DICCIONARIO MÉDICO
Drenaje de Penrose
El drenaje de Penrose es un tubo blando y plano, fabricado clásicamente en látex y hoy también en silicona, que se coloca dentro de una herida o cavidad para evacuar hacia el exterior sangre, exudado o material purulento. Debe su nombre al ginecólogo estadounidense Charles Bingham Penrose, que lo describió a finales del siglo XIX. Es el ejemplo canónico de drenaje abierto pasivo. Se trata de un dispositivo tubular de pared muy fina que, al contactar con los tejidos, se aplasta y adopta una forma acintada. No tiene luz interna útil como conducto: el líquido no fluye por dentro sino por los intersticios que quedan entre los pliegues del material y entre este y la pared de la herida. La evacuación se produce por capilaridad, favorecida por la gravedad. Un extremo permanece dentro del organismo, en contacto con la colección; el otro emerge por una pequeña incisión aparte de la herida principal y descansa sobre un apósito absorbente o dentro de una bolsa colectora no sellada. Su radiodensidad limitada llevó a incorporar una tira radiopaca longitudinal en muchos modelos comerciales, lo que permite comprobar su posición mediante radiografía simple cuando existe duda sobre la localización o el trayecto. Para evitar que el dispositivo migre hacia el interior tras retirar los apósitos, es habitual atravesarlo con un imperdible o suturarlo a la piel en el extremo externo. Charles Bingham Penrose (Filadelfia, 1862 - Washington, 1925) fue profesor de ginecología en la Universidad de Pensilvania y cirujano en el Gynecean Hospital de Filadelfia. En los años ochenta y noventa del siglo XIX, los cirujanos estadounidenses ensayaban con distintos tubos de vidrio y de caucho para vaciar cavidades abdominales y pélvicas, con resultados desiguales por la rigidez del material y por las complicaciones que provocaba: hernias, adherencias, obstrucciones intestinales. En su tratado A Text-Book of Diseases of Women, cuya primera edición apareció en 1897, Penrose describió un dispositivo mucho más blando, fabricado con caucho vulcanizado, que se comportaba como una tira en lugar de como un tubo rígido y que resolvía buena parte de las molestias asociadas a los modelos anteriores. El diseño se difundió rápidamente y su nombre quedó ligado al dispositivo. Durante el siglo XX, el material evolucionó del caucho al látex y después a la silicona médica, más biocompatible y mejor tolerada por pacientes alérgicos. La forma básica del dispositivo, una tira aplastable, blanda y de superficie lisa, apenas ha cambiado en más de un siglo. Su uso clásico es la evacuación de cavidades contaminadas o infectadas, cuando el volumen esperado es difícil de predecir y el líquido puede contener detritos que obstruirían un tubo aspirativo de calibre fino. Los abscesos superficiales, algunas heridas perineales, el manejo de colecciones tras cirugía de la pared abdominal o el drenaje profiláctico de zonas de disección amplia figuran entre los escenarios habituales. En cirugía plástica y en cirugía general, sigue siendo una opción cuando se prefiere un sistema poco agresivo con los tejidos vecinos. Su reputación ha sido cuestionada en varias ocasiones. La comunicación directa con el ambiente convierte el trayecto en una vía potencial de contaminación bacteriana ascendente, y varios trabajos han señalado que el uso profiláctico indiscriminado del Penrose puede aumentar, no reducir, la incidencia de infección nosocomial respecto a otras alternativas. La indicación actual, por tanto, se ha estrechado: se prefiere cuando la ventaja del sistema abierto pesa más que su desventaja infecciosa, y no como recurso automático. En podología se emplea además con un propósito distinto (como torniquete elástico durante la avulsión de una uña) que no tiene relación con su función drenante. Frente al drenaje aspirativo, el Penrose no aplica ninguna fuerza mecánica sobre los tejidos: no colapsa vasos ni tracciona suturas, pero tampoco extrae líquidos frente a la gravedad. Frente a un tubo rígido con múltiples perforaciones, resulta más cómodo y menos traumático para las estructuras vecinas, aunque su rendimiento en volumen es menor. Y frente a un tubo en T de Kehr, comparte el mecanismo pasivo pero se orienta a heridas y cavidades subcutáneas, no a la vía biliar. De su creador, el ginecólogo Charles Bingham Penrose, quien lo dio a conocer en su tratado A Text-Book of Diseases of Women, publicado por primera vez en Filadelfia en 1897. Penrose desarrolló el diseño para sustituir los rígidos tubos de vidrio y caucho utilizados hasta entonces en cirugía abdominal y pélvica, cuya extracción resultaba dolorosa y a menudo se acompañaba de complicaciones. El nombre del dispositivo se consolidó en las décadas siguientes hasta convertirse en un epónimo universal. Porque la blandura era exactamente el problema que Penrose intentaba resolver. Los tubos rígidos causaban decúbitos sobre los tejidos vecinos, favorecían adherencias y su retirada requería a menudo abrir la herida. Un dispositivo aplastable se adapta a la anatomía sin lesionarla, se retira con facilidad tirando suavemente y transmite las molestias mínimas al paciente. La contrapartida es que no admite conexión a vacío: aplicar succión colapsaría por completo el material. Entre tres y cinco días en la mayoría de las indicaciones, aunque el período depende del volumen y del aspecto del líquido drenado. Se retira cuando el débito disminuye a un nivel considerado suficiente y el material tiene características de resolución. En casos concretos, la retirada puede ser progresiva: se extrae unos centímetros cada día para permitir que el trayecto se cierre desde el fondo hacia la piel. Puede ser molesta, especialmente si el material se ha adherido a los tejidos. La maniobra es breve y suele bastar con analgesia habitual. La sensación descrita con más frecuencia por los pacientes es una tracción incómoda de segundos, no un dolor sostenido. Se utiliza, aunque con indicaciones más estrictas que hace décadas. Los datos que asocian su uso profiláctico indiscriminado con mayores tasas de infección han llevado a preferir sistemas cerrados en muchos escenarios. Pero en heridas contaminadas, en cirugía de la piel y del tejido subcutáneo, y en algunos abordajes anales y perineales, mantiene un lugar propio. Definiciones del diccionario que sitúan el drenaje de Penrose en su contexto:Qué es el drenaje de Penrose
Charles Bingham Penrose y el origen del dispositivo
Indicaciones y consideraciones prácticas
Diferenciación con otros drenajes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre?
¿Por qué es blando y no rígido?
¿Cuánto tiempo suele permanecer colocado?
¿Duele su retirada?
¿Se sigue utilizando o se ha abandonado?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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