DICCIONARIO MÉDICO
Acelerina
La acelerina es la forma activada del factor V de la coagulación, un cofactor proteico que se ensambla con el factor Xa sobre la superficie de las plaquetas para acelerar la generación de trombina. Su nombre, propuesto por Paul Owren a mediados del siglo XX, recoge precisamente esa función: acelerar la conversión de protrombina en trombina, paso central de la cascada de la coagulación. La acelerina designa la forma activada del factor V de la coagulación, es decir, el factor Va. Se trata de una proteína plasmática que circula como precursor inactivo —la proacelerina— y que, tras la acción proteolítica de la trombina o del propio factor Xa, queda escindida en una cadena pesada y una cadena ligera unidas entre sí por iones de calcio. Esa forma activada es la que ejerce de cofactor en el complejo protrombinasa. Etimológicamente procede del latín accelerāre ('acelerar', 'apresurar'), construido a su vez sobre celer ('rápido'), al que se añade el sufijo -ina que en química y farmacología señala una sustancia o un principio activo. La denominación se acuñó cuando Paul Owren describió experimentalmente que su adición a un plasma deficiente aceleraba de forma notable la formación de trombina. El matiz importa: no se llamó así por una propiedad estructural ni por su localización, sino por lo que hace. Conviene distinguir tres usos del vocablo que conviven en la literatura. En la nomenclatura original de Owren, "proacelerina" era la forma circulante inactiva y "acelerina" la forma activada. En textos clínicos posteriores el término se ha empleado a veces de forma laxa como sinónimo de factor V completo, sin distinguir entre forma inactiva y activada. Los manuales actuales —MedlinePlus o el Manual MSD, por ejemplo— recogen "proacelerina", "factor lábil" y "globulina aceleradora" como sinónimos históricos del factor V. La acelerina propiamente dicha es, en sentido estricto, la forma activada Va. El factor V circula en plasma como una molécula de cadena única con una vida media de doce a treinta y seis horas. Aproximadamente cuatro quintas partes del total se sintetizan en el hígado; el resto se almacena en los gránulos α de las plaquetas, lo que tiene una consecuencia práctica importante —la liberación local de cofactor allí donde se forma el tapón plaquetario—. Esta proteína no posee actividad enzimática propia: es un cofactor, no una enzima. Para adquirir su función cofactor, la molécula debe escindirse proteolíticamente en residuos específicos de arginina (Arg709, Arg1018 y Arg1545 en la nomenclatura más extendida). La trombina es el activador fisiológico más eficaz, pero el propio factor Xa puede iniciar el proceso en cantidades pequeñas, generando una asa de retroalimentación positiva que explica la rapidez con la que se amplifica la cascada una vez iniciada. Tras la escisión, el dominio B se separa y la molécula adquiere su conformación activa: el factor Va. Sobre la membrana de las plaquetas activadas se ensambla el complejo protrombinasa, que consta de cuatro elementos: el factor Xa (la enzima), el factor Va (el cofactor, es decir, la acelerina), iones de calcio y los fosfolípidos cargados negativamente de la superficie plaquetaria. Aislado, el factor Xa convierte protrombina en trombina muy despacio. Con la acelerina acoplada, la velocidad catalítica se multiplica varios órdenes de magnitud. Esa diferencia —del orden de cien mil veces, según los datos experimentales clásicos— es la que justifica el nombre del cofactor y explica por qué su deficiencia o su disfunción tienen consecuencias hemorrágicas graves. Ese efecto cofactor no se prolonga indefinidamente. Una vez cumplida su misión, la proteína C activada —en presencia de su cofactor, la proteína S— escinde la cadena pesada del factor Va en residuos concretos y lo inactiva. Este apagado es el que evita que la coagulación se propague más allá del foco de lesión. La célebre mutación factor V Leiden se caracteriza precisamente por que la acelerina resultante resiste esta inactivación, lo que predispone a trombosis venosa. El factor V fue el quinto factor de la coagulación en ser identificado, después de los cuatro de la teoría clásica de Morawitz (fibrinógeno, protrombina, tromboplastina tisular y calcio). Su descubridor fue el hematólogo noruego Paul A. Owren, que estudió en Oslo durante los años cuarenta a una paciente, Mary, con una diátesis hemorrágica que no se correspondía con ninguna de las hemofilias conocidas. Owren demostró que el plasma de Mary podía corregirse añadiendo un componente plasmático no descrito hasta entonces, al que asignó el número V —los romanos I a IV ya estaban ocupados por el modelo de Morawitz—. Buena parte de las investigaciones tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Owren publicó sus resultados en Noruega en 1944, pero no pudo difundirlos internacionalmente hasta el final del conflicto. La comunicación que dio a conocer el hallazgo en la comunidad científica internacional, titulada Parahaemophilia: haemorrhagic diathesis due to absence of a previously