Hepatitis C

en más del 80% de los casos se cronifica

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Diagnóstico y tratamiento en la Clínica

El dato que inicialmente lleva al diagnóstico es el aumento de los niveles en sangre de las transaminasas, enzimas que son liberadas a la sangre por la muerte celular producida por la inflamación del hígado.

Esta elevación puede ser muy importante en las hepatitis agudas, y es leve o moderada en las hepatitis crónicas.

A partir de ahí, el diagnóstico se completa con otras determinaciones analíticas que, además, ayudarán a encontrar la causa de la hepatitis y a determinar su severidad y su pronóstico. Para el diagnóstico definitivo es necesario en muchos casos realizar una biopsia hepática.

El tratamiento de la hepatitis C se basa en medicamentos antivirales. El tratamiento indicado es la combinación de dos medicamentos, el interferón alfa y la ribavirina y, actualmente, se emplea una nueva formulación del interferón alfa, el interferón alfa pegilado, cuya eficacia en combinación con ribavirina es aún mayor.

El tratamiento dura entre 6 y 12 meses, dependiendo del genotipo viral y las características de la respuesta de cada enfermo. En general, este tratamiento se tolera muy bien, aunque puede provocar diversos efectos secundarios potenciales, lo que hace necesario un seguimiento cercano del especialista.

Hay algunos factores facilitan la eficacia del tratamiento, como son una menor edad, una enfermedad poco evolucionada, el genotipo 2 ó 3 y una baja carga viral.

En los casos en que el tratamiento no es eficaz y la enfermedad evoluciona hacia el desarrollo de una cirrosis hepática y sus complicaciones, el único tratamiento posible es el trasplante de hígado.


La investigación en nuevos tratamientos contra el virus C es muy activa.

Nuevos medicamentos antivirales, como los inhibidores de las proteasas, se encuentran actualmente ya en fase de experimentación clínica, y probablemente permitan, asociados con otros fármacos como peginterferón y ribavirina, aumentar las tasas de curación de la enfermedad.

Las distintas formas de inmunoterapia, las vacunas terapéuticas, permiten confiar en que en un futuro próximo se pueda luchar de manera más eficaz contra esta enfermedad.


En la mayor parte de los casos, un paciente con una hepatitis crónica por virus C puede y debe hacer una vida completamente normal. La actividad profesional, social o la práctica deportiva son perfectamente posibles con esta enfermedad.

La dieta de un enfermo con hepatitis C debe ser variada y equilibrada, pero con las mismas características que la de cualquier otra persona. No hay ningún alimento contraindicado específicamente.

Sí que es necesario controlar la ingesta de alcohol, ya que es un tóxico para el hígado, que además acelera de manera muy importante la evolución de la hepatitis C. La recomendación general debe ser abstenerse por completo de tomar bebidas alcohólicas.


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La Clínica lleva a cabo numerosos estudios de investigación en relación con las hepatitis virales, y pone a su disposición la más avanzada tecnología y los últimos avances terapéuticos.

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En los últimos 20 años el tratamiento de la hepatitis C ha progresado de una manera notable, de modo que ha pasado de ser una enfermedad no bien conocida y para la que no existía ningún tratamiento, a convertirse en la actualidad en una patología con una curación total de más del 50% de los casos".

Saber más sobre la hepatitis C

Las hepatitis son un grupo de enfermedades caracterizadas por producir inflamación del hígado. La infección por estos virus eleva las transaminasas y sólo en algunos casos aparecen síntomas.

El virus de la hepatitis C es un virus de la familia de los flavivirus, constituido por una cadena de RNA.

Existen algunas variantes de este virus, llamados genotipos, cuyo comportamiento puede ser algo diferente, especialmente en la respuesta al tratamiento antiviral. Se describen 6 genotipos mayores del virus C.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Ictericia
  • Coluria
  • Acolia
  • Cansancio
  • Malestar general

El virus de la hepatitis C se transmite fundamentalmente por lo que llamamos vía parenteral, es decir, a través de las transfusiones de sangre y hemoderivados (actualmente con una probabilidad mínima debido a las medidas de detección, pero muy frecuente antes de 1990) y de los pinchazos con material contaminado (tatuaje,piercing o las manipulaciones dentales antes de la introducción de buenas medidas higiénicas).

Este virus puede transmitirse a través de las relaciones sexuales, pero con una eficacia muy reducida, por lo que la incidencia de esta enfermedad en cónyuges de pacientes infectados por el virus C es muy cercana a la de la población general.

La hepatitis aguda, en la mayor parte de las ocasiones, no causa ningún síntoma y pasa desapercibida para el enfermo y para los que le rodean.

Pueden existir síntomas inespecíficos, como malestar general, cansancio o náuseas, pero en muy pocas ocasiones se desarrolla ictericia, es decir, pigmentación amarilla de la piel y las mucosas, que se acompaña de orinas de color oscuro y deposiciones blancas o amarillentas. Esta hepatitis aguda se cronifica en más del 80% de los casos.

La hepatitis crónica por virus C también se caracteriza por producir muy pocos síntomas durante muchos años, por lo que lo más frecuente es que se diagnostique de forma casual, al realizar análisis por otros motivos.

Cuando existen síntomas, los más frecuentes son cansancio y molestias leves en lado derecho del abdomen. Algunos enfermos pueden desarrollar síntomas relacionados con enfermedades asociadas a la infección por virus C, como manifestaciones cutáneas, articulares, síndrome seco, etc.

Únicamente en fases avanzadas de la enfermedad, cuando se desarrolla una cirrosis hepática, aparecerán los síntomas propios de esta patología y sus complicaciones.

La hepatitis aguda por virus C, difícil de detectar, se hace crónica en un 80-90% de los casos. Una vez establecida la hepatitis crónica, es muy rara la curación espontánea de la enfermedad. La evolución natural de la enfermedad puede ser muy variable:

  • En un tercio de los enfermos no hay ninguna progresión y la enfermedad permanece estable durante toda la vida.
  • En otro tercio de los casos progresa muy lentamente hacia el desarrollo de una cirrosis hepática, tardando una media de 20-30 años.
  • En el último tercio de los casos puede evolucionar de manera mucho más rápida y desarrollar una cirrosis hepática en tan sólo 5 a 10 años.

La velocidad en la evolución de esta enfermedad depende de las características de cada enfermo, de características del propio virus, y también de factores externos como la ingesta de alcohol, que acelera enormemente la progresión a cirrosis.

Los bancos de sangre examinan todas las muestras para descartar la infección por el virus de la hepatitis C, por lo que el contagio se ha reducido enormemente en los últimos años.

Evitar compartir jeringuillas y aplicar las medidas higiénicas razonables en todas las prácticas que impliquen contacto con sangre puede anular prácticamente esta vía de contagio.

Con esas medidas, la incidencia de hepatitis C en las generaciones más jóvenes se ha reducido drásticamente en el mundo desarrollado. Desgraciadamente, no existe todavía una vacuna que prevenga la infección por el virus C.

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