Terapia hormonal sustitutiva

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Tratamiento con terapia hormonal sustitutiva en la Clínica

Dado que la mayoría de los síntomas de la menopausia están relacionados con un descenso de los niveles en sangre de estrógenos, la terapia hormonal sustitutiva basada en estrógenos o derivados, puede ser a menudo recomendada.

Sería aconsejable que toda mujer que llegara a la menopausia acudiera a un especialista para evaluar la conveniencia de iniciar una terapia hormonal sustitutiva.

Como norma general, son recomendables ciertos hábitos de vida, como son el abandono del tabaco, la ingesta adecuada de calcio y vitamina D en la dieta, el ejercicio regular y evitar la pérdida de peso excesiva.

No todas las pacientes pueden necesitar iniciar una terapia hormonal sustitutiva si se siguen los consejos anteriormente dados.

Hoy en día, existen diversas maneras de realizar la terapia hormonal sustitutiva que, fundamentalmente, va a estar basada en la toma de sólo estrógenos para la mujer que no tiene útero y asociados a progesterona en las que sí lo tienen.

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Nuestras pacientes se benefician de un plan de tratamiento en el que además del ginecólogo participan diversos especialistas médicos trabajando en equipo de manera rápida y coordinada.

El tiempo debe ser el menor posible (no superar los 5 años) y siempre bajo la supervisión médica, que irá evaluando cada año la necesidad o conveniencia de continuarlo basándose en la posible aparición de nuevos factores de riesgo en cada mujer".

La vía de administración es variada, así pueden tomarse por vía oral, a través de parches transdérmicos, implantes subcuténaos, mediante pomadas cutáneas, «sprays» de absorción transcutánea o, incluso, por vía intranasal.

Sin duda, las formas más extendidas de administración de estrógenos son la vía transdérmica, utilizando parches, y la vía oral.

Antes de iniciar un tratamiento hormonal sustitutivo, es conveniente realizar una serie de pruebas diagnósticas que descarten la presencia de patología a nivel ginecológico o a nivel general, que puedan contraindicar el uso de dicha terapia.

Todas aquellas mujeres a las cuales no se les haya extirpado el útero, además de recibir estrógenos, deben recibir progesterona, ya que tiene un efecto muy importante en la prevención de la aparición de lesiones a nivel del endometrio (la mucosa interna del útero), fundamentalmente la hiperplasia y el cáncer de endometrio.

Todavía no existen datos definitivos en cuanto a la duración, dosis o diferentes preparados hormonales más ideal o con menos riesgos.

En general, y para las mujeres con útero se recomienda emplear la dosis más baja de estrógenos y progesterona que consiga controlar la sintomatología y cuya relación riesgo-beneficio sea proporcionada en cada mujer. En las que no tienen útero también se emplea la misma recomendación, en este caso sólo para los estrógenos.

Parece ser que las dosis bajas se toleran mejor y pueden tener un perfil riesgo-beneficio mejor.

El tiempo debe ser el menor posible (no superar los 5 años) y siempre bajo la supervisión médica que irá evaluando cada año la necesidad o conveniencia de continuarlo en base a la posible aparición de nuevos factores de riesgo en la mujer de que se trate.

Si tras suspenderlo reaparece la sintomatología o si en algún caso la mujer entiende que el beneficio del que está disfrutando le parece mayor que el riesgo, en ambas circunstancias se debe valorar con su médico el reanudarlo o prolongarlo.

Otro aspecto práctico interesante es la vía de administración. Esencialmente son la oral y la transdérmica (parches). Esta última parece acompañarse de un menor riesgo de trombosis ya que alcanza la circulación sanguínea sin pasar primero por el hígado lo cual supondría una alteración de algunos factores de la coagulación.

Cuando sólo hay síntomas locales genitales se emplean las cremas o comprimidos vaginales.

Así, se considera que son contraindicaciones para la toma de este tratamiento la presencia de:

  • Enfermedad hepática activa.
  • Patología de la vesícula biliar.
  • Historia de trombosis venosa profunda en relación con estrógenos.
  • Riesgo genético de trombosis venosa.
  • Hemorragia vaginal anormal, sin que se haya llegado a un diagnóstico preciso.
  • Historia de haber padecido un cáncer estrógeno-dependiente, como el cáncer de mama o el cáncer de endometrio.

Fundamentalmente a corto plazo, son debidos a la toma de la progesterona.

Típicamente son: cefaleas, tensión mamaria y molestias en bajo vientre. La terapia con estrógenos sola se ha relacionado con la aparición de cáncer de endometrio.

De aquí la importancia de combinar la progesterona, ya que el riesgo de aparición de esta enfermedad, realizando el tratamiento adecuado, es prácticamente nulo.

En cuanto a la asociación de esta terapia con cáncer de mama, en la actualidad no hay evidencia definitiva de que un tratamiento a corto plazo incremente el riesgo de cáncer de mama, sin embargo existen ciertas controversias en cuanto al tratamiento a largo plazo.

Saber más sobre la terapia hormonal sustitutiva

Las indicaciones siguen siendo las mismas: los sofocos, la sudoración nocturna, la sequedad genital u otros síntomas propios de la menopausia, en tal intensidad o grado de incomodidad que puedan estar deteriorando la calidad de vida. También en aquellas con pérdida de masa ósea que no toleraran otros tratamiento específicos para ello.

Aunque el tratamiento hormonal tiene un efecto positivo sobre el humor y la conducta, no debe utilizarse como antidepresivo. Tampoco para mejorar la memoria u otras habilidades cognitivas. Puede ser incluso perjudicial cuando se inicia por encima de los 65 años. 

> Saber más sobre la menopausia

Beneficios de la terapia hormonal

  • A corto plazo va a aliviar en la mayoría de las pacientes los sofocos y las sudoraciones, las molestias genitourinarias y los cambios emocionales y en la líbido.
  • No va a tener importantes repercusiones en los cambios a nivel de la mama y de la piel.
  • A largo plazo, disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular y de osteoporosis. Asimismo, mejora el perfil lipídico en sangre.

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