DICCIONARIO MÉDICO
Lecho capilar
El lecho capilar es la red de capilares que irriga un territorio concreto de tejido, situada entre una arteriola que le lleva la sangre y una vénula que la recoge. En ese entramado la sangre entrega oxígeno y nutrientes a las células y retira dióxido de carbono y productos de desecho. Cada lecho reúne unas decenas de capilares, y la proporción que permanece abierta varía en cada momento según lo que el tejido necesite. «Capilar» procede del latín capillus, «cabello», por el calibre finísimo de estos vasos; «lecho» traduce el latín lectus en su acepción de superficie sobre la que algo se asienta o discurre, la misma que emplea la anatomía al hablar de lecho vascular. Un lecho capilar es, en consecuencia, el conjunto de capilares que tapizan y nutren una porción determinada de tejido. No se trata de un vaso, sino de una malla. La sangre llega por una arteriola, se reparte por esa malla donde ocurre el intercambio con las células y drena hacia una vénula que la devuelve al retorno venoso. La cifra de vasos que componen un lecho depende del órgano: entre diez y cien en un territorio típico, con densidades mucho mayores en el músculo activo o en el riñón que en un tendón o el cartílago. Dentro del lecho, la sangre dispone de dos recorridos. Un canal de paso (o canal preferente) conecta de forma directa la arteriola con la vénula y permanece casi siempre abierto; de él parten los capilares verdaderos, que son los vasos de intercambio propiamente dichos. En muchos tejidos, un vaso intermedio llamado metarteriola sirve de puente entre la arteriola y ese canal. A la entrada de cada capilar verdadero, un anillo de músculo liso (el esfínter precapilar) actúa como compuerta: al contraerse, la sangre esquiva ese capilar y sigue por el canal de paso; al relajarse, el capilar se llena. Los capilares carecen de músculo propio. Su llenado depende por entero de esos esfínteres y del tono de la arteriola que los precede, de modo que el reparto de sangre dentro del lecho puede cambiar de un segundo a otro sin que varíe apenas el flujo que entra por la arteriola. En reposo, el organismo mantiene abierta solo una fracción de su lecho capilar total, en torno a la cuarta parte. El resto permanece cerrado por la contracción de los esfínteres precapilares, que van turnándose de forma intermitente (un ritmo de apertura y cierre que se conoce como vasomoción). Cuando un tejido incrementa su actividad, por ejemplo el músculo durante el ejercicio o la mucosa intestinal tras una comida, la caída local de oxígeno relaja esos esfínteres y se abren capilares que estaban en reserva. Ese reclutamiento multiplica la superficie disponible para el intercambio sin necesidad de fabricar vasos nuevos. La ventaja es geométrica. Al entrar en juego más capilares, no solo circula más sangre: se acorta la distancia media que cada molécula debe recorrer hasta la célula más próxima, porque hay más puntos de intercambio repartidos por el tejido. A través de la pared de estos vasos, formada por una sola capa de endotelio y su membrana basal, pasan agua, gases y pequeñas moléculas. El balance entre la presión que empuja el líquido hacia el intersticio (hidrostática) y la que lo retiene en el vaso (oncótica) decide cuánto plasma se filtra y cuánto se reabsorbe; ese equilibrio se rige por el principio de Starling. La permeabilidad capilar propia de cada lecho ajusta el resultado: los capilares del glomérulo renal o del hígado dejan pasar líquido con mucha más facilidad que los del cerebro, donde las uniones entre células endoteliales son tan estrechas que constituyen la base de la barrera hematoencefálica. No. La microcirculación abarca todos los vasos de pequeño calibre de un territorio (arteriolas, metarteriolas, capilares y vénulas poscapilares); el lecho capilar es solo el tramo donde de verdad ocurre el intercambio con el tejido. Entre diez y cien en un lecho típico, aunque la densidad cambia mucho de un tejido a otro. Un músculo esquelético en plena actividad o la corteza renal albergan cifras altísimas; el cartílago articular, en cambio, no tiene capilares y se nutre por difusión desde el líquido que lo rodea. Rara vez. En reposo se perfunde alrededor de una cuarta parte del lecho capilar del organismo; el resto entra en servicio según la demanda. Los esfínteres precapilares abren y cierran los capilares por turnos, de manera que un mismo capilar alterna fases de flujo y de reposo a lo largo de los minutos. Esa reserva es la que se moviliza cuando un órgano necesita de pronto más oxígeno. El capilar es el vaso individual; el lecho capilar es la red que forman muchos de ellos al irrigar juntos un territorio. Hablar de lecho añade la idea de conjunto: cómo se reparte la sangre entre unos capilares y otros, y cuántos se abren o se cierran en cada instante.Qué es el lecho capilar
Cómo se organiza el flujo dentro del lecho
Por qué no se perfunde todo el lecho a la vez
El lecho como superficie de intercambio
Preguntas frecuentes
¿Significan lo mismo lecho capilar y microcirculación?
¿Cuántos capilares tiene un lecho capilar?
¿Están todos los capilares abiertos al mismo tiempo?
¿En qué se diferencia un lecho capilar de un capilar aislado?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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