DICCIONARIO MÉDICO
Acromicria congénita
La acromicria congénita agrupa un conjunto de displasias esqueléticas hereditarias que comparten un rasgo central: el tamaño desproporcionadamente reducido de manos y pies respecto al resto del cuerpo. La Nosología y Clasificación de los Trastornos Esqueléticos reconoce una decena de entidades dentro de este grupo, varias de ellas causadas por mutaciones en el gen FBN1 de la fibrilina-1, el mismo gen implicado en el síndrome de Marfan. Etimológicamente, acromicria procede del griego ἄκρον (ákron, extremidad) y μικρός (mikrós, pequeño); «congénita» viene del latín congenitus (nacido con). La expresión completa designa, por tanto, la presencia desde el nacimiento de unas extremidades distales más pequeñas de lo esperable. En la práctica, la talla y las proporciones al nacer suelen ser normales, y la desproporción se hace evidente durante los primeros años de vida, cuando el crecimiento de manos y pies se queda progresivamente por debajo de los percentiles correspondientes a la estatura. Todas estas displasias son raras. La displasia acromícrica, la más estudiada del grupo, tiene una prevalencia estimada inferior a 1 caso por millón de habitantes, con menos de sesenta pacientes publicados en la literatura médica mundial hasta la fecha. La fibrilina-1 es una glucoproteína que forma las microfibrillas del tejido conjuntivo. Estas microfibrillas cumplen dos funciones: dar soporte estructural a los tejidos elásticos y regular la actividad del factor de crecimiento transformante beta (TGF-β), al almacenarlo en la matriz extracelular e impedir que actúe de forma incontrolada. Cuando una mutación del gen FBN1 reduce la cantidad de fibrilina-1 funcional (como ocurre en la mayoría de las variantes que causan Marfan), el resultado es un exceso de señalización TGF-β que favorece el sobrecrecimiento: talla alta, dedos largos (aracnodactilia), hiperlaxitud articular. Las mutaciones responsables de las displasias acromélicas, en cambio, se concentran en una región muy concreta del gen, los exones 41 y 42, que codifican el dominio 5 de unión a TGF-β. El efecto es diferente: las microfibrillas se desorganizan y la señalización TGF-β se altera en un sentido que promueve la rigidez del tejido conjuntivo y frena el crecimiento acral. Mismo gen, consecuencias opuestas. Los mecanismos exactos por los que una misma proteína produce fenotipos tan divergentes siguen siendo objeto de investigación activa. Tres displasias concentran la mayor parte de la literatura: la displasia acromícrica, la displasia geleofísica y el síndrome de Weill-Marchesani. Las tres comparten talla baja postnatal progresiva, manos y pies cortos, rigidez articular, piel engrosada y una inteligencia conservada. Sus diferencias residen en las complicaciones asociadas. Displasia acromícrica. Es la forma de expresión más leve del espectro. La talla adulta media ronda los 130 cm. Los rasgos faciales incluyen cara redonda, nariz bulbosa con narinas antevertidas, pestañas largas y labios gruesos, aunque estas particularidades se atenúan con la edad. El síndrome del túnel carpiano aparece con frecuencia en pacientes adultos. Las mutaciones se localizan en FBN1, con herencia autosómica dominante, si bien la mayoría de los casos descritos corresponden a mutaciones de novo. La displasia geleofísica añade al cuadro esquelético una afectación visceral que puede condicionar el pronóstico: valvulopatía cardíaca progresiva, hepatomegalia y estenosis traqueal. Tiene dos bases genéticas conocidas: el tipo 1 se debe a mutaciones en el gen ADAMTSL2 (herencia autosómica recesiva) y el tipo 2, a mutaciones en FBN1 (autosómica dominante). La marcha de puntillas y un rostro que los primeros descriptores calificaron de «feliz» son pistas clínicas que ayudan a diferenciarla de la displasia acromícrica. En el síndrome de Weill-Marchesani lo distintivo es la afectación ocular. La microesferofaquia (cristalino pequeño y esférico) puede provocar miopía grave, subluxación del cristalino y glaucoma secundario, lo que convierte al oftalmólogo en un especialista clave para estos pacientes. Existen formas autosómicas dominantes (FBN1) y recesivas (ADAMTS10). Las mutaciones que causan Marfan se reparten a lo largo de todo el gen FBN1 y reducen globalmente la cantidad de fibrilina-1, lo que libera TGF-β en exceso y favorece el sobrecrecimiento. Las mutaciones de las displasias acromélicas se concentran en los exones 41 y 42 y desorganizan las microfibrillas de un modo distinto, que restringe el crecimiento acral. El resultado es un fenotipo casi inverso: talla alta y dedos largos en el Marfan, frente a talla baja y dedos cortos en las displasias acromélicas. Habitualmente no. Los parámetros al nacer suelen ser normales y la desproporción se hace visible en los primeros años de vida, cuando la velocidad de crecimiento de manos y pies se desacelera respecto al tronco. El retraso en la edad ósea que se observa en la radiografía de mano es uno de los hallazgos más precoces. No. Tanto la displasia acromícrica como la geleofísica y el síndrome de Weill-Marchesani cursan con inteligencia normal. Las limitaciones que pueden aparecer son físicas (rigidez articular, túnel carpiano) o sensoriales (problemas oculares en el Weill-Marchesani), no cognitivas. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acromicria congénita, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acromicria congénita
Fibrilina-1 y la paradoja del gen FBN1
Entidades del grupo acromélico
Preguntas frecuentes
¿Cómo puede el mismo gen causar Marfan y displasia acromícrica?
¿Se detecta la acromicria congénita al nacer?
¿Afecta a la capacidad intelectual?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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