finales del siglo XIX, primero en el contexto de la respuesta inmunitaria y después, ya en el siglo XX, en psiquiatría para designar la falta de vitalidad. No. La anergasia es un término histórico acuñado por Adolf Meyer a principios del siglo XX dentro de su sistema clasificatorio (la ergasiología) para los trastornos mentales de causa orgánica cerebral. La anergia, en cambio, tiene un uso vigente en dos campos: la inmunología, donde designa la falta de respuesta linfocitaria, y la psiquiatría, donde describe una reducción patológica de la energía. Depende del contexto. En inmunología, la anergia clonal de los linfocitos frente a antígenos propios es un mecanismo normal de autotolerancia; en ese sentido, todos los individuos sanos son «anérgicos» frente a sus propios tejidos. Lo que resulta patológico es la anergia frente a antígenos contra los cuales el organismo debería defenderse. Si desea profundizar en conceptos vinculados a la anergia y la respuesta inmunitaria, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la anergia
Anergia en inmunología
Anergia cutánea
Uso en psiquiatría
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra anergia?
¿Es lo mismo anergia que anergasia?
¿Se puede tener anergia sin estar enfermo?
Referencias
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