unknown clotting factor, apareció en The Lancet el 5 de abril de 1947. A la enfermedad descrita por Owren se la sigue conociendo como parahemofilia o enfermedad de Owren; tiene una incidencia aproximada de un caso por millón. Curiosamente, Owren mantuvo inicialmente que el factor V activaba a otra entidad distinta, a la que llamó factor VI. Estudios posteriores demostraron que no existía tal sustancia: lo que Owren había identificado como factor VI era el propio factor V en su forma activada —es decir, la acelerina—. El número VI quedó vacante en la nomenclatura oficial y nunca se reasignó. Esa historia explica por qué la lista internacional de factores de la coagulación salta del V directamente al VII. Proacelerina. Es el nombre clásico de la forma circulante inactiva, sinónimo de factor V en sentido amplio. Se denomina también "factor lábil" porque pierde actividad con rapidez cuando se conserva fuera del organismo, lo que tiene implicaciones para el almacenamiento de plasma. Estrictamente, la proacelerina precede a la acelerina: una es zimógeno o precursor, la otra es la forma funcional generada tras la activación proteolítica. Factor V. Es la denominación oficial y la que figura en la nomenclatura internacional. Cuando se habla del factor V sin más, suele referirse al conjunto: la proteína en cualquier forma (inactiva o activada) y también al gen F5 que la codifica en el cromosoma 1q23. En contextos de laboratorio, "actividad de factor V" mide funcionalmente la capacidad coagulante del cofactor en plasma. Factor VI. Designación retirada de la nomenclatura. Surgió de la hipótesis inicial de Owren y se mantuvo durante unos años, hasta que se comprobó que el factor VI no era una proteína distinta sino la forma activada del factor V. El número quedó vacío y por convención no se reasigna, para evitar confusiones con la literatura histórica. Globulina aceleradora ("Ac-globulin"). Fórmula propuesta en los años cuarenta por Ware y Seegers, en paralelo a la "acelerina" de Owren, para nombrar el mismo factor. Aparece en textos antiguos y en algunos prospectos de reactivos de laboratorio, pero ha caído en desuso clínico. Una distinción adicional que conviene retener: el factor V no es vitamina K-dependiente. A diferencia de los factores II, VII, IX y X —que requieren vitamina K para su carboxilación postraduccional y para su funcionalidad—, el factor V se sintetiza y funciona con independencia de esta vitamina. Esto explica por qué su nivel no se ve afectado de manera directa por los anticoagulantes orales antagonistas de la vitamina K, lo que tiene utilidad diagnóstica concreta en la diferenciación entre hepatopatía y déficit por dicumarínicos. Del latín accelerāre ('acelerar', 'apresurar'), formado a su vez sobre celer ('rápido'), con el sufijo -ina, que en química y farmacología designa sustancias o principios activos. El nombre lo acuñó Paul Owren en los años cuarenta al comprobar experimentalmente que la adición de este cofactor al plasma aceleraba de manera notable la formación de trombina. La denominación, por tanto, es funcional: describe lo que la proteína hace, no su origen ni su composición. No. En la nomenclatura original de Owren, la proacelerina es la forma circulante inactiva del factor V —el zimógeno o precursor— y la acelerina es la forma activada generada tras la escisión por trombina o por factor Xa. La distinción tiene relevancia funcional: la proacelerina circula sin ejercer su papel cofactor; la acelerina es la que se acopla al factor Xa en el complejo protrombinasa. En textos divulgativos los términos se confunden con frecuencia. Es un fantasma de la nomenclatura. Owren creyó haber identificado un factor adicional al que llamó VI, pero estudios posteriores demostraron que no era una proteína distinta, sino la propia acelerina —el factor V activado—. El número quedó vacante y por convención internacional no se reasigna. La lista oficial salta directamente del V al VII. El factor V Leiden es una variante genética del factor V descrita en Leiden (Países Bajos) en 1994. La mutación —una sustitución puntual en el codón 506, donde una arginina queda reemplazada por una glutamina— afecta a uno de los sitios donde la proteína C activada habitualmente escinde la acelerina para inactivarla. La acelerina mutada resulta resistente a esa inactivación y permanece activa durante más tiempo del fisiológicamente esperable, lo que predispone a episodios trombóticos venosos. Es la causa hereditaria más frecuente de trombofilia. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acelerina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acelerina
Activación del factor V y complejo protrombinasa
Paul Owren y la primera descripción
Diferenciación con proacelerina, factor V y factor VI
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra acelerina?
¿Es lo mismo acelerina que proacelerina?
¿Y entonces qué fue del factor VI?
¿Qué relación tiene la acelerina con el factor V Leiden?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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