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“¿Que si hay riesgos? Muchos. Pero merece la pena”

19 DE AGOSTO de 2014

Con motivo del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se celebra el 19 de agosto, entrevistamos al Dr. Alberto Lafuente, anestesista de la Clínica, vicepresidente del Colegio de Médicos de Navarra y director de su Oficina de Cooperación, miembro de la Comisión Técnica de la Fundación Red de Colegios Médicos Solidarios, cuya función es asesorar y formar a los médicos cooperantes, y experto en asistencia humanitaria y cooperación al desarrollo.

El Dr. Alberto Lafuente, anestesista de la Clínica y experto en ayuda humanitaria.

El Dr. Lafuente cuenta con una amplia experiencia en este campo. Ha participado en varias misiones internacionales, como el terremoto de Haití, la guerra de Afganistán, los terremotos y las inundaciones de Pakistán e Indonesia, entre otros. Además, es profesor asociado de Medicina y Ayuda Humanitaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, primera facultad de España en poner en marcha una asignatura especializada en el manejo sanitario y la gestión en situaciones de desastres naturales o emergencias.

Cuando se llega a un país tras una catástrofe o un conflicto bélico, ¿cuál es el principal objetivo de la asistencia humanitaria?

Principalmente lo que se pretende es ayudar, pero no tanto la ayuda externa, que es la que todo el mundo ve, sino el apoyo a las instituciones que están allí. Indudablemente, es necesario aportar medicación, dinero, recursos, etc., pero sobre todo es importante apoyar a las instituciones para que consigan un correcto funcionamiento por sí mismas.

Entonces, ¿podemos decir que hay distintos tipos de ayuda humanitaria?

Dentro del ámbito sanitario, la ayuda humanitaria es la fase de emergencia. Esta parte es la más mediática, de la que más eco se hacen los medios de comunicación. Sin embargo, posteriormente, viene la fase de cooperación al desarrollo, que es un trabajo de varios años de duración y que es fundamental. Sin la ayuda humanitaria, la cooperación al desarrollo es difícil muchas veces, pero sin cooperación al desarrollo la ayuda humanitaria no tiene sentido.

En unas condiciones tan desfavorables, ¿cómo es posible ofrecer ayuda humanitaria efectiva?

Sobre todo hay que saber lo que es donar y saber donar. Es necesario conocer la cultura de la zona a la que vas, sus necesidades reales y cuáles son los objetivos que se buscan. Por otro lado, hay que saber recibir esa ayuda y aprovecharla de la forma correcta.

Cuando prestáis ayuda de emergencia, el tiempo es un factor clave. ¿Cómo hacéis esa preparación rápida para el traslado al lugar de asistencia?

Cuando yo comencé como cooperante la preparación que teníamos era muy básica, era técnica y poco más. Con el paso del tiempo, y con el desarrollo de los acontecimientos, como el tsunami del 2005, llegamos a la conclusión de que era necesario elaborar un plan de formación específica, tal y como indicaba la OMS y la ONU. Fue después del terremoto de Haití de 2010, cuando la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), a través de su director de la oficina, Pablo Yuste, nos “retó” a crear un manual. Este manual está avalado por la OMS y la OPS, explica qué formación tiene que tener cada profesional y qué material hay que llevar en función de la catástrofe de que se trate. No es lo mismo una emergencia, por ejemplo, por un terremoto, donde encontraremos mucha patología traumatológica y de cirugía, como una inundación como la de Pakistán, donde habrá mucho proceso de atención primaria, u otro tipo de asistencias como los conflictos bélicos.

Tienes una amplia experiencia en ayuda humanitaria, ¿cuál es la situación más compleja que te has encontrado?

Cada caso tiene sus complicaciones. Personalmente, fue difícil para mí el terremoto de Haití, porque fui como coordinador de la asistencia médica del contingente español y tuve que coordinar a mucha gente (más de cien personas) en un ambiente muy adverso. Al final los resultados fueron muy satisfactorios, ya que conseguimos implantar un modelo hospitalario dentro del centro médico en el que estuvimos y lo dejamos en marcha. Luego, ha habido otros momentos críticos como Afganistán, donde tuvimos que trabajar en un hospital civil. En definitiva, más que momentos críticos, podemos decir que cada acción es crítica. Pero siempre hay que ver el lado positivo, porque el esfuerzo tiene su recompensa cuando, con el tiempo, haces un seguimiento y ves que las cosas que empezaste van funcionando. Eso produce una gran satisfacción.

¿Qué es lo que le conduce a uno a dedicarse a la ayuda humanitaria?

Yo creo que es cumplir con el deseo principal que tienes cuando estudias Medicina: ayudar a los demás. Es cierto que tú das, pero sin duda recibes mucho más. ¿Que si hay riesgos? Muchos. Pero merece la pena. Aunque tengo que decir que tan importante es la ayuda humanitaria como estar aquí en España ejerciendo la Medicina. Simplemente a mí me gusta este ámbito de la Medicina, y es lo que intento hacer. Cada vez que veo una situación compleja me digo “es que yo puedo estar allí”.

