La diálisis
El riñón es el encargado de la depuración de la sangre, de eliminar las toxinas producidas por el organismo. Dicho de una forma muy simple, se podría considerar al riñón como el basurero del organismo o la lavadora que purifica la sangre. Además es el encargado en gran parte de regular la volemia corporal o la cantidad de agua, eliminando la sobrante y reteniendo la mayor cantidad posible en el caso de que el aporte de agua a nuestro organismo no sea el suficiente. Esta función va muy unida a la regulación del contenido en electrolitos de la sangre como ocurre con el sodio, potasio, etc. No son éstas las únicas misiones del riñón, sino que también se ha visto la importancia de este órgano en la fabricación de glóbulos rojos a través de la producción de la eritropoyetina, y en el control del metabolismo óseo por la activación de la vitamina D. Todas estas funciones se pierden con la aparición de una insuficiencia renal, de forma progresiva en la insuficiencia renal crónica o bruscamente en la aguda.
La diálisis
El tratamiento con diálisis suele requerir la realización de tres sesiones a la semana. La duración de cada sesión será de tres a cuatro horas. Será necesario el empleo de heparina, que evitará la coagulación de la sangre al ponerse en contacto con la superficie extraña del circuito. De todas formas, la pauta de tratamiento mediante diálisis dependerá de las características de cada paciente.
Es un método de depuración extrarrenal de las impurezas de sangre que no se pueden eliminar por vía urinaria. Consiste en el movimiento de solutos (iones, urea, creatinina, ácido úrico, etc...) y de solventes (agua) a través de los poros de una membrana semipermeable siguiendo los fenómenos de difusión (por la diferencia de concentración de solutos), filtración (por aplicación de presiones físicias) y osmosis. Si se ponen dos líquidos separados por una membrana semipermeable con diferentes concentraciones de solutos, habrá un paso de solutos desde el compartimento donde la concentración es alta hacia el que es más baja. A este proceso se le denomina propiamente diálisis.
Si se aplica una presión determinada sobre el líquido presente en un compartimento, pasará líquido a través de esa membrana pudiendo arrastrar moléculas capaces de atravesar los porlos de la membrana y este mecanismo es denominado como ultrafiltración. Esto también puede conseguirse colocando una sustancia en uno de los compartimentos que atraiga líquido desde donde la concentración es baja al que la tiene más elevada (osmosis). Ahora bien, esa membrana semipermeable debe estar en contacto con la sangre o muy cercana a los vasos sanguíneos y al otro lado habrá un líquido limpio y con la cantidad predeterminada de electrolitos con el fin de conseguir una concentración final en la sangre lo más parecido a la realidad. Además de permitir la eliminación de sustancias deberá favorecer la pérdida del exceso de agua que pueda haber en el cuerpo.
Esta membrana puede ser natural, es decir, ya presente en nuestro cuerpo como ocurre con la membrana peritoneal. Es una membrana que recubre la cavidad abdominal, se encuentra irrigada por una gran cantidad de vasos que permite un flujo de sangre adecuado. Este es el fundamento de la diálisis peritoneal. Este tipo de diálisis se realiza a través de un catéter que introduce un líquido limpio y con una concentración de glucosa determinada y permite la salida desde la sangre de toxinas, electrolitos y agua a través de la membrana peritoneal. Por otro lado, la membrana puede ser artificial, es decir, fabricada por el hombre.
Es el caso de la hemodiálisis, durante la cual la sangre se pone en contacto con un líquido limpio a través de una membrana circulando ambos en sentido contrario con el fin de que el intercambio sea lo más eficaz posible. La sangre debe proceder de un vaso sanguíneo mediante un acceso vascular a través del cual el flujo sea lo suficientemente alto como para alimentar de forma adecuada el circuito que lleva la sangre hacia el filtro donde está la membrana que realiza el intercambio. Este vaso será una vena de una extremidad que previamente se habrá puesto en contacto directamente con una arteria con el fin de que la sangre arterial circule hacia la vena dilatándola y haciéndola más superficial.
En el caso de que no pueda realizarse este tipo de acceso, deberá recurrirse a la colaboración de un catéter que acceda directamente a una vena de gran calibre. La sangre fluirá hacia el circuito sanguíneo que la dirige al filtro y una vez limpia la devuelve de nuevo al cuerpo a través de la vena dilatada o del catéter pero empleando habitualmente una puerta de entrada diferente. De esta forma la sangre entrará y saldrá del torrente sanguíneo llenando el circuito sanguíneo de la diálisis. La sangre irá impulsada a lo largo de ese circuito gracias a una bomba peristáltica con unos rodetes que oprimen una parte del circuito, lo que favorece la movilización de la sangre en una determinada dirección, del paciente al filtro y de nuevo al paciente. En ese filtro se producirá el intercambio y la salida de agua del compartimento sanguíneo hacia el otro espacio ocupado por el líquido de diálisis, que circula por otro circuito. El líquido de diálisis será producido en la propia máquina a partir de un agua tratada y purificada que se mezcla con otros líquidos que aportan los elementos necesarios para que el producto final tenga unas características que permitan el intercambio eficaz de solutos con la sangre para su depuración y que se vaya aproximando a la normalidad.
La máquina de diálisis aportará varios elementos de seguridad para que todas esas operaciones se realicen de forma controlada. Calienta el líquido de diálisis para evitar la pérdida de calor por parte de la persona, controla la composición final del líquido de diálisis, comprueba que no haya ninguna rotura de la membrana, verifica la presión de la sangre en el circuito sanguíneo con el fin de detectar cualquier problema en la entrada de sangre en el circuito o en su circulación a lo largo de ese circuito (trombosis, acodamientos, etc...). Además controla que no pase nada de aire al paciente, así como la cantidad de líquido que pasa del compartimento sanguíneo al otro, es decir, la pérdida de agua del paciente a lo largo del tratamiento.
El filtro tiene una membrana que separa un compartimento por el que circula la sangre del otro, por el que circula el líquido de diálisis. Dicha membrana suele estar dispuesta en forma de multitud de capilares por los que circula la sangre, estando éstos embebidos en el líquido de diálisis con lo cual la superficie de contacto será muy amplia (puede ser incluso de hasta dos metros cuadrados). Existen otros filtros menos empleados en los que la membrana está dispuesta en placas que separan diversos compartimentos sanguíneos u ocupados por el líquido de diálisis. Actualmente los compuestos que forman estas membranas son muy variados.
Durante el método de fabricación suele formarse la membrana por flotación de diferentes polímeros dando lugar a una membrana de un espesor de micras que si se observara con un microscopio muy potente tendría un aspecto poroso en ocasiones parecido al de una esponja. Las sustancias que constituyen dichas membranas suelen ser derivadas de la celulosa o, más frecuentemente, sintéticas. Según las características de los polímeros y de las condiciones de fabricación, incluso de su esterilización, la membrana ofrece una mayor o menor eficacia y compatibilidad para la diálisis.


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