DICCIONARIO MÉDICO
Ácido acetohidroxámico
El ácido acetohidroxámico, también conocido como N-hidroxiacetamida o por su abreviatura AHA, es un compuesto químico de molécula pequeña que actúa como inhibidor de la ureasa, una enzima bacteriana que descompone la urea en amoníaco y dióxido de carbono. Se utiliza en clínica como complemento a la antibioterapia en infecciones urinarias crónicas por bacterias productoras de ureasa, con el fin de prevenir la formación de los llamados cálculos infecciosos. En sentido químico estricto, el ácido acetohidroxámico es el miembro más sencillo de la familia de los ácidos hidroxámicos: una clase de compuestos orgánicos caracterizados por la unidad funcional –C(=O)–NH–OH, denominada grupo hidroxamato. Estructuralmente puede entenderse como el producto de la condensación entre el ácido acético y la hidroxilamina, con pérdida de una molécula de agua. De ahí su nombre IUPAC, N-hidroxiacetamida, que describe la molécula como una amida del ácido acético sobre cuyo nitrógeno se ha colocado un grupo hidroxilo. La etimología es transparente y reúne tres elementos. «Aceto» procede del latín acetum, vinagre, raíz que da nombre al ácido acético —el ácido del vinagre— del que la molécula deriva conceptualmente. «Hidrox-» remite al griego ὕδωρ (hydōr), agua, a través de la nomenclatura química del grupo hidroxilo (–OH). Y el segmento «-ám-» indica la conexión con las aminas, en concreto con la hidroxilamina (NH₂–OH), el reactivo del que toda la familia procede. Junto con el sufijo «-ico», característico de los ácidos, resulta un nombre que describe con precisión la composición: un ácido obtenido al combinar acético con hidroxilamina. El compuesto no aparece en la naturaleza. Es un producto de síntesis con un perfil de uso muy concreto: bloquear la actividad de la ureasa bacteriana en el tracto urinario. Esa función —y no su química en abstracto— es la que lo ha llevado al arsenal terapéutico, primero como objeto de estudio en los años sesenta y, desde 1983, como medicamento aprobado en Estados Unidos para una indicación de nefrolitiasis poco común. La fórmula molecular es C₂H₅NO₂, con una masa molar próxima a 75 g/mol. Su estructura, CH₃–C(=O)–NH–OH, contiene apenas dos átomos de carbono y permite identificarla a simple vista como una molécula muy compacta. El registro CAS le asigna el número 546-88-3 y el código ATC G04BX03 dentro de la clasificación de la Organización Mundial de la Salud, en el grupo de los agentes urológicos misceláneos. Es un sólido cristalino blanco, ligeramente ácido, muy soluble en agua. Su pequeño tamaño y su polaridad explican su comportamiento farmacocinético: se absorbe bien por vía oral, atraviesa con facilidad las membranas y se concentra en la orina, donde despliega su efecto. Atraviesa también la membrana del eritrocito y del túbulo colector renal, lo que se ha interpretado como uso de los transportadores fisiológicos de urea, sustancia a la que el ácido acetohidroxámico se asemeja en tamaño y forma. La familia química a la que pertenece el ácido acetohidroxámico se conoce desde 1869. Aquel año, el químico alemán Wilhelm Lossen, trabajando en Heidelberg, hizo reaccionar dietiloxalato con hidroxilamina y obtuvo un compuesto al que dio el nombre de «ácido oxalohidroxámico». Era el primer miembro descrito de la familia. Lossen siguió trabajando con derivados del benzoílo y, en 1872, publicó un segundo artículo en el que describía la reacción de degradación que aún hoy lleva su nombre —el reordenamiento de Lossen—, por la que los ácidos hidroxámicos se transforman, mediante activación y eliminación, en isocianatos. Durante décadas, los hidroxámicos quedaron en un segundo plano de la química orgánica. Su uso médico tardaría casi un siglo en aparecer. El interés terapéutico por el ácido acetohidroxámico concretamente data de la década de 1960, cuando Fishbein y Carbone caracterizaron su capacidad para inhibir la ureasa. La aplicación al tratamiento de la nefrolitiasis infecciosa se desarrolló a lo largo de los años setenta, y en julio de 1983 la Food and Drug Administration estadounidense aprobó el compuesto, bajo el nombre comercial Lithostat, como uno de los primeros medicamentos huérfanos al amparo de la Orphan Drug Act recién promulgada ese mismo año. La ureasa es una enzima que cataliza la hidrólisis de la urea en amoníaco y dióxido de carbono. Tiene una notable doble distinción histórica: fue la primera enzima cristalizada, en 1926, por James B. Sumner —trabajo que demostró que las enzimas son proteínas y le valió el premio Nobel de Química en 1946—; y fue, en 1975, la primera proteína de la que se demostró que contiene níquel, gracias al trabajo de Dixon, Riddles y Blakeley sobre la ureasa de habichuela. El centro activo de la enzima contiene dos iones de níquel próximos entre sí, coordinados por residuos de histidina, y ambos resultan imprescindibles para la actividad catalítica. El ácido acetohidroxámico inhibe la ureasa por un mecanismo de quelación del metal. Su grupo hidroxamato es un excelente quelante de cationes