DICCIONARIO MÉDICO
Agitación
La agitación es un estado de excitación emocional y motora que cursa con inquietud, irritabilidad, tensión interna y, en ocasiones, conducta desorganizada. Puede aparecer en el curso de trastornos psiquiátricos, enfermedades neurológicas, alteraciones metabólicas, intoxicaciones o síndromes de abstinencia. Su forma más intensa recibe el nombre de agitación psicomotriz. En el lenguaje clínico, agitación designa un estado en el que la persona experimenta una activación emocional y corporal que escapa de su control voluntario. No constituye una categoría nosológica propia, sino un signo observable que acompaña a cuadros muy diversos: desde una crisis de ansiedad hasta un delirium por fallo orgánico. La Real Academia Española recoge, en su segunda acepción, una definición breve pero precisa: «trastorno emotivo que se caracteriza por una hiperactividad corporal desordenada y confusa». El vocablo procede del latín agitātĭo, -ōnis, sustantivo derivado de agitāre, que es a su vez un frecuentativo de agĕre («hacer», «poner en movimiento»). Agitāre transmitía la idea de mover algo con insistencia, de sacudir repetidamente, y ya en textos latinos tardíos se aplicó al ánimo perturbado. El castellano lo incorporó temprano: el Tesoro de los diccionarios históricos de la RAE documenta usos de «agitación» referidos al cuerpo y al estado emocional al menos desde el siglo XVII. Uno de los rasgos que complican la valoración de la agitación es que puede obedecer a causas radicalmente distintas. En el ámbito psiquiátrico, acompaña con frecuencia a los episodios maníacos del manía, a los brotes de esquizofrenia y a ciertas formas graves de ansiedad. El paciente con psicosis activa puede mostrar agitación intensa sin que exista ninguna alteración orgánica detectable. Fuera de la psiquiatría, la lista se alarga. Cuadros metabólicos como la hipoglucemia, el hipertiroidismo o la encefalopatía hepática producen agitación a través de mecanismos completamente diferentes. La abstinencia de alcohol, sobre todo en el delirium tremens, es probablemente una de las formas más conocidas de agitación de causa orgánica. También las intoxicaciones por estimulantes, ciertos fármacos anticolinérgicos y las reacciones adversas a corticoides pueden desencadenar cuadros indistinguibles, a primera vista, de una crisis psiquiátrica primaria. La edad modifica el perfil. En el anciano hospitalizado, la agitación suele ser la primera señal de un delirium y requiere descartar causas tratables (infección urinaria, deshidratación, dolor no verbalizado) antes de atribuirla a un origen psiquiátrico. En el niño, las situaciones de estrés agudo o la fiebre alta bastan para producir episodios breves que ceden sin consecuencias. Varios estados comparten rasgos con la agitación pero responden a mecanismos distintos. La acatisia produce una necesidad imperiosa de moverse y una imposibilidad subjetiva de permanecer quieto, pero quien la padece suele describir con claridad ese impulso interno y su conducta conserva cierto grado de organización (se levanta, se sienta, cambia de peso de un pie a otro). En la agitación genuina, la actividad motora tiende a ser más desordenada y el componente emocional predomina sobre el motor. Con la ansiedad, la confusión es frecuente. Una persona ansiosa puede estar inquieta, hablar deprisa y tener dificultad para permanecer sentada, pero mantiene la orientación y el juicio intactos. Cuando la agitación se acompaña de alteración de la conciencia o desorientación, el cuadro deja de ser explicable por ansiedad sola y obliga a buscar causas orgánicas. La hipercinesia es un término descriptivo que alude al exceso de movimiento sin connotar necesariamente un componente emocional. Existe hipercinesia en trastornos del movimiento puramente neurológicos (corea, balismo) donde el paciente no experimenta la tensión interna propia de la agitación. Del latín agitātĭo, derivado de agitāre, frecuentativo de agĕre. El sentido original era «mover con insistencia», y se aplicó al estado anímico ya en la latinidad tardía. En español se documenta desde el siglo XVII con usos referidos tanto al movimiento físico como a la perturbación emocional. No exactamente. La agitación psicomotriz es la forma extrema del cuadro, con hiperactividad motora desorganizada y potencial de peligrosidad. Cualquier agitación psicomotriz incluye agitación, pero no toda agitación alcanza la intensidad ni la desorganización conductual que definen el síndrome psicomotriz. Sí, y con cierta frecuencia. En personas mayores hospitalizadas, la aparición brusca de agitación puede ser la primera manifestación de un delirium secundario a una infección, una alteración electrolítica o un fallo orgánico. En estas situaciones, la agitación funciona como una señal de alarma que obliga a investigar la causa subyacente. La acatisia produce sobre todo un impulso interno a moverse que el paciente identifica con precisión, y los movimientos que realiza (balanceo, marcha en el sitio) tienen cierto patrón repetitivo. La agitación, en cambio, se acompaña de un componente emocional más marcado y la actividad motora resulta más caótica. Confundirlas tiene consecuencias prácticas relevantes porque su abordaje es diferente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la agitación, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la agitación
Contextos clínicos en los que aparece
Diferenciación con la acatisia, la ansiedad y la hipercinesia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra agitación?
¿Es lo mismo agitación que agitación psicomotriz?
¿Puede la agitación ser el primer signo de una enfermedad grave?
¿En qué se diferencia la agitación de la acatisia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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