DICCIONARIO MÉDICO

Ambivalencia

La ambivalencia designa la coexistencia de emociones, actitudes o impulsos opuestos dirigidos hacia una misma persona, objeto o situación. El psiquiatra suizo Eugen Bleuler acuñó el término en 1911 para describir uno de los rasgos nucleares de la esquizofrenia, y desde entonces el concepto ha trascendido la psicopatología hasta incorporarse al vocabulario psicológico general.

Qué es la ambivalencia

En su acepción clínica, la ambivalencia consiste en experimentar de forma simultánea dos estados afectivos o cognitivos contradictorios ante el mismo estímulo, sin que uno de ellos logre imponerse sobre el otro. Quien la vive percibe, por ejemplo, amor y rechazo hacia la misma persona, o deseo y temor ante una misma decisión, y esa tensión puede mantenerse durante segundos, horas o periodos mucho más prolongados.

El vocablo procede del alemán Ambivalenz, formado a partir del latín ambi- ("por ambos lados") y valentia ("fuerza, vigor"): dos fuerzas que tiran en direcciones contrarias. Bleuler lo introdujo en su monografía Dementia Praecox oder Gruppe der Schizophrenien (1911), donde clasificó la ambivalencia como uno de los rasgos primarios del grupo de las esquizofrenias, junto con las alteraciones de las asociaciones, la afectividad y el autismo. Esa tétrada se conoce, en la tradición psiquiátrica, como "las cuatro A de Bleuler".

En español, la primera documentación léxica del término aparece en el Diccionario de Ciencias Médicas de Cardenal (1945), según recoge el Tesoro de los diccionarios históricos de la RAE. La Real Academia Española lo define hoy como "estado de ánimo, transitorio o permanente, en el que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos, como el amor y el odio".

Las tres modalidades descritas por Bleuler

Bleuler no habló de la ambivalencia como fenómeno unitario. Distinguió tres modalidades que, según él, podían presentarse de forma aislada o combinada en un mismo paciente.

La ambivalencia afectiva es la más reconocible: consiste en albergar emociones antagónicas hacia el mismo objeto. Un paciente puede expresar ternura y hostilidad hacia un familiar en la misma frase, sin percibir la contradicción. Bleuler citaba casos en los que el enfermo declaraba querer profundamente a su madre y, acto seguido, formulaba deseos de hacerle daño, todo ello con aparente indiferencia ante la incompatibilidad de ambas afirmaciones. El sinónimo clásico de esta variante es ambitimia, aunque el término apenas se emplea ya fuera de la literatura psicopatológica histórica.

Sostener creencias o juicios mutuamente excluyentes sobre el mismo asunto configura lo que Bleuler denominó ambivalencia intelectual. "Soy viejo y soy joven" o "estoy en esta ciudad, pero no estoy en esta ciudad" son ejemplos que proceden de la casuística clásica recogida por Honorio Delgado. No se trata de metáforas: el paciente mantiene ambas proposiciones con idéntica convicción.

Existe una tercera forma, la ambivalencia volitiva, que afecta a la capacidad de decidir y actuar. La persona inicia un gesto y lo interrumpe; quiere levantarse de la silla y permanecer sentada al mismo tiempo. En la catatonía esquizofrénica se describieron casos en los que el paciente elevaba la mano a medio camino en respuesta a una orden y la mantenía inmóvil, incapaz de completar o abandonar el movimiento. Esa parálisis no obedece a falta de comprensión, sino a la coexistencia de dos voluntades opuestas.

De la psicopatología al vocabulario general

Sigmund Freud adoptó el término poco después de su aparición. Para el psicoanálisis, la ambivalencia no era solo un rasgo patológico: formaba parte del desarrollo afectivo normal, particularmente visible en las relaciones del niño con las figuras parentales. Freud la consideraba constitutiva de la neurosis obsesiva y del duelo complicado (lo que él llamó "melancolía"), donde el sujeto oscila entre el apego al objeto perdido y la rabia hacia él.

