Historias de la Clínica

cáncer de mama durante su embarazoBeatriz P.

Historias de pacientes de la Clínica: Beatriz P.

Fue diagnosticada de un cáncer de mama a los cinco meses de gestación. Superó el miedo. Hoy quiere ser madre otra vez.

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Con 2,300 kilogramos vino al mundo hace seis años, en Gijón, Jaime Fermín M.. Pero, para ello, tuvo que superar más obstáculos de los habituales. A su madre, Beatriz P., gijonesa de 36 años, se le diagnosticó a los cinco meses de gestación un cáncer de mama que le llevó a la Clínica Universidad de Navarra en busca de una solución.

Su caso fue uno de los que se abordaron en el Simposio sobre Cáncer y Embarazo celebrado en Pamplona el 23 y 24 de marzo.

¿Cuándo y cómo se le diagnostica la enfermedad?
Estaba embarazada de cinco meses, y mi ginecólogo en Gijón me dijo que no era nada, que eran glándulas inflamadas. Insistí y conseguí que me hicieran una ecografía de mama, y a continuación me hicieron una punción. Sobre la marcha vieron que no era bueno y me dieron los resultados. Me diagnosticaron inmediatamente el carcinoma ductal infiltrante de mama.

¿Sintió miedo al enterarse de la noticia?
Más que miedo me dio pena. Fui a ver al médico que me diagnosticó, porque me llamó por teléfono. Se portó de maravilla y dio la cara. Medio en bable me dijo “es feo”, y le pregunté que si mucho. Me contestó que no le gustaba y entonces le pregunté: “¿Qué me quiere decir, que tengo cáncer?”. Se lo tuve que decir yo, porque el pobre no sabía ni cómo decírmelo.

¿Cuál fue su reacción en ese instante?
No sabía muy bien qué hacer y decidimos informarnos. Nos enteramos de que la Clínica Universidad de Navarra era un punto de referencia a nivel europeo para estos casos. Al día siguiente de llamar me recibieron. En 24 horas tenía confirmado el diagnóstico y muchas pruebas hechas.

¿Qué fue lo peor de todo?
Los detalles escabrosos se van olvidando, aunque parezca mentira. Lo que te queda es una alegría de haber acertado, de que hay algo que te guió a hacer lo correcto, y de que el niño está vivo, que para mí era lo principal.

¿Cómo se mantuvo entera durante esos meses?
Recé mucho. A mí eso me confortó muchísimo, porque pienso que la fe ayuda en estas circunstancias. En todas, pero más cuando más la necesitas. Y hablas con tu marido de cosas que a lo mejor no hubieras hablado. Estaba reprimiendo la alegría de las cosas que me decían para no tener luego que entristecerme de golpe. Pensaba que era fácil que pudiera morir. Pero no tomé tranquilizantes, nunca me mediqué, siempre intenté superarlo por mí misma. Además, mi marido me ayudó muchísimo. No me lo merezco. Él fue mi psicólogo.

Dicen que las madres embarazadas se comunican con sus hijos… Me encontraba tan mal que no estaba para cosas tan tiernas. Sufría porque el niño se movía mucho, y yo notaba que sus movimientos eran de sufrimiento. Él estaba pasando la quimioterapia conmigo, y el pobre no tenía culpa ninguna. Sabía que la placenta le protegía, pero pensaba: “¿Y si alguna célula cancerígena se cuela?”. Tenía dudas, aunque los médicos me aseguraban lo contrario. Y tenía muchas ganas de que naciera porque no quería que sufriera por la quimioterapia.

¿Qué recuerdos tiene de cuando llegó a Pamplona aquella primera vez?
Cuando vi el enorme edificio con el letrero que ponía ‘Clínica Universitaria’ me llevé una alegría increíble. Y cuando encima el doctor Guillermo López me dice que al niño no le va a pasar nada y que me pueden tratar, me dio una gran alegría; es una de las personas más maravillosas que me he encontrado en la vida y tengo muchísimo que agradecerle. Nunca me cansaré de dar gracias a Dios por haberme iluminado para que me fuera a la Clínica.

¿Cómo fue, tras el tratamiento, el parto?
A los siete meses. Lo habíamos planeado para que el Dr. López me asistiera, pero el niño no aguantó. El ginecólogo que me atendió en el Hospital de Cabueñes (Gijón), especialista en partos de alto riesgo, lo hizo muy bien. Fue horrible: sin epidural, sin anestesia, con un fallo en el riñón, taquicardias…Doce horas espantosas y por poco me tienen que hacer una cesárea. Al fin, me pusieron al niño encima, me miró y se apoyó en mí como diciendo “tranquila, ya he salido, ya puedes acabar de curarte”.

Seis años después, con un hijo y el cáncer superado, ¿cómo es su vida?
Me encuentro fenomenal. Yo creo que mejor que antes, porque las circunstancias de la vida te refuerzan. Tengo ganas de seguir viviendo.

¿Qué mensaje mandaría a las mujeres que sufren un cáncer en su embarazo?
Que se pueden tratar con quimioterapia y salvar al niño. Tienes que ser generosa. ¡Y con quién mejor que con tu propio hijo!

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