divalentes: el oxígeno carbonílico y el oxígeno del hidroxilo se coordinan simultáneamente con los iones de níquel del centro activo, desplazando al sustrato natural. Como la molécula tiene un tamaño y una forma muy parecidos a los de la urea, se aloja en la cavidad enzimática casi como si fuera su análogo, pero, una vez allí, no se hidroliza ni se libera con facilidad. La inhibición resulta lenta y prolongada en el tiempo. Bloqueada la enzima, la bacteria pierde una de sus rutas para extraer nitrógeno del medio y, sobre todo, deja de generar amoníaco a partir de la urea de la orina. Esta es la consecuencia que importa clínicamente. Algunas bacterias del tracto urinario —Proteus mirabilis de manera característica, también Klebsiella, Pseudomonas, Providencia o Morganella— expresan ureasa y descomponen activamente la urea contenida en la orina. El amoníaco que generan tiene un doble efecto: alcaliniza la orina hasta valores cercanos a 8 e introduce en el medio una cantidad sustancial de catión amonio (NH₄⁺). En ese entorno alcalino y rico en amonio, el fosfato amónico magnésico —un mineral que no precipita en orina ácida— se sobresatura y forma cristales que se conocen como estruvita. Los cálculos resultantes —los cálculos de estruvita, también denominados cálculos infecciosos o coraliformes por la forma que adoptan al moldearse sobre los cálices renales— son una de las pocas variedades de litiasis urinaria directamente ligadas a una infección urinaria. El ácido acetohidroxámico aborda el problema en su raíz bioquímica: al inhibir la ureasa bacteriana, frena la generación de amoníaco, devuelve el pH urinario al rango ácido y elimina las condiciones que hacen posible la cristalización. No es un antibiótico ni acidifica la orina por sí mismo: actúa exclusivamente a través de la enzima diana. Su uso en clínica es siempre coadyuvante. Acompaña a la antibioterapia dirigida contra el germen productor de ureasa, y a la cirugía cuando los cálculos requieren extracción. No sustituye a ninguno de los dos abordajes; los complementa. De la hidroxilamina (NH₂–OH), el reactivo a partir del que se forma toda la familia. Wilhelm Lossen, al sintetizar en 1869 el primer compuesto del grupo —el ácido oxalohidroxámico— por reacción de dietiloxalato con hidroxilamina, acuñó el adjetivo «hidroxámico» combinando «hidrox-» (por el grupo hidroxilo de la hidroxilamina) con «-ám-» (por la amina). El sufijo «-ico» indica el carácter ácido del compuesto resultante. No. No mata bacterias ni inhibe su crecimiento por mecanismos antimicrobianos. Lo que hace es bloquear una enzima bacteriana concreta, la ureasa, y con ello impedir que el germen alcalinice la orina y forme cristales de estruvita. Su uso clínico es siempre asociado a un antibiótico que sí trate la infección, no en lugar de él. Porque los cálculos de estruvita solo cristalizan cuando la orina es alcalina y contiene una concentración elevada de amonio. La ureasa bacteriana hidroliza la urea de la orina y libera amoníaco, que es la fuente conjunta de los dos factores: sube el pH y aporta el ión amonio. Si la enzima queda bloqueada, ninguno de los dos procesos ocurre, y el fosfato amónico magnésico no encuentra las condiciones químicas necesarias para precipitar. Contiene dos iones de níquel, lo que la convirtió, en los años setenta, en la primera proteína de la que se demostró que utiliza este metal para su catálisis. El níquel es esencial: sin él, la enzima no funciona. El ácido acetohidroxámico aprovecha precisamente esta dependencia metálica y se une a los dos iones simultáneamente, bloqueando la entrada del sustrato. En julio de 1983, en Estados Unidos, bajo el nombre comercial Lithostat. La aprobación se tramitó como medicamento huérfano al amparo de la Orphan Drug Act, la ley promulgada en enero de ese mismo año para facilitar el desarrollo de medicamentos destinados a poblaciones reducidas. Es un compuesto químicamente sencillo, de patente difícil de obtener, y la calificación de huérfano permitió compensar comercialmente su desarrollo clínico. 👉 Consulte también la información clínica completa sobre el medicamento Si busca información sobre indicaciones, pautas de administración, precauciones o efectos secundarios del ácido acetohidroxámico, puede consultar la ficha completa del medicamento Uronefrex elaborada por el área de Farmacia de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados al ácido acetohidroxámico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el ácido acetohidroxámico
Estructura y propiedades químicas
Descubrimiento de los ácidos hidroxámicos
Mecanismo de inhibición de la ureasa
Contexto clínico del ácido acetohidroxámico
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el nombre «hidroxámico»?
¿El ácido acetohidroxámico es un antibiótico?
¿Por qué la inhibición de la ureasa previene los cálculos renales?
¿Qué tiene de especial el centro activo de la ureasa?
¿Cuándo se aprobó como medicamento?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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