El fumador pasivo es aquella persona que, pese a no ser fumadora, aspira este humo. El humo que inhala el fumador pasivo es el de la corriente secundaria, que contiene hasta tres veces más nicotina y alquitrán que la corriente principal que aspira el fumador y unas cinco veces más de monóxido de carbono. Un fumador pasivo expuesto al humo de tabaco durante una hora, inhala una cantidad equivalente a 2-3 cigarrillos.
La irritación nasal, de los ojos y de las vías respiratorias (con tos y flemas), son los sintomas más frecuentes asociados al humo del tabaco.
Un fumador pasivo tiene un 20 a 30% más de riesgo de padecer una enfermedad coronaria y cáncer de pulmón.
Los hijos de padres fumadores tienen un 20% más de riesgo de padecer asma, infecciones respiratorias (30%), otitis (50%), catarros frecuentes, tos persistente, etc.
En la mujer, el tabaco, reduce la fertilidad, tiene mayor riesgo de tener abortos prematuros y espontáneos, produce hemorragias durante el embarazo y complicaciones en el parto.
Cuando una mujer fuma durante el embarazo, el feto debe ser considerado fumador pasivo. Entre los efectos del tabaco destacan, el retraso del crecimiento intrauterino y el bajo peso al nacer en los recien nacidos.
El tabaquismo materno durante el embarazo, tambien es un factor de riesgo relacionado directamente con el Sindrome de la muerte subita del lactante.
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