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Reflujo vésico-renal

Paso de orina de la vejiga al uréter-riñón. Es siempre patológico y puede deberse a una obstrucción del tramo común inferior, a un aumento de la presión intravesical no obstructiva, a infecciones urinarias y a lesiones quirúrgicas del meato ureteral. En estos casos, se denomina reflujo secundario.

El reflujo primario es un defecto congénito de la unión ureterovesical. El uréter terminal, en condiciones fisiológicas, sigue un trayecto submucoso que impide el reflujo. El reflujo primario es consecuencia de un trayecto submucoso corto o anómalo. Esto explica que el reflujo cure espontáneamente en un 40-80% de los casos debido a que con el crecimiento del niño aumenta el trayecto submucoso ureteral y se resuelve el problema.

La incidencia del reflujo es desconocida, pero probablemente afecta al 1% de la población pediátrica. El reflujo se clasifica en grado I (afecta solo al uréter), grado II (alcanza el uréter y la pelvis renal), grado III (afecta al uréter y la pelvis, con cierto grado de dilatación) y grado IV (dilatación importante del uréter, la pelvis y los cálices).

Se asocia, típicamente, a una infección sintomática o asintomática. El 25-50% de los niños con infección urinaria tienen reflujo (si son menores de un año, el 70%; si tienen cuatro años, el 25%; si tienen doce años, el 15%). El 30-60% de los pacientes con reflujo vésico-renal tienen cicatrices renales.

El 70% de los niños con cicatrices renales padece reflujo vésico-renal. Las cicatrices renales se producen sobre todo en menores de cinco años y por asociación de reflujo e infección. Son la consecuencia más grave del reflujo vésico-renal. Pueden conducir a una atrofia renal y, excepcionalmente, son la causa de una insuficiencia renal crónica. El diagnóstico se realiza mediante una cistografía de relleno (prueba radiológica en la que se introduce, mediante una sonda, contraste en vejiga, que evidencia el reflujo ascendiendo por los uréteres).

El objetivo del tratamiento es evitar infecciones, evitar cicatrices y asegurar el crecimiento renal. Como quiera que el reflujo vésico-renal se cura espontáneamente en una proporción alta de pacientes, está indicado un tratamiento conservador no quirúrgico en los pacientes grado I y II. En estos casos, el tratamiento consiste en profilaxis antibiótica en bajas dosis, para evitar la infección, que cuando no existe evita siempre la aparición de cicatrices renales. Los buenos resultados son del 80% en estos casos. En los grados III y IV la indicación de cirugía está justificada.

Las técnicas quirúrgicas consiguen la resolución del reflujo en el 90% de los casos. Son técnicas extravesicales (la más conocida, técnica de Gregoir) o intravesicales (la más utilizada es la técnica de Cohen y la más clásica la técnica de Ladbetter-Politano). En la actualidad, la inyección endoscópica de Teflon o colágena submeatal está sustituyendo a la cirugía convencional.

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