Glaucoma 

a partir de los 40 años es más frecuente

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Diagnóstico y tratamiento del glaucoma en la Clínica

El glaucoma es una enfermedad en la que aumenta la presión dentro del globo ocular, produciendo daño en el nervio óptico y causando, a largo plazo, pérdida de la visión.

El especialista en Oftalmología o el optometrista miden esta presión del ojo mediante una prueba que se llama tonometría, procedimiento sencillo e indoloro. Las mediciones superiores a 20-22 mm de Hg. hacen sospechar el glaucoma.

Las pruebas de detección del glaucoma se realizan:

  • antes de los 40 años, cada dos a cuatro años
  • desde los 40 años hasta los 64 años, cada uno o dos años
  • después de los 65 años, cada seis a 12 meses.

Toda persona que presente factores de riesgo elevados debe someterse a un examen oftalmológico completo todos los años o cada dos años después de los 35 años.

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El departamento de Oftalmología dispone de tecnología de última generación, segura y avanzada, tanto para el diagnóstico, como para el tratamiento de enfermedades oculares. 

Es muy importante hacerse un control de la presión ocular a partir de los 40 años y repetirlo con frecuencia para diagnosticar lo antes posible la enfermedad".

Glaucoma de ángulo abierto: el líquido intraocular drena demasiado lentamente lo que provoca un aumento de presión de manera gradual, casi siempre de manera bilateral, causando una progresiva pérdida de la visión y daño en el nervio óptico.

Es la forma más frecuente de glaucoma, la pérdida de visión característicamente comienza en la periferia del campo visual y, si no se trata, acaba produciendo ceguera.

Glaucoma de ángulo cerrado: provoca subidas bruscas de la presión ocular, normalmente en un sólo ojo. Cualquier factor que provoque una dilatación de la púpila hace que se estreche el orificio de salida del humor acuoso y causa una subida de la presión intraocular. Produce una  pérdida de la visión y un dolor agudo o pulsátil en el ojo. Las náuseas y vómitos suelen ser frecuentes.

Glaucoma secundario: cuando el ojo padece una infección, inflamación, catarata... puede verse interferido el paso del humor acuoso y no se drena correctamente. 

El especialista sospechará que puede existir un glaucoma cuando el paciente presenta:

  • Problemas característicos en el campo visual que se objetivan al realizar la campimetría.
  • Exámen del nervio óptico anormal en la oftalmoscopia.
  • Presión intraocular normalmente > 21 mm Hg (aunque no es necesario para el diagnóstico).
  • Si se excluyen otras causas.

El glaucoma se diagnostica cuando aparecen signos característicos de daño en el nervio óptico y se descartan otras causas (por ej. esclerosis múlitple).

Las pruebas que se realizan de manera rutinaria son la medición de la presión ocular mediante la tonometría y la exploración del nervio óptico, mediante la oftalmoscopia, para la que es necesario dilatar el ojo.

Además se puede realizar una campimetría para valorar el campo visual, una gonioscopia para estudiar si el ángulo entre iris y la córnea está abierto o cerrado y un paquimetría para estudiar el espesor de la córnea.

El tratamiento médico del glaucoma consiste en instilarse gotas en colirio para bajar la presión ocular. La mayoría de gotas han de usarse 2 ó 3 veces al día durante toda la vida.

A veces, al cabo del tiempo no se toleran bien y el paciente debe ser tratado con láser o ser operado.

La trabeculoplastia láser es un tratamiento ambulatorio que se realiza en consulta en pocos minutos. Sólo es útil en pacientes mayores y en muchos casos, desaparece su efecto al cabo de un tiempo. La ciclofotocoagulación con láser díodo sólo es útil en glaucomas muy avanzados.

La técnica quirúrgica más empleada es la trabeculectomía, ya sea perforante o no perforante, que consiste en buscar una nueva salida de humor acuoso del ojo hacia el exterior.

> Saber más sobre la cirugía del glaucoma

Saber más sobre el glaucoma

El glaucoma es una neuropatía óptica progresiva secundaria a un aumento de la presión ocular que produce una pérdida del campo visual e incluso puede llevar a la ceguera.

Existen varios tipos, el más frecuente es el crónico que aparece a partir de los 40 años.

Con los programas de detección precoz se ha conseguido que el glaucoma se detecte en fases muy tempranas. Con el adecuado tratamiento, puede prevenirse para evitar la pérdida de visión que cuando aparece, es irreversible.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Pérdida de agudeza visual
  • Pérdida de visión central
  • Halos de luz o colores alrededor de las luces brillantes
  • Dolor de cabeza o dolor ocular
  • Náuseas o vómitos

El glaucoma produce una pérdida del campo visual periférico que no influye en la visión central hasta las fases finales.

El glaucoma crónico, que es el más frecuente, no da ninguna señal, excepto a veces cierto dolor de cabeza. Habitualmente se ignora y de ahí que sea grave, progresivo e irreversible si no se trata.

A partir de los 40 conviene tomarse la presión ocular para ver si ha aumentado y para que se pueda tratar antes de que se haya producido este daño irreversible.

La causa del aumento de la presión ocular es el fallo en la salida del humor acuoso. Es una enfermedad con un componente hereditario.

Los factores de riesgo según la Academia Americana de Oftalmología para tener esta enfermedad son:

  • Antecedentes familiares de glaucoma.
  • Miopía alta.
  • Uso de algunos medicamentos como los corticoides.

En la actualidad, se desconocen qué factores de riesgo pueden conducir a esta enfermedad. Se ha estudiado su relación con el café, el tabaco, la dieta rica en grasas, azúcares y sal, o el estilo de vida y no se ha encontrado ninguna asociación clara.

Lo que sí que está claro es que para evitar la pérdida de visión que puede provocar el glaucoma lo mejor es hacer una visita periódica al oftalmólogo a partir de los 40 años.

A esa edad suele aparecer la vista cansada y es cuando se recomienda tomar la tensión ocular al acudir al óptico. Un nivel elevado en la presión intraocular, que no siempre conlleva la aparición de glaucoma, hace recomendable la visita al oftalmólogo. 

Con las técnicas actuales de cirugía las complicaciones son escasas y pueden resolverse en los primeros días tras la cirugía.
 
La complicación peor es la pérdida del efecto de la trabeculectomía, lo que supondría que la presión siguiera siendo alta.
 
Cómo es el postoperatorio
Durante las primeras semanas debe evitar esfuerzos físicos y deberá instilarse un colirio antiinflamatorio. Deberá acudir con frecuencia a la consulta con su oftalmólogo para comprobar que la salida del humor acuoso se realiza correctamente por la nueva vía y que su presión ocular se ha normalizado.

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