Con el tiempo, el concepto se fue desprendiendo de sus ataduras nosológicas. La psicología social, la investigación sobre actitudes y la teoría de la decisión lo incorporaron para describir fenómenos cotidianos: la persona que quiere dejar de fumar, pero disfruta del cigarrillo; el profesional que desea un ascenso, pero teme la responsabilidad que conlleva. No hay patología en esas situaciones. La diferencia entre la ambivalencia normal y la patológica radica en la intensidad, la duración y, sobre todo, en si el sujeto percibe o no la contradicción. En la esquizofrenia, según la formulación original de Bleuler, el paciente puede mantener las dos posiciones sin advertir que se excluyen mutuamente; en la vida cotidiana, quien siente ambivalencia suele ser muy consciente de ella, y esa conciencia es precisamente lo que genera malestar.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra ambivalencia?

Del alemán Ambivalenz, acuñado por el psiquiatra suizo Eugen Bleuler hacia 1910-1911 combinando el prefijo latino ambi- ("por ambos lados") con valentia ("fuerza"). La imagen es transparente: dos fuerzas que arrastran en sentidos contrarios. En español se documentó por primera vez en 1945.

¿Es lo mismo ambivalencia que indecisión?

No exactamente. La indecisión puede deberse a falta de información, inseguridad o simple pereza; la ambivalencia implica que existen dos impulsos definidos y opuestos, ambos con fuerza suficiente para reclamar la conducta del sujeto. Se puede ser indeciso sin ser ambivalente, y a la inversa: hay personas que saben perfectamente lo que quieren y lo que rechazan de una misma situación, y eso las paraliza más que la ignorancia.

¿Sentir ambivalencia es siempre patológico?

No. Experimentar emociones contradictorias ante situaciones complejas es una respuesta habitual del psiquismo humano. La ambivalencia se convierte en dato clínico relevante cuando es extrema, persistente o cuando el sujeto no percibe la contradicción entre los dos estados que mantiene, como ocurre en ciertos trastornos psicóticos.

¿Por qué Bleuler consideró la ambivalencia un rasgo de la esquizofrenia?

Bleuler observó que muchos pacientes con esquizofrenia presentaban una fragmentación del afecto que les permitía albergar emociones, creencias o voluntades incompatibles sin registrar conflicto interno. Esa falta de tensión ante la contradicción, que en una persona sana sería fuente de angustia, le pareció reveladora de la escisión (en griego, σχίζειν, schízein) que daba nombre a la enfermedad. Con los años, la investigación ha matizado esa asociación: la ambivalencia elevada se observa también en trastornos del estado de ánimo y no figura ya como criterio específico en los manuales clasificatorios actuales.

¿Se relaciona la ambivalencia con la abulia?

Son conceptos distintos, aunque pueden solaparse. La abulia es la pérdida de voluntad o motivación para actuar; la ambivalencia volitiva, en cambio, implica que la voluntad existe, pero se desdobla en dos direcciones opuestas. Un paciente abúlico no quiere nada; un paciente ambivalente quiere dos cosas incompatibles al mismo tiempo.

Referencias

  1. Real Academia Española. Ambivalencia. Diccionario de la lengua española.
  2. American Psychological Association. Ambivalence. APA Dictionary of Psychology.
  3. Barnhill JW. Esquizofrenia. Manual MSD, versión para profesionales.
  4. National Institute of Mental Health. Schizophrenia.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la ambivalencia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Esquizofrenia: trastorno psicótico crónico caracterizado por alteraciones del pensamiento, la percepción y la conducta, descrito originalmente por Bleuler en 1911.
  • Afectividad: conjunto de estados emocionales y sentimientos que configuran la vida anímica de la persona.
  • Abulia: pérdida o disminución de la voluntad para iniciar y sostener acciones dirigidas a un fin.
  • Apatía: reducción de la motivación y del interés por el entorno, frecuente en trastornos neurológicos y psiquiátricos.
  • Afecto: expresión observable de las emociones, evaluada en la exploración psiquiátrica.
  • Alexitimia: dificultad para identificar y describir las propias emociones.
  • Psicoanálisis: método terapéutico y cuerpo teórico fundado por Freud que incorporó la ambivalencia como concepto central.

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