Insuficiencia renal aguda

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Diagnóstico y tratamiento de la insuficiencia renal aguda en la Clínica

Debido a que la insuficiencia renal aguda suele ser una complicación de otras enfermedades graves, en ocasiones los signos y síntomas pueden pasar inadvertidos o ser atribuidos a la enfermedad subyacente.

Cuando se sospecha esta enfermedad, debe realizarse un análisis de sangre y orina. Las alteraciones que pueden aparecer son: disminución del volumen de orina (menos de 500 mililitros), aumento en sangre de la urea y creatinina y electrolitos elevados como el potasio.

Suele ser necesario realizar una ecografía abdominal y, en algunas ocasiones, incluso una biopsia renal que permita determinar la causa de la insuficiencia renal aguda.

Cuanto antes se resuelve, más probabilidades hay de recuperar la función renal. En ocasiones, la insuficiencia renal aguda causa la pérdida permanente de la función renal y las personas requieren diálisis permanente o un trasplante de riñón para sobrevivir.

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 El Servicio de Nefrología cuenta con una experiencia de más de cuatro décadas, tanto en el diagnóstico y tratamiento de todas las patologías del riñón, como en el trasplante de este órgano.

El primer objetivo es tratar la enfermedad o la lesión que originalmente ha dañado sus riñones. Una vez que está bajo control, la atención se centrará en la prevención de la acumulación del exceso de líquidos y desechos en su sangre, mientras que sus riñones sanan".

El tratamiento comienza por corregir la causa que ha ocasionado esa insuficiencia renal. Esto se puede observar claramente cuando existe una deshidratación o hipotensión, reponiendo volumen, o cuando existe una obstrucción, siendo en este caso el empleo de una sonda o nefrostomía la solución.

Cuando se ha producido una afectación importante de los riñones, y no se ha producido una recuperación tras estabilizar al paciente, se hace preciso mantener una vigilancia sobre las constantes vitales, controlar los balances para evitar una sobrecarga, el uso de medicaciones que se deban ajustar respecto a la dosis o su supresión si pueden influir negativamente

En ciertos casos recurrir a diuréticos si es necesario aumentar el ritmo de diuresis o en algunos casos empezar con sustituir la función renal mediante el empleo de técnicas de diálisis.

Saber más sobre la insuficiencia renal aguda

La insuficiencia renal aguda es la pérdida súbita de la capacidad de los riñones para eliminar el exceso de líquido y electrolitos, así como el material de desecho de la sangre.

Es más común en personas que ya están hospitalizadas, en particular las que necesitan cuidados intensivos. Además, suele ser secundaria a una cirugía complicada, una infección generalizada, después de una lesión grave o cuando el flujo de sangre a los riñones se interrumpe.

Aunque suele ser reversible, la severidad es variable y puede requerir tratamiento sustitutivo de la función renal durante un tiempo.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Disminución de la cantidad de orina. Anuria
  • Edemas
  • Síndrome urémico

Se puede manifestar por una alteración de los análisis, produciéndose un incremento de los niveles de creatinina y urea, o bien por la aparición de determinados síntomas como una reducción del volumen de la orina que se puede acompañar de cambios en el aspecto (orinas oscuras, concentradas o con presencia de sangre).

Esa reducción en el volumen puede llevar a la ausencia de orina o anuria. Debido a esa disminución en el volumen de la orina, si existe una entrada incontrolada de líquidos, se produce una retención de agua que lleva a la aparición de edemas o incluso una sobrecarga cardiorrespiratoria que desencadena.

Síndrome urémico: Es la principal consecuencia de una insuficiencia renal. Se produce un acumulo de toxinas urémicas que produce alteraciones en diversos sistemas.

Es capaz de provocar una gastritis con pérdida de apetito y trastornos en el ritmo intestinal. Se produce anemia provocada por una disminución de la formación de glóbulos rojos, así como un aumento de las pérdidas, incluso por cierta facilidad para el sangrado.

Se ocasiona una cierta inmunodeficiencia que facilita la aparición de infecciones. Existen cambios hormonales como puede ser cierto hipotiroidismo.

Entre los sistemas más afectados se encuentra el neurológico con desarrollo de una neuropatía y sobre todo encefalopatía metabólica progresiva con deterioro de la capacidad cognitiva que en casos graves lleva al coma.

Por supuesto, la aparición de todos estos síntomas dependerá del estado basal del paciente, su edad y estado de nutrición, así como por la presencia de otros fallos orgánicos.

La insuficiencia renal aguda se puede producir por que fallen algunos o todos los mecanismos que intervienen en la filtración glomerular.

Puede producirse un descenso del filtrado al disminuir la presión de filtración por una reducción de la presión arterial o una hipovolemia importante (absoluta por hemorragia o deshidratación, o relativa por mala distribución de la volemia vascular como ocurre en los cuadros sépticos, ascitis, oclusiones intestinales).

Puede producirse esa insuficiencia renal aguda por pérdida de unidades funcionales, como sucede en las glomerulonefritis o bien por la acción de tóxicos como algunos medicamentos (incluyendo el contraste intravenoso).

Otras causas de insuficiencia renal aguda son las que se presentan cuando se produce un cuadro obstructivo que no permite la eliminación del filtrado, como ocurre cuando hay una obstrucción prostática o por compresión ureteral por masas o ganglios.

Existen diversos factores que pueden predisponer a la aparición de esta enfermedad, como son la edad avanzada, infección crónica, diabetes, hipertensión arterial, trastornos inmunológicos, problemas renales y hepáticos de base, hipertrofia prostática y obstrucción vesical. Los signos y síntomas que presentan estos pacientes son:

  • Disminución de la producción de orina.
  • Falta de eliminación de los productos de desecho a través de la orina
  • Retención de líquidos, provocando edemas (hinchazón) en las piernas, tobillos o pies.
  • Somnolencia, dificultad respiratoria, fatiga, confusión e incluso coma en los casos muy graves y asociados, normalmente, a otras enfermedades.

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