Hipertensión arterial 

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Diagnóstico y tratamiento de la hipertensión arterial en la Clínica

La hipertensión arterial suele diagnosticarse en una revisión médica. Hay que hacer varias mediciones y constatar que realmente existen cifras altas de presión arterial. En ocasiones, se descubre al aparecer alguna de sus consecuencias nocivas o complicaciones: problemas de corazón, insuficiencia renal o lesiones cerebrales.

El estudio de la hipertensión arterial va dirigido a determinar la causa, la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular (hipercolesterolemia, hiperglucemia, etc...) y su repercusión en diferentes órganos.

Se comienza por un interrogatorio médico completo, exploración física y los estudios analíticos. La hipertensión arterial casi siempre es esencial (sin causa aparente), pero puede ser secundaria a otras enfermedades.

Cuando se sospecha que hay una enfermedad causante de la hipertensión arterial es conveniente completar el estudio cardiológico con otros estudios orientados a encontrar dicha causa.

Se dispone también de otras pruebas que evalúan la repercusion que la hipertensión arterial produce en los órganos diana (corazón, riñón, cerebro, ojos).

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Realizamos las pruebas diagnósticas y planteamos el tratamiento más adecuado para el paciente en menos de 48 horas.

Disponemos de la última tecnología existente así como un seguimiento contínuo del paciente para lograr el mejor control de la enfermedad.

El ejercicio físico y una dieta baja en sal son algunas medidas muy efectivas para su tratamiento, sin tener que recurrir a los fármacos".

Medidas higiénico dietéticas

Son fundamentales. Deben agotarse antes de iniciar el tratamiento farmacológico. Si la hipertensión es grave se ponen en práctica al mismo tiempo que se inicia el tratamiento con fármacos. Las medidas generales son las siguientes:

  • Peso adecuado. La mejor medida es el índice de cintura/talla: para ello se divide el perímetro de cintura por la estatura en cm. Está aumentado cuando es superior a 0,50, en cuyo caso hay que aconsejar al paciente que pierda peso.
  • Caminar a paso rápido, durante un mínimo de 45 minutos, todos los días.
  • El colesterol LDL no debe superar los 115 mg./dl. Si es superior hay que aconsejar una dieta mediterránea: baja en grasas saturadas y con abundante fruta, vegetales, pescado y aceite de oliva.
  • Alcohol: no ingerir más de 30 g./día. de etanol (no sobrepasando los 300 ml. de vino, 720 ml. de cerveza ó 60 ml. de whisky). Generalmente se aconseja a los hombres que no vevan más de dos vasos de vino al día y a las mujeres no más de uno.
  • Inicialmente, dieta estricta sin sal durante dos semanas. Si no se disminuyen las cifras de TA se puede continuar con una dieta baja en sal (4-5 g./día).
  • Diuréticos: favorecen la pérdida de sodio por la orina y de agua. Efectos secundarios, las anomalías metabólicas.  
  • Beta-bloqueantes: acción cardiodepresora y vasodilatadora. Efectos secundarios, anomalías metabólicas. Recomendable vigilar su empleo en pacientes con insuficiencia cardiaca, diabéticos o personas con enfermedades pulmonares.
  • Calcio antagonistas: gran capacidad vasodilatadora, aunque algunos tienen también acción cardiodepresora. Efectos secundarios: dolores de cabeza, edemas en extremidades y sensación de calor.
  • IECAs: actúan sobre un eje hormonal involucrado en el manejo del sodio a nivel renal y la contracción de los vasos periféricos. Reducen la pérdida de proteínas por la orina. Pueden producir anomalías metabólicas e influir negativamente en la función renal.
  • Antagonistas de los receptores de la angiotensina: bloquean la acción final del eje renina-angiotensina.
  • Alfa-beta bloqueantes: bloquean receptores alfa y beta simpáticos. Acción cardiodepresora y vasodilatadora.    
  • Agonistas centrales alfa adrenérgicos: actúan sobre el sistema nervioso central, disminuyendo el tono simpático con aumento del vagal. Favorecen la vasodilatación periférica.    
  • Bloqueantes alfa 1 adrenérgicos periféricos: acción vasodilatadora periférica arterial y venosa. Pueden producir una caída excesiva de la tensión arterial al ponerse de pie.    
  • Vasodilatadores: Suelen producir un aumento del vello y un aumento del pulso.

Respecto a los fármacos hipotensores, se recomienda empezar por diuréticos y betabloqueantes, salvo que existe alguna característica que indique algún otro tratamiento.

Cuando un paciente no consigue controlar su hipertensión tomando al menos 4 fármacos (uno de ellos diurético), se puede tratar mediante lo que se llama la denervación renal.

Este tratamiento consiste en interrumpir el funcionamiento de los nervios que llegan a las arterias renales, mediante radiofrecuencia. Con este procedimiento mejora mucho la hipertensión y se puede controlar con menos fármacos.

La Unidad de Hemodinámica y Cardiología Intervencionista del Departamento de Cardiología de la Clínica ha sido pionera en el uso del catéter tetrapolar para realizar esta técnica, con el que se ha visto que se obtienen mejores resultados.

Contamos con una de las mayores experiencias en España en la realización de este procedimiento. 

