DICCIONARIO MÉDICO
Afta
El afta es una úlcera superficial, pequeña, redondeada, de fondo blanquecino o amarillento y rodeada por un halo rojizo, que aparece en la mucosa de la boca. Se trata de la lesión oral más frecuente: las estimaciones de prevalencia oscilan entre el 5 % y el 60 % de la población general, según la serie consultada y la región geográfica. La palabra proviene del griego ἄφθαι (áphthai), plural de ἄφθα, que significaba «quemadura» o «erupción». Hipócrates ya empleaba el término en el siglo V a. C. para referirse a lesiones ulcerosas de la cavidad oral. Pasó al latín como aphthae en el siglo I d. C. y al castellano medieval con grafías vacilantes; Dicciomed documenta la forma aschas en un texto de 1493, antes de que la grafía culta afta se impusiera definitivamente. Desde el punto de vista clínico, el afta es una pérdida localizada de la capa epitelial de la mucosa, que deja expuesto el tejido conjuntivo subyacente. Esa exposición explica el dolor: las terminaciones nerviosas libres quedan al descubierto y responden a estímulos mecánicos, térmicos y químicos que en circunstancias normales no llegan a alcanzarlas. De ahí que masticar, tragar o simplemente hablar pueda resultar molesto mientras la lesión persiste. No existe una causa única identificada. La evidencia disponible apunta a una confluencia de factores: predisposición genética (hay familias en las que la aftosis se repite generación tras generación), disfunción localizada de la respuesta inmunitaria mediada por linfocitos T, microtraumatismos de la mucosa (mordeduras accidentales, cepillado agresivo, prótesis mal ajustadas), déficits nutricionales de hierro, ácido fólico o vitamina B12, y factores hormonales, sobre todo en mujeres durante la fase premenstrual. Se ha descrito también una asociación con el laurilsulfato de sodio presente en muchas pastas dentífricas, aunque la solidez de esa relación sigue siendo objeto de discusión. El estrés emocional aparece como desencadenante en numerosas series clínicas, si bien su papel exacto no se ha cuantificado con precisión. Afta menor es la presentación habitual, responsable de alrededor del 80 % de los casos. Mide menos de un centímetro, asienta preferentemente en la mucosa interna de labios y mejillas, y cicatriza sola en un plazo de una a dos semanas sin dejar cicatriz. Las aftas mayores (o aftas de Sutton) superan el centímetro de diámetro, tienden a localizarse en zonas posteriores de la boca y pueden tardar varias semanas en resolverse, dejando a veces una cicatriz residual. Son menos frecuentes y considerablemente más molestas. Existe una tercera variante, la forma herpetiforme, que consiste en la aparición simultánea de múltiples úlceras diminutas (de 1 a 3 mm) que pueden confluir. El nombre induce a confusión porque no tiene relación alguna con el virus del herpes simple; se llama así exclusivamente por el aspecto agrupado de las lesiones. Aparece con mayor frecuencia en mujeres y en personas de edad avanzada. Conviene no confundir el afta con el herpes labial. El herpes está causado por el virus herpes simple, aparece típicamente en el borde del labio o en la piel perilabial (no en la mucosa interna), cursa con vesículas agrupadas y es contagioso. El afta, en cambio, no es contagiosa ni está causada por un agente infeccioso conocido. Cuando las úlceras orales se repiten con frecuencia inusual o se acompañan de lesiones genitales y oculares, es obligado descartar el síndrome de Behçet, una vasculitis sistémica en la que la aftosis bipolar (oral y genital) constituye uno de los criterios diagnósticos principales. También procede investigar la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn y ciertos déficits inmunitarios cuando el patrón de recurrencia se sale de lo habitual. Del griego ἄφθαι (áphthai), que significaba «quemaduras» o «erupciones». Hipócrates la utilizaba ya en el siglo V a. C. Llegó al castellano a través del latín aphthae y se documenta en español desde finales del siglo XV. No. A diferencia del herpes labial, las aftas no se transmiten de una persona a otra. No están producidas por ningún virus ni bacteria conocidos, y su origen parece estar en una respuesta inmunitaria local alterada, no en una infección. Si una úlcera oral no cicatriza en dos o tres semanas, si es muy grande, si se acompaña de fiebre o de lesiones en otras mucosas (genital, ocular), o si las recurrencias son muy frecuentes, conviene consultar. En casos poco frecuentes, una úlcera oral persistente puede corresponder a una lesión de otra naturaleza que requiere valoración especializada. En el lenguaje coloquial, sí: la mayoría de las personas usan «llaga» para referirse a lo que médicamente se denomina afta. Pero «llaga» es un término inespecífico que puede designar cualquier herida abierta en la piel o en las mucosas, mientras que «afta» se reserva para la úlcera mucosa benigna, superficial y autolimitada que se ha descrito en esta entrada. Consulte también la información sobre el cuidado de las aftas bucales Si busca información práctica sobre cómo aliviar las molestias, qué hacer ante una afta que no cicatriza o cuándo consultar, puede acceder a la guía de cuidados en casa para las aftas bucales elaborada por la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados al afta, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el afta
Por qué se forman las aftas
Formas clínicas principales
Diferenciación con otras lesiones orales
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra afta?
¿Las aftas son contagiosas?
¿Cuándo debe preocupar un afta?
¿Es lo mismo un afta que una llaga?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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