DICCIONARIO MÉDICO
Alexitimia
La alexitimia es un constructo clínico que designa la dificultad persistente para identificar, describir y comunicar verbalmente las propias emociones. No figura como trastorno independiente en el DSM-5 ni en la CIE-11, pero se reconoce como un rasgo dimensional de la personalidad con repercusión en la esfera psicosomática y en la regulación afectiva. Se estima que afecta en torno al 10 % de la población general, con predominio masculino. Quien padece alexitimia no carece de emociones. Las experimenta, pero tropieza con un obstáculo peculiar: no consigue darles nombre. Ante una pregunta tan sencilla como «¿cómo se siente?», la respuesta típica es una descripción somática («me duele el estómago», «noto tensión en el pecho») en lugar de una etiqueta emocional como tristeza, ira o miedo. Esa confusión entre lo que el cuerpo siente y lo que la mente debería interpretar como emoción es el núcleo del concepto. El término fue acuñado en 1972 por el psiquiatra grecoamericano Peter Emanuel Sifneos, que trabajaba en el Beth Israel Hospital de Boston y observó que muchos de sus pacientes con trastornos psicosomáticos eran incapaces de articular en palabras su malestar emocional, lo cual dificultaba enormemente cualquier abordaje psicoterapéutico orientado al insight. Sifneos eligió un neologismo griego: ἀ- (a-, sin), λέξις (léxis, palabra) y θυμός (thymós, emoción o ánimo), que se traduce literalmente como «sin palabras para las emociones». La voz pasó al inglés como alexithymia y de ahí llegó al español. La RAE la recoge indicando precisamente ese origen anglógeno. Conviene no confundir alexitimia con alexia, un parónimo que comparte las dos primeras raíces griegas pero designa algo enteramente distinto: la pérdida adquirida de la capacidad de leer por lesión cerebral. El tercer componente (θυμός frente a la ausencia de tercera raíz) marca la divergencia. Desde los años setenta se han propuesto varias hipótesis para explicar por qué algunas personas no logran traducir sus estados internos en lenguaje emocional. Una de las más influyentes apunta a un déficit en la comunicación interhemisférica a través del cuerpo calloso: los centros de procesamiento emocional, predominantemente lateralizados en el hemisferio derecho, no transmitirían con eficacia su información a las áreas de producción verbal del hemisferio izquierdo. La emoción se genera, pero su representación léxica queda interrumpida a medio camino. Investigaciones posteriores con neuroimagen funcional han identificado también una actividad reducida en la corteza cingulada anterior y en la ínsula, regiones que participan en la percepción interoceptiva y en la evaluación consciente de los estados corporales. Es posible que la alexitimia no sea tanto un fallo del lenguaje emocional como un déficit más amplio de la interocepción: la persona no solo carece de palabras para sus emociones, sino que percibe con menor nitidez las señales fisiológicas que las acompañan. Alexitimia primaria (rasgo). Se presenta como una característica estable de la personalidad, a menudo detectable desde la adolescencia. Algunos datos sugieren un componente hereditario y una asociación frecuente con trastornos del espectro autista: hasta un 50 % de las personas con autismo puntúan en rango alexitímico en la Escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20), el instrumento más utilizado para su medición. Alexitimia secundaria (estado). Aparece como consecuencia de experiencias traumáticas, estrés crónico o enfermedades neurológicas (párkinson, esclerosis múltiple, ictus). Funciona como un mecanismo de defensa: el sistema emocional, sobrecargado, se «cierra» a la introspección. A veces es reversible si se resuelve el factor precipitante, aunque no siempre. Sifneos observó una asociación llamativa entre alexitimia y patología psicosomática. Sus pacientes con úlcera gástrica, dolor torácico funcional o síndrome de intestino irritable presentaban con frecuencia rasgos alexitímicos marcados. No es difícil entender por qué: si la emoción no encuentra una salida verbal, tiende a expresarse por vía corporal. Esa observación sigue vigente en la literatura actual, donde la alexitimia se ha vinculado también a trastornos de la conducta alimentaria, dependencias y cuadros depresivos crónicos. La anhedonia consiste en la pérdida de la capacidad de experimentar placer. Una persona anhedónica sabe que debería sentir alegría ante algo que antes la producía, pero no la siente. La persona alexitímica sí siente, pero no identifica qué es lo que siente ni encuentra palabras para describirlo. Son déficits de planos distintos: uno afecta a la experiencia hedónica; el otro, a la representación verbal de los afectos. Con la apatía y la abulia la distinción es más sutil. Ambas implican una reducción de la motivación y la iniciativa, y pueden coexistir con alexitimia en contextos neurodegenerativos. Pero la apatía y la abulia se manifiestan sobre todo en la conducta (el paciente deja de hacer cosas), mientras que la alexitimia es un déficit cognitivo-afectivo que no necesariamente reduce la actividad del sujeto. Del griego ἀ- (sin), λέξις (palabra) y θυμός (emoción): literalmente, «sin palabras para las emociones». La acuñó en 1972 el psiquiatra Peter Sifneos en el Beth Israel Hospital de Boston, al observar que muchos pacientes psicosomáticos eran incapaces de verbalizar lo que sentían. Estrictamente, no. No aparece como entidad nosológica independiente en ningún sistema de clasificación vigente (ni DSM-5 ni CIE-11). Se considera un rasgo de personalidad dimensional que puede coexistir con diversos trastornos psiquiátricos y neurológicos, pero no constituye por sí mismo un trastorno mental. El instrumento más extendido es la Escala de Alexitimia de Toronto en su versión de 20 ítems (TAS-20), desarrollada por Bagby, Parker y Taylor en 1994. Evalúa tres dimensiones: dificultad para identificar sentimientos, dificultad para describirlos a otros y estilo de pensamiento orientado hacia lo externo. Puntuaciones por encima de 61 se consideran indicativas de alexitimia. Sí, existe un solapamiento notable. Estudios recientes indican que entre el 40 % y el 65 % de las personas con trastorno del espectro autista presentan rasgos alexitímicos significativos. Se ha propuesto que parte de las dificultades emocionales que se atribuían al autismo podrían deberse en realidad a la alexitimia co-ocurrente, lo cual tiene implicaciones para la intervención. No. Pese a compartir las raíces griegas ἀ- y λέξις, son conceptos de campos distintos. La alexia es la pérdida adquirida de la lectura por daño cerebral, un trastorno neurológico. La alexitimia se sitúa en la esfera afectiva y no implica lesión cerebral focal. Si desea profundizar en conceptos asociados a la alexitimia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la alexitimia
Bases neuropsicológicas del déficit emocional
Tipos y contextos clínicos
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra alexitimia?
¿La alexitimia es una enfermedad?
¿Cómo se mide?
¿Tiene relación con el autismo?
¿Es lo mismo alexitimia que alexia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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