Supongo que conllevará muchos sacrificios profesionales y personales…

Sacrificios, muchos. A nivel profesional es un reto, porque tenemos que conseguir la misma calidad de asistencia con menos medios. Además, la coordinación y la gestión de los procesos que se realizan allí deben ser adecuadas a su cultura, para que permanezcan. Y, a nivel personal, pues es verdad que en ocasiones estás jugando con tu vida, claro. Sabiendo que dejas aquí una familia. Hay gente que me pregunta: “¿Por qué?”. Y yo les respondo: “¿Por qué no?”. Es un riesgo, pero compensa. A mí me gusta, y tengo el apoyo familiar que me lo facilita. Por supuesto que siempre intentas cuidarte para que no te suceda nada e ir con la máxima seguridad. Aunque también existen muchos mitos sobre esto: ni vas a salvar a todos, porque es imposible, ni es siempre muy peligroso, ni tampoco es ese “no es para tanto; allí se vive muy bien en realidad”. Por ejemplo, yo en Haití estuve 3 días sin comer y sin beber agua, y te aseguro que se pasa realmente mal…

Para desarrollar esta labor humanitaria, supongo que contarás con el apoyo de la Clínica

La Clínica está apostando por esto y me está facilitando muchísimo mi labor como cooperante. En ese sentido creo que soy un privilegiado. Para la CUN es una manera también de ayudar sobre el terreno. Y también agradezco la colaboración y comprensión a mis compañeros, que para ellos también supone un esfuerzo.

¿Qué papel ocupa España en cuanto a ayuda humanitaria y cooperación internacional?

En España hay mucha gente que se dedica a esto. Que trabaja en silencio en diferentes ONG’s tanto de ayuda humanitaria como de cooperación al desarrollo. Quizás en ayuda humanitaria todavía no estamos a nivel organizativo como en otros países, pero creo que a con el manual que hemos creado sí que vamos a avanzar de manera importante en este sentido.

Has sido uno de los responsables de la creación de la primera asignatura sobre ayuda humanitaria en una Facultad de Medicina. ¿Por qué esta inquietud?

Ahora que hay tantos recortes, que salir es tan complejo, decidimos aprovechar este tiempo y crear una asignatura universitaria para formar a futuros cooperantes. Para que no pasen por lo que hemos pasado nosotros, y vayan ya con un aprendizaje previo. La asignatura, que se llama Medicina y Ayuda Humanitaria, se imparte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra. Con ella intentamos básicamente conseguir tres objetivos. En primer lugar, dotar al estudiante de Medicina de los conocimientos y habilidades necesarios para el manejo sanitario y la gestión en situaciones de desastres naturales o emergencias complejas. En segundo lugar, deseamos avivar la base humanitaria que debe cimentar la actuación del médico, para que sepa ejercer su profesión con altruismo, entendiéndola como un servicio. Y, como tercer objetivos, pretendemos desarrollar la capacidad crítica y estimular el afán de superación para alentar el hábito de hacerse preguntas que lleven a mejorar su actividad profesional, el manejo de los recursos y las relaciones de su entorno.

Supongo que tiene que ser muy duro vivir in situ una catástrofe y la falta de medios, y pensar que, si estuvieran en otro país, se podrían salvar más vidas u ofrecer mejor asistencia…

Es que tienes que cambiar el chip. Nuestro objetivo es intentar dar la misma calidad de servicio aunque sea con otros medios. No buscamos “salvar”, sino apoyar a las instituciones sanitarias locales y darles dignidad: que puedan prestar la misma atención que tendría cualquier persona del mundo. Somos un eslabón más dentro de una cadena. Si cae uno, se rompe la cadena. Pero nosotros no somos la cadena.

Pero hay países en los que realmente hay menos medios…

He vivido situaciones de crisis en distintos países y, al final, con distintos medicamentos, se consigue ofrecer una atención digna.

¿La crisis del ébola requiere ayuda humanitaria?

Efectivamente, se trata de una crisis de ayuda humanitaria. Aunque siempre han existido brotes de ébola, no habían tenido tanto impacto mediático como esta vez. Hay que tener en cuenta que el ébola es una enfermedad compleja por su alta mortalidad. Por este motivo, es fundamental la prevención, que es una parte importante de la ayuda humanitaria. Hay que formar a la gente, tanto a los sanitarios como a la población en general, para evitar contagios y que se extienda el brote. Es complejo, pero es la forma más eficaz, es donde hay que invertir. Por ejemplo, yo impartí un curso para varios países de Asia sobre cómo actuar en casos de emergencia, como el tsunami.

¿Cuáles son ahora los “puntos calientes” de ayuda humanitaria?

Hay varios puntos calientes: las emergencias complejas bélicas (Gaza, etc.) y otros puntos en África con hambrunas, enfermedades (ébola, malaria…). No se está aportando la ayuda suficiente porque no hay una unión de países para luchar contra esas enfermedades, sequía, etc. Esto debería hacer la ONU, alinear a los países para trabajar de manera conjunta.

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