> Saber más sobre el tratamiento

Saber más sobre la hipertensión arterial

Un 20-30 % de la población adulta española tiene hipertensión arterial y en mayores de 60 años la frecuencia sube a un 40-50%.

La tensión arterial es la presión de la sangre que circula por las arterias. El corazón bombea la sangre hacia la aorta por donde se distribuye hacia otras arterias que se van dividiendo en sucesivas ramas arteriales que llegan a todos los órganos.

La presión se mantiene por la elasticidad de la aorta y de las arterias principales. Esta elasticidad va disminuyendo con el paso de los años, por eso es tan frecuente encontrar cifras altas de presión arterial en personas mayores.

Las consecuencias de la hipertensión pueden ser muy variadas. Son peores cuando coexisten otros procesos: hipercolesterolemia, diabetes, etc.

La tensión arterial sigue un ritmo circadiano. Generalmente hay un pico de subida tensional cuando uno se levanta por la mañana de la cama. El resto del día hay cambios dependiendo de la actividad física y psíquica. Durante el sueño lo normal es que baje la tensión arterial, tanto la sistólica como la diastólica, al menos un 10% respecto a la tensión diurna. Cuando no baja durante el sueño es un signo de peor pronóstico.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Dolor de cabeza
  • Hemorragia nasal espontánea
  • Sensación de inquietud
Infográfico sobre la hipertensión arterial
Conozca qué es la hipertensión arterial, cómo se diagnostica y trata
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La sintomatología que puede acompañar a la hipertensión arterial es muy variada. Puede ocurrir que la hipertensión arterial no dé ningún síntoma y su descubrimiento sea casual (por revisiones médicas, cirugías, etc..).

En otras ocasiones se descubre a raíz de la presencia de dolores de cabeza frecuentes, hemorragias nasales espontáneas, sensación de inquietud, nerviosismo, etc. y, de forma menos frecuente, por dolor de cabeza intenso, sensación de frialdad y angustia, palpitaciones y temblor.

Cuando estos síntomas ocurren junto a una elevación importante de las cifras de tensión arterial, se llama crisis hipertensiva.

1. Hipertensión arterial esencial o de causa desconocida: es el tipo de hipertensión arterial más frecuente, alrededor del 90 al 95 por ciento. Suele  presentarse por encima de los 50 años y existen con frecuencia antecedentes familiares de hipertensión.

2. Hipertensión arterial secundaria: es aquella hipertensión de la que se conoce la causa que la provoca. Dicha causa puede ser muy variada, siendo la más frecuente la vasculorrenal, es decir, la producida como consecuencia de una falta de flujo a nivel de los riñones, por arteriosclerosis o por una malformación vascular, que desencadena hipertensión arterial en respuesta a la señal de mala perfusión que recibe el riñón afecto.

Otras causas son la existencia de una coartación de aorta, una enfermedad renal parenquimatosa, endocrinas, etc...

La hipertensión arterial no es una enfermedad hereditaria típica en cuanto a transmisión de padres a hijos.

Su génesis es multifactorial, digamos que se hereda una mayor predisposición a padecerla que, unida a diversos factores medioambientales, puede desencadenar su aparición.

Las complicaciones de la hipertensión arterial pueden ser:

1. Agudas: Una subida brusca e importante de la presión arterial puede producir síntomas muy variados como alteraciones de la visión, dolor torácico o alteraciones neurológicas, encefalopatía, etc. Solo se habla de crisis hipertensiva cuando hay síntomas acompañantes de la subida de tensión arterial. Sin embargo, el hecho de encontrar unas cifras muy altas en un paciente que no presenta síntomas no es motivo de alarma y ese paciente no debe ir a urgencias. Bastará con que aumente el tratamiento antihipertensivo y lo comente con su médico de familia.

2. Crónicas: Las complicaciones crónicas derivadas de la hipertensión arterial dependen del control que se haya hecho de ésta o de que se asocie a otras enfermedades, principalmente metabólicas. A nivel cardiaco, aumenta el grosor de la pared del ventrículo y aparece cierta rigidez que dificulta su llenado, comprometiendo ambas alteraciones la irrigación del músculo miocárdico y favoreciendo, junto a un deterioro de las coronarias, enfermedades isquémicas (por falta de riego) del corazón.

En el riñón se deterioran las arterias que lo riegan, generándose isquemia de sus unidades funcionales (nefronas) que, junto a la hipertensión transmitida a dichas unidades, genera una destrucción progresiva e irreversible. Esta hiperpresión favorecerá un aumento de eliminación de proteínas por la orina, que podrá valorarse como marcador de daño renal.

En el sistema nervioso central se pueden producir enfermedades derivadas de fenómenos trombóticos (infartos cerebrales de forma episódica o crónica, pudiendo llevar a una situación de demencia) o hemorrágicos (hemorragias cerebrales). Estas enfermedades dan lugar a una gran morbilidad por la repercusión que tienen sobre el paciente.

Finalmente, el daño vascular que genera la hipertensión arterial puede dar lugar a enfermedades derivadas de una mala perfusión que pueden afectar a cualquier territorio (intestino, extremidades, ojos, etc.).

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