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Aneurisma de aorta

Mª Helena

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El gran tamaño del aneurisma hizo necesario la fabricación de una endoprótesis con ramas a medida.

María Helena acudió a la Clínica por tratarse de uno de los cuatro centros internacionales de referencia donde le podían tratar el aneurisma que le afectaba a la totalidad de la aorta (toraco-abdominal), de grandes dimensiones, y que le acababa de diagnosticar su médico en Lisboa.

El resto de los hospitales especializados en esta afección, situados en Houston, París y Maastricht, le hubieran tratado la lesión mediante cirugía abierta convencional, lo que supone un mayor riesgo para la vida de la paciente, multiplicar el tiempo de la intervención, las posibles complicaciones y la duración del ingreso hospitalario.

En la Clínica, el procedimiento endovascular (por el interior de los vasos) se realizó con una mínima incisión en la ingle por la que se le introdujo, a través de la femoral, una endoprótesis con ramas fabricada a la medida de la lesión. Las dimensiones del aneurisma de aorta de la paciente dificultaban el anclaje de cualquier dispositivo convencional.

El compromiso del flujo sanguíneo por varias arterias que parten de la aorta hizo necesario personalizar la prótesis troncal añadiéndole las ramas necesarias.

Así, estos dispositivos (ramas) se introdujeron en el tronco celiaco, en la arteria mesentérica superior y en ambas renales, derecha e izquierda, consiguiendo anclar toda la endoprótesis y permitiendo el flujo por dichos vasos. La localización de la lesión de María Helena fue casual, como resultado de un TAC que le practicaron en Lisboa para determinar el origen de una ciática.

La ausencia de síntomas del aneurisma de aorta hace concluir a la paciente que ni siquiera puede considerarlo una enfermedad. “Es que nunca he sentido nada”, asegura. Sin embargo, la apreciación del facultativo lisboeta sobre la lesión arterial fue rotunda.

“En Portugal, el médico me dijo: es como si llevaras una bomba encima, ya que como consecuencia de su rotura puedes morir”, recuerda la paciente. Le practican un TAC para valorar una ciática y como resultado le anuncian que tiene un aneurisma de aorta de grandes dimensiones que en cualquier momento puede terminar con su vida.

¿Cómo se asimila un diagnóstico tan grave y repentino?
Cuando me dijo que podía morir, yo le dije que ya era mayor y que ya había vivido. Mi temor era otro y así se lo pregunté al médico: “¿duele morir así?” Él me dijo que no y pensé que era una buena forma de morir. Porque para mí morir no es morir.
Es continuar viviendo pero en otra dimensión que todavía desconozco. Para mí morir no es un problema. Una cuestión de fe, supongo. Sí. Es una cuestión que hace que yo vea las cosas de otra manera. Desde que nací me enseñaron que algún día iba a morir. Que la vida consistía en nacer, crecer y morir.

Por este motivo, yo ya tenía asimilada la posibilidad de mi muerte. Por eso, a pesar del diagnóstico no se asustó. Es cierto, no me asusté. Es una cuestión de fe, que en estas situaciones ayuda mucho.

Ante la gravedad de la lesión, ¿qué le recomendó su médico?
Me dijo que me tenía que someter a más controles. Después de otra revisión, el médico me pidió recabar la opinión de otro facultativo para obtener una segunda valoración del último TAC que me habían realizado.

Después de esa segunda opinión ¿qué concluyeron?
Mi médico me dijo que él no podía operarme. Pero ni mi hijo, ni mi marido se contentaron con esa respuesta. Quisieron recabar la opinión de otro especialista muy reputado de Lisboa. Él nos dijo que era necesario intervenirme.

Como centros de referencia en el tratamiento del aneurisma de aorta nos facilitó los nombres de un hospital de París, otro de Houston y otro de Maastricht. Después añadió que el de Houston trabajaba también con una Clínica en Navarra.

De este modo llegamos a la Clínica Universidad de Navarra, en julio de 2008, justo un año más tarde del diagnóstico inicial. Una vez en Pamplona les recibió el doctor Gaudencio Espinosa, con quien ya tenían programada una consulta. El doctor Espinosa ha sido una personalidad muy especial para mí. No ha sido sólo un médico, en el sentido técnico, sino algo más. Me dio mucha seguridad como facultativo porque sabía de lo qué hablaba. Él sabía perfectamente qué es lo que se podía hacer. Cuando le pregunté delicadamente si contaba con los recursos suficientes para operar mi lesión él me dijo que no me preocupase, que sí los tenía. Le transmitió mucha confianza.

¿Tuvieron que someterle a nuevas pruebas diagnósticas?
Me practicaron un TAC multicorte de doble fuente para obtener imágenes más precisas de la lesión. Con esta nueva prueba se veía mejor la zona que me debían intervenir, la región de la aorta donde debían aplicarme la prótesis. Vi que contaban con medios más sofisticados. 

A la vista de las nuevas imágenes ¿cuál fue la valoración?
Cuando el doctor Espinosa vio las imágenes no me habló de operación, sino de procedimiento, lo que todavía me dio mayor confianza. Él me dijo que era necesario encargar una prótesis específica para mi tipo de aneurisma y que tardaría en llegar unos meses. Había que pedirla a una empresa de Australia. Y usted no se lo pensó. Vine en julio, un año después del diagnóstico inicial.

Debía tomar ya una decisión, teniendo en cuenta que la fabricación de la prótesis iba a tardar unos meses debido a que tenía que ser personalizada. A pesar de los riesgos que podía tener la intervención, el doctor Espinosa me tranquilizó en todo momento y me dijo que los índices de efectos adversos después de una operación de este tipo eran muy bajos. Así que me decidí y la verdad es que todo salió muy bien.

¿Esperaba estar así tan sólo cinco días después de la intervención?
Si lo comparamos con otras cirugías convencionales abiertas que eran las que podían hacerme en los centros de París, Maastricht o Houston, supongo que mi recuperación ha sido muy rápida. Lo cierto es que un caso que conozco operado de una cuestión similar mediante cirugía abierta ha tenido un proceso de recuperación que se ha prolongado durante meses.

Si tuviera que vérselas de nuevo en esta situación ¿volvería a operarse?
Sí, por supuesto, con el doctor Espinosa sí. Él me da mucha confianza, además de ser una persona que transmite mucha alegría.

¿Recomendaría que se sometiesen a esta intervención a otras personas con un diagnóstico similar al suyo?
Por supuesto. Un hijo de una amiga mía, cuyo padre falleció de un aneurisma de aorta, tiene también la enfermedad. Están esperando a ver el resultado que obtengo yo para que les dé todos los detalles de mi intervención. Lo que puedo asegurar, y así se lo transmitiré, es que aquí he percibido una gran profesionalidad, no sólo de los equipos médicos, sino también de los de enfermería que me han demostrado una gran competencia, delicadeza y atención. Algo que también me ha llamado la atención es la excelente coordinación existente entre los equipos de anestesia, de medicina interna y de cirugía vascular.

¿Puede concluir entonces que se ha sentido en buenas manos?
No podía estar en mejores.