Cáncer de ovario

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están relacionados con antecedentes familiares

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Diagnóstico y tratamiento del cáncer de ovario

Las posibilidades de sobrevivir cuando aparece este tipo de tumor están muy relacionadas con que se haya extendido o no fuera del ovario. Sólo alrededor de un 20% están aún sin diseminar cuando se diagnostican.

Se diagnostica a través de:

  • Exploración clínica.
  • Ecografía transvaginal o transrectal. Tiene una precisión diagnóstica muy alta.
  • Marcadores tumorales en sangre, especialmente el CA-125.
  • Pruebas de imagen: TAC, ecografía abdominal o RM.
  • Exploración quirúrgica: confirmar y tratar la enfermedad localizada en el abdomen.

 

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No hay una buena prevención para este tipo de tumor, por lo que se admite como tal el diagnóstico de estadíos precoces, en los que la enfermedad puede ser mucho más curable".

La regla de oro en el tratamiento del cáncer de ovario es la extirpación (exéresis) completa de la enfermedad visible, o al menos la posibilidad de dejar como máximo una enfermedad residual menor de 1cm.

Este abordaje ha demostrado, junto a una quimioterapia eficaz, que mejora significativamente la curabilidad de las pacientes que sufren esta enfermedad. Para conseguir este objetivo es necesario realizar procedimientos quirúrgicos diversos dentro del abdomen. Estos procedimientos incluyen no solamente la extirpación del útero y los ovarios, sino también de los ganglios, algún segmento de intestino, peritoneo, vía urinaria, bazo o alguna metástasis en el hígado, entre otras. Para ello, algunas veces es necesario establecer una estrategia quirúrgica en equipo en la que además del ginecólogo oncólogo interviene también el cirujano especialista en cirugía oncológica intraperitoneal.

Desde hace unos años se recomienda que el tratamiento quimioterápico postoperatorio incluya también la administración intraperitoneal de quimioterapia en los casos en los que se ha podido realizar una cirugía óptima de inicio. En estudios recientes se ha comprobado que esta estrategia, unida a la extirpación completa de la enfermedad como mencionábamos al principio, consigue los mejores resultados.

En nuestro centro tenemos una experiencia de más de veinte años en la administración intraperitoneal de quimioterapia.

Actualmente, y basados en los mismos principios, se está generalizando entre algunos centros de referencia en el tratamiento de esta enfermedad la administración intraperitoneal de quimioterapia en condiciones de hipertermia durante el acto operatorio, una vez resecada la enfermedad. A este procedimiento se le ha venido a llamar “HIPEC” o administración intraperitoneal de quimioterapia con hipertermia.

En algunas ocasiones, por las zonas afectadas por la enfermedad, no parece posible conseguir el objetivo de lo que se denomina “citorreducción óptima”, actualmente no dejar enfermedad residual, como objetivo ideal. Esta valoración se basa en los hallazgos de las pruebas de imagen (TAC, PET-CT) y en la información directa a través de la laparoscopia, que permite de manera sencilla conocer mejor la extensión de la enfermedad y tomar las biopsias necesarias para catalogar el tipo de tumor (en algunas ocasiones podría no ser de origen ovárico y requerir otro tipo de abordaje).

Esta técnica, comparada con la laparotomía en la que es necesario realizar una amplia incisión en el abdomen, permite iniciar en muy pocos días el tratamiento con quimioterapia neoadyuvante (QTNA) asociada a nuevos tratamientos antiangiogénicos si se descarta la posibilidad de realizar una cirugía óptima.

El objetivo de la QTNA es conseguir que la enfermedad disminuya de volumen, habitualmente después de tres o cuatro ciclos, y así poder realizar el tratamiento quirúrgico deseable (“cirugía de intervalo”), cuyo objetivo es el mismo que en la cirugía primaria: no dejar enfermedad visible. Naturalmente, si fuera necesario, exige de la misma estrategia de procedimientos técnicos y de equipo quirúrgico que la cirugía de inicio. Después de esta cirugía la paciente completa el tratamiento con unos ciclos más de quimioterapia.

Algunas pacientes con cáncer de ovario pueden recidivar de su enfermedad y en este caso, dependiendo del tiempo transcurrido desde que acabó la quimioterapia hasta el diagnóstico de la recidiva, así como de la ubicación y extensión de la enfermedad ( metástasis hepáticas, esplénicas, intestinal exclusiva, pélvica, etc.) volverían a ser candidatas a un tratamiento quirúrgico que debe perseguir el mismo objetivo: no dejar enfermedad residual visible. Para ello habría que poner en marcha una estrategia similar al tratamiento de la enfermedad cuando apareció por primera vez: cirugía adecuada seguida de quimioterapia.

Exiten tres tipos de cancer de ovario:

  • Epitelial: comprende la mayoría de ellos y se desarrolla en las células que cubren por fuera al ovario. La edad de aparición más frecuente es alrededor de los 50 años.
  • Células germinales: se desarrollan a partir de las células que dan lugar a los óvulos y son más propios de mujeres jóvenes.
  • Del estroma: los más frecuentes proceden de las células que producen las hormonas sexuales (estrógenos y progesterona). Excepcionalmente son malignos y pueden aparecer en cualquier período de la vida.

Saber más sobre el cáncer de ovario

La extensión de la enfermedad puede ir desde estar localizada en los ovarios o alrededor de ellos (estadíos precoces I-II), hasta extendida por haber invadido ya estructuras fuera de la pelvis, como serían los ganglios retroperitoneales, abdomen superior, hígado u otros órganos (estadíos III-IV).

La mayoría de ellos se presentan en la perimenopausia y postmenopausia y alrededor de un 5-1% están relacionados con factores heredofamiliares.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Hinchazón abdominal
  • Malas digestiones
  • Ganas de orinar frecuentes
  • Pérdida de peso sin justificar
  • Alteraciones menstruales

La causa exacta de los tumores de ovario es aún desconocida, aunque entre las diversas teorías se admite que la ovulación incesante con los fenómenos de cicatrización consiguientes en la superficie del ovario, pueden tener que ver con ello.

También se ha admitido la posible relación con procesos inflamatorios crónicos o determinado ambiente hormonal, como por ejemplo los andrógenos en el ovario poliquístico o la elevación de las gonadotropinas en la menopausia.

No hay sintomatología específica y habitualmente se confunde con la que puede producir el aparato digestivo y la vejiga, especialmente si la sintomatología es persistente.

Entre los síntomas más frecuentes, se pueden citar la hinchazón abdominal, sensación de gases, malas digestiones, estreñimiento o diarrea, ganas de orinar frecuentes.

También puede haber pérdida de apetito o de peso sin causa aparente. A veces, aparece sintomatología genital como alteraciones menstruales, sangrado postmenopáusico o dolor en la relación sexual.

Los principales factores de riesgo son:
  • Herencia de genes mutados como el BCRA1 y 2 que también se relaciona con el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Síndrome hereditario de cáncer colorrectal no polipósico (HNPCC).
  • Historia familiar: algunas veces el cáncer de ovario puede aparecer en más de un miembro de la familia, sin que esto tenga que ver con factores hereditarios conocidos.
  • Historia personal de cáncer de mama.
  • Edad: más frecuente en la postmenopausia.
  • Fertilidad: no haber tenido hijos. Haber sido sometida a tratamientos inductores de la ovulación, aunque esto parece más relacionado con el propio contexto de la esterilidad que no de la medicación.
  • Terapéutica hormonal sustitutiva sólo con estrógenos.
  • Obesidad o dieta rica en grasas.

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