DICCIONARIO MÉDICO
Aglutinógeno
Un aglutinógeno es un antígeno presente en la membrana del eritrocito (u otra célula) que, al ser reconocido por la aglutinina correspondiente del suero, desencadena la aglutinación. Los aglutinógenos más conocidos son los del sistema ABO (A y B) y los del sistema Rh. El término lo introdujo Karl Landsteiner en los primeros años del siglo XX, cuando describió que los glóbulos rojos de distintos individuos portaban sustancias capaces de reaccionar con los anticuerpos del suero ajeno. A esas sustancias las llamó aglutinógenos, reservando el nombre de aglutininas para los anticuerpos del plasma. La palabra se forma con el latín agglutināre («pegar», «encolar») y el sufijo griego -γενής (-genḗs), «que produce» o «que genera», porque en la terminología de la época se entendía que el aglutinógeno era la sustancia que «generaba» o «provocaba» la aglutinación al entrar en contacto con el suero incompatible. Conviene no dejarse confundir por esa etimología. Desde el punto de vista inmunológico, el aglutinógeno no aglutina por sí mismo: es la diana, no el agente. Quien ejecuta la aglutinación es la aglutinina (el anticuerpo), que puentea células vecinas al unirse simultáneamente a aglutinógenos de eritrocitos distintos. La propia RAE recoge una definición ambigua («sustancia que produce aglutinación»), pero en el uso médico consolidado el aglutinógeno es siempre el antígeno de la superficie celular, no el anticuerpo que lo reconoce. El ejemplo canónico es el sistema de grupos sanguíneos ABO. Los eritrocitos del grupo A llevan en su membrana el aglutinógeno A, que es un oligosacárido cuya última azúcar es la N-acetilgalactosamina, añadida por una enzima transferasa codificada en el cromosoma 9. Los del grupo B portan el aglutinógeno B, cuya azúcar terminal es la galactosa. En las personas del grupo AB coexisten ambos aglutinógenos, mientras que en las del grupo O la transferasa es inactiva y el antígeno queda sin modificar, conservando la estructura precursora conocida como antígeno H. Cada individuo posee en su plasma las aglutininas dirigidas contra los aglutinógenos que no lleva en sus propios hematíes. Una persona del grupo A, por tanto, tiene aglutininas anti-B; una del grupo B tiene anti-A; la del grupo O tiene ambas. La del grupo AB no tiene ninguna. Esta regla, que parece un juego de simetrías, es la base de toda la medicina transfusional y fue precisamente lo que Landsteiner descubrió. Más allá del ABO, se han identificado más de trescientos antígenos eritrocitarios agrupados en más de cuarenta sistemas de grupos sanguíneos. El más relevante tras el ABO es el sistema Rh, cuyo antígeno principal (el aglutinógeno D) determina la clasificación Rh positivo o Rh negativo. Los anticuerpos anti-D no existen de forma natural en el plasma, lo que los separa de las aglutininas del ABO: solo aparecen tras una exposición previa, como una transfusión de sangre Rh positiva a un receptor Rh negativo o el paso de hematíes fetales Rh positivos a la circulación de una madre Rh negativa durante el embarazo. En la literatura actual, el vocablo «aglutinógeno» se emplea cada vez menos fuera del contexto pedagógico. La inmunología contemporánea prefiere hablar de «antígenos eritrocitarios de superficie» o, más específicamente, de «antígenos de grupo sanguíneo», porque la palabra aglutinógeno arrastra la ambigüedad de su sufijo y porque no todos los antígenos eritrocitarios provocan necesariamente aglutinación: algunos activan el complemento y causan hemólisis directa, sin que llegue a formarse ningún grumo visible. El aglutinógeno es el antígeno completo de la membrana celular; el epítopo, en cambio, es la porción concreta de ese antígeno que reconoce el anticuerpo. Un mismo aglutinógeno puede contener varios epítopos distintos, cada uno capaz de unirse a anticuerpos diferentes. En el caso del aglutinógeno A, por ejemplo, las variantes A₁ y A₂ difieren en la densidad de epítopos expuestos, lo que explica que algunos sueros anti-A reaccionen con intensidad frente a eritrocitos A₁ pero apenas aglutinen los A₂. Del latín agglutināre, «pegar», y el griego -γενής (-genḗs), «que produce». Landsteiner la acuñó a principios del siglo XX para nombrar los antígenos de la membrana del glóbulo rojo que reaccionaban con los anticuerpos del suero. En la práctica, sí. «Aglutinógeno» es el término clásico que empleó Landsteiner y que sigue presente en los libros de fisiología. La inmunología actual tiende a sustituirlo por «antígeno eritrocitario de superficie» o «antígeno de grupo sanguíneo», expresiones más descriptivas y menos ambiguas. No en condiciones normales. Los aglutinógenos ABO y Rh están determinados genéticamente y se expresan en la membrana del eritrocito de forma estable a lo largo de toda la vida. Se han documentado cambios aparentes del grupo sanguíneo tras un trasplante de médula ósea, porque los nuevos eritrocitos proceden del donante y expresan los aglutinógenos de este, pero se trata de una situación muy poco frecuente. Si desea profundizar en conceptos asociados al aglutinógeno, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el aglutinógeno
Los aglutinógenos del sistema ABO
El sistema Rh y otros aglutinógenos eritrocitarios
Diferenciación con el epítopo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra aglutinógeno?
¿El aglutinógeno y el antígeno eritrocitario son lo mismo?
¿Puede cambiar el grupo sanguíneo de una persona?
Referencias
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