Artritis reumatoide

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Diagnóstico y tratamiento de la artritis reumatoide en la Clínica

El reumatólogo valora los síntomas que presenta el enfermo y realiza una exploración física para comprobar si presenta calor, dolor e hinchazón en las articulaciones.

Los hallazgos que se pueden encontrar en las radiografías y algunos estudios analíticos (VSG, PCR, factor reumatoide, Anticuerpos anti-péptidos citrulinados cíclicos o Ac anti-CCP) son de gran utilidad para confirmar el diagnóstico.

Un buen control de la artritis reumatoide requiere de un diagnóstico temprano.

La artritis reumatoide no tiene en el momento actual un tratamiento curativo.

Los objetivos del tratamiento son disminuir los síntomas y la discapacidad de los pacientes y evitar que se produzca un daño permanente en las articulaciones.

No existe una única terapia que sea eficaz para todos los pacientes y muchos deberán cambiar las estrategias del tratamiento durante el curso de la enfermedad.

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El tratamiento y seguimiento de varias de las enfermedades reumáticas se realiza de forma conjunta y multidisciplinar con otros servicios.

Los objetivos del tratamiento son disminuir los síntomas y la discapacidad de los pacientes y evitar que se produzca un daño permanente en las articulaciones". 

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y los glucocorticoides: para aliviar el dolor y la inflamación.
  • Fármacos modificadores de la enfermedad (FARME): son fármacos inmunosupresores (metotrexato, sulfasalacina, leflunomida...). Utilizados para controlar la actividad de las enfermedades reumatológicas. Su uso adecuado tiene como objetivo inducir o mantener la remisión de la enfermedad, reducir la frecuencia de recaídas y reducir la administración de corticoides.
    Aquellos pacientes con un diagnóstico establecido de artritis reumatoide deben comenzar el tratamiento con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad. Estos medicamentos, a menudo, se utilizan en conjunto con antiinflamatorios no esteroides y/o bajas dosis de corticosteroides.
  • Fármacos biológicos: utilizados en pacientes que no responden a los FARME on en pacientes con una enfermedad muy activa desde el inicio de los síntomas. Son fármacos seguros, pero previo al inicio de dicho tratamiento hay que realizar despistaje de infección por tuberculosis latente y descartar infección por virus de la hepatitis B y C.

Si persiste alguna articulación inflamada, se puede actuar localmente mediante infiltraciones con el fin de reducir la inflamación.

También es posible actuar localmente sobre articulaciones especialmente inflamadas con material ortopédico especial. Es posible que, durante la evolución de la enfermedad, alguna articulación resulte especialmente dañada y sea necesario realizar algún tipo de cirugía reparadora.

Saber más sobre la artritis reumatoide

Es una enfermedad en la que se inflaman las articulaciones produciéndose dolor, deformidad y dificultad para el movimiento, aunque también puede afectar otras partes del organismo.

Se trata de una enfermedad crónica, con una baja frecuencia de curación espontánea, aunque con un tratamiento adecuado se consigue un buen control de la enfermedad en la mayoría de los casos.

Es más frecuente en mujeres, pero también afecta a varones. Se presenta con mayor frecuencia entre los 45 y los 55 años. Asimismo, una forma muy similar de artritis puede afectar a los niños.

Mientras que en la artrosis existe un proceso lento de desgaste del cartílago articular (el tejido que recubre el hueso y actúa de amortiguador), en la artritis se produce una inflamación crónica de la membrana sinovial (la “bolsa” que recubre la articulación) que da lugar a dolor y dificultad para el movimiento y acaba dañando muy rápidamente el cartílago, el hueso, los ligamentos y los tendones.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Inflamación de articulaciones
  • Rigidez matutina
  • Deformidad progresiva de articulaciones
  • Reducción de la movilidad articular
Imagen preview del infográfico sobre la artritis reumatoide
Conozca qué es y cómo se trata la artritis reumatoide
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La causa es desconocida. Se han estudiado agentes infecciosos (bacterias, virus...) y aunque se han encontrado datos sugerentes en algunos casos, no hay evidencias que confirmen la implicación de uno en concreto.

La artritis reumatoide se clasifica como una enfermedad autoinmune, que se desarrolla debido a que determinadas células del sistema inmunológico no funcionan correctamente y comienzan a atacar a las articulaciones sanas.

Las articulaciones que se inflaman con más frecuencia son las muñecas, las de los dedos de las manos y de los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos.

Por las mañanas puede haber dificultad para el inicio de los movimientos (rigidez matutina) de duración variable.

La inflamación persistente puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor. La consecuencia será una deformidad progresiva de las articulaciones y la reducción de la movilidad articular, lo que puede llevar al enfermo a un cierto grado de discapacidad para hacer algunas tareas de la vida diaria.

Otros síntomas menos frecuentes son: fiebre inexplicable, cansancio fácil, dolor de cuello, hormigueos en manos o pies, dolor en el pecho o en los costados, sequedad de la boca, enrojecimiento o sensación de arenilla en los ojos y manchas o bultos en la piel.

  • Conviene dormir una media de 8-10 horas nocturnas
  • Hay que evitar actividades que precisen esfuerzos físicos, obliguen a estar mucho tiempo de pie o necesiten de movimientos repetitivos, sobre todo con las manos.
  • En el trabajo doméstico, hay que intentar no hacer fuerza con las manos. Existen utensilios que pueden ser de gran ayuda para las tareas domésticas.
  • En los periodos de poca inflamación, es muy recomendable practicar algún ejercicio físico de forma habitual y sin cansarse.
  • Durante el reposo, hay que adoptar una postura adecuada, evitando doblar las articulaciones.
  • El uso de un calzado adecuado es fundamental.
  • Una articulación inflamada debe mantenerse en reposo. Sin embargo, es muy conveniente contar con una buena musculatura alrededor de la articulación inflamada, pero sin mover dicha articulación (ejercicios "isométricos")
  • La utilización de aparatos que mantengan la posición adecuada de los dedos de las manos (férulas) para uso nocturno, previene futuras deformidades.

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