Es la más frecuente de las reacciones alérgicas debidas a alergenos inhalados. Afecta aproximadamente al 5-10% de la población y suele comenzar en la infancia y la adolescencia. Tiene carácter estacional, primavera y verano, apareciendo cuando los niveles atmosféricos de polen son más elevados. En España la enfermedad es más común en el interior de la península que en zonas costeras.
Los pólenes que más frecuentemente causan la rinitis alérgica son abedul, álamo, olmo, roble, olivo, chopo, gramíneas y arbustos.
El polen de la hierba (aparece preferentemente en verano) es más propenso a causar alergia porque pesa muy poco y es fácilmente transportado largas distancias por el viento. En cambio, el polen de la mayor parte de los árboles (aparece preferentemente en primavera) es más pesado, sedimenta con rapidez y hay que estar bastante cerca del árbol para inhalarlo.
Los días de viento son peores ya que se difunden mejor los pólenes, mientras que la lluvia los precipita en el suelo.
El cuadro clínico puede ser leve y de corta duración provocando solamente molestias nasales o cuadros más severos con afectación ocular y respiratoria.
Se caracteriza por ataques de rinorrea (goteo nasal acuoso) con intenso escozor de la mucosa nasal que provoca congestión nasal y accesos paroxísticos de estornudos. Suele acompañarse de conjuntivitis con intenso lagrimeo, escozor, molestias con la luz y enrojecimiento del ojo.
Si el cuadro se agrava puede incluso que se manifieste como asma bronquial con "pitidos" al respirar, tos y dificultad respiratoria.
La historia clínica suele ser suficiente para el diagnóstico por su patrón estacional característico.
Si se quiere determinar concretamente el polen causante son muy útiles las pruebas cutáneas en donde se inoculan en la piel los distintos alergenos sospechosos y se observa si se produce la reacción inflamatoria característica.
La mejor medida de prevención es la de evitar la exposición al alérgeno. En este caso el evitar el polen es extremadamente difícil porque estas sustancias están muy diseminadas pero como medidas preventivas podemos:
Si las medidas preventivas no han sido suficientes en necesario acudir al médico el cual valorará el tratamiento más adecuado según la edad y la actividad del paciente.
Los antihistamínicos, preferiblemente los de segunda generación por su baja acción sedante, por vía oral o tópica son efectivos para disminuir el picor, los estornudos y la rinorrea.
Los descongestionantes nasales también son eficaces y en muchas ocasiones sirven para prevenir la aparición de los síntomas.
En ocasiones si los anteriores tratamientos no son eficaces o el paciente tiene una alergia a alguna sustancia en concreto se puede usar las vacunas para la alergia (inmunoterapia), para modificar o suprimir la respuesta alérgica y así disminuir la intensidad de las reacciones alérgicas.
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