DICCIONARIO MÉDICO
Exposición a la radiación
La exposición a la radiación designa el contacto del organismo con radiación ionizante, ya sea por vía externa (irradiación) o por incorporación de material radiactivo al interior del cuerpo (contaminación interna). Es un concepto central en protección radiológica y en la evaluación de riesgos derivados del uso médico, industrial o accidental de fuentes de radiación. La radiación ionizante posee energía suficiente para arrancar electrones de los átomos con los que interacciona, lo que puede provocar cambios químicos en las moléculas biológicas. Las fuentes capaces de generar este tipo de radiación abarcan desde elementos naturales (potasio-40, radón ambiental, radiación cósmica) hasta dispositivos fabricados por el ser humano: tubos de rayos X, aceleradores lineales, reactores nucleares y material radiactivo encapsulado para uso industrial o terapéutico. Conviene precisar la etimología del término radiológico. «Radiación» proviene del latín radiatio, radiationis, derivado de radiare («emitir rayos»), a su vez formado sobre radius («rayo, vara»). «Exposición», del latín expositio («acción de poner fuera»), se aplicó en física a la medida de la ionización producida por los rayos X o gamma en una masa de aire. La primera definición cuantitativa de la magnitud «exposición» fue adoptada en 1928 por el Congreso Internacional de Radiología, que eligió como unidad el roentgen (R) en honor a Wilhelm Conrad Röntgen. La Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) clasifica las situaciones de exposición en tres categorías. Las exposiciones planificadas son las que se producen de forma deliberada y controlada: un estudio radiológico diagnóstico, un ciclo de radioterapia o la operación de un reactor nuclear. Las exposiciones de emergencia aparecen en circunstancias imprevistas que requieren una actuación urgente, como un accidente en una instalación nuclear. Y las exposiciones existentes corresponden a fuentes de radiación ya presentes cuando se toma la decisión de regularlas, como el radón acumulado en el interior de edificios construidos sobre suelos ricos en uranio. Desde el punto de vista del mecanismo de contacto, la distinción operativa separa la exposición externa de la interna. En la externa, la fuente permanece fuera del cuerpo; basta con interponer blindaje, aumentar la distancia o reducir el tiempo de permanencia para disminuirla. La exposición interna se produce cuando material radiactivo se inhala, se ingiere o se inyecta (como ocurre con los radiofármacos), y solo cesa cuando el organismo elimina el radionúclido por vía metabólica o mediante tratamiento específico. La magnitud clásica denominada «exposición» medía la carga eléctrica liberada por fotones X o gamma en un kilogramo de aire seco. Su unidad, el roentgen, resultó insuficiente cuando fue necesario evaluar el efecto biológico de la radiación en tejido vivo, no en aire. Con el tiempo se adoptaron tres magnitudes complementarias: la dosis absorbida (energía depositada por unidad de masa, medida en gray), la dosis equivalente (que pondera la eficacia biológica del tipo de radiación, expresada en sievert) y la dosis efectiva (que añade un factor de ponderación tisular para reflejar la sensibilidad desigual de los distintos órganos). A modo de referencia, la población general recibe una dosis efectiva media anual de unos 2,4 milisievert (mSv) procedente de fuentes naturales, según datos del Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR). Una radiografía simple de tórax aporta aproximadamente 0,02 mSv; una tomografía computarizada de abdomen, entre 8 y 10 mSv. Tres principios rigen la gestión de la exposición a la radiación según la ICRP. El de justificación exige que toda práctica que implique radiación produzca un beneficio neto que compense el detrimento. El de optimización obliga a mantener las dosis individuales tan bajas como sea razonablemente posible, teniendo en cuenta factores económicos y sociales; este principio se resume en el acrónimo ALARA (As Low As Reasonably Achievable). El tercer principio, el de limitación de dosis, establece techos de dosis que no deben superarse en situaciones planificadas, salvo para la exposición médica del paciente, que se rige exclusivamente por la justificación clínica. No. La radiación no ionizante (ondas de radio, microondas, luz visible, infrarroja) carece de la energía necesaria para arrancar electrones de los átomos. La radiación ultravioleta ocupa una zona fronteriza: la fracción de mayor energía (UV-C y parte de UV-B) posee capacidad ionizante limitada y puede dañar el ADN cutáneo. En el uso habitual de la protección radiológica, irradiación y exposición externa se emplean como sinónimos: ambas designan la situación en la que una fuente de radiación ubicada fuera del cuerpo deposita energía en los tejidos. La diferencia aparece cuando interviene material radiactivo incorporado al organismo, caso en el que se habla propiamente de contaminación interna, no de irradiación. La normativa internacional asume que no existe un umbral definido para los efectos estocásticos (cáncer, efectos hereditarios): la probabilidad de daño se considera proporcional a la dosis recibida, por pequeña que sea. Este modelo lineal sin umbral, adoptado con fines reguladores, es objeto de debate científico, pero constituye la base sobre la que se fijan los límites de protección vigentes. Corresponden a As Low As Reasonably Achievable («tan bajo como sea razonablemente posible»). Resumen el principio de optimización de la protección radiológica: cada procedimiento debe buscar la dosis más baja compatible con el objetivo diagnóstico o terapéutico, sin que la reducción llegue a comprometer la calidad del resultado.Qué es la exposición a la radiación
Tipos de exposición según su origen
Magnitudes y unidades
Principios de protección radiológica
Preguntas frecuentes
¿Toda radiación es ionizante?
¿Es lo mismo exposición que irradiación?
¿Existe un umbral de dosis por debajo del cual la radiación es segura?
¿Qué significan las siglas ALARA?
Referencias
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