| Dr. Nicolás García González Especialista en Medicina Interna Consultor. Departamento de Medicina Interna. Unidad de Hepatología CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA |
Es una enfermedad producida por el depósito de cristales microscópicos de ácido úrico en las articulaciones, provocando su inflamación dolorosa. A veces, estos cristales forman acúmulos que se pueden palpar -tofos-, o se depositan en los riñones, provocando cólicos nefríticos o alteraciones en su función.
Es 4 veces más frecuente en los hombres que en las mujeres. Puede presentarse desde la adolescencia hasta la edad senil, aunque preferentemente afecta a los hombres entre los 35 y 50 años y a las mujeres por encima de los 50 años.
Además del sexo masculino y la edad intermedia de la vida, el principal factor de riesgo es tener elevados los niveles de ácido úrico en la sangre, mayor cuanto más altos sean éstos. Otros factores predisponentes son la obesidad, la hipertensión arterial, la toma de ciertos fármacos y la dieta rica en precursores del ácido úrico.
En condiciones normales, la cantidad de ácido úrico que entra en el organismo con la dieta, más la que se produce a través de una serie de reacciones bioquímicas es igual a la cantidad de ácido úrico que se elimina, a través de la orina y, en menor medida, de las heces. Cuando la cantidad de ácido úrico producida más la cantidad ingerida es mayor que la que se elimina, el ácido úrico del organismo aumenta, lo que se traduce en niveles más altos en la sangre, hasta que precipita en forma de cristales, principalmente en las articulaciones, dando lugar a los síntomas y signos propios de la enfermedad.
Se presenta en forma de episodios bruscos («ataques») de dolor intenso e hinchazón de una articulación, constituyendo una de las causas de artritis aguda. El episodio agudo, sin tratamiento, dura varios días. Estos episodios tienden a repetirse, pudiendo afectar en los ataques sucesivos a cualquier articulación.
La articulación más frecuentemente afectada es la primera metatarso-falángica del pie, pero también puede ocurrir en otras articulaciones de los pies, los tobillos y, más raramente, en las rodillas o las muñecas. En ocasiones, pueden inflamarse las bolsas sinoviales o los tendones, dando lugar a bursitis o tenosinovitis, respectivamente.
Si se deja evolucionar la enfermedad, los ataques pueden no resolverse completamente, afectándose varias articulaciones a la vez y limitando de manera importante la calidad de vida del paciente. A veces, en fases avanzadas, aparecen acúmulos palpables en forma de nódulos duros, llamados tofos. En ocasiones, los cristales de ácido úrico se depositan en los riñones, dando lugar a episodios de cólico nefrítico.
Generalmente, se hace sobre la base de los síntomas y signos de la exploración física, y a la determinación de las cifras de ácido úrico en la sangre. En ocasiones es necesario extraer líquido de la articulación afectada para confirmar el diagnóstico observándose la presencia de cristales de ácido úrico en el líquido articular.
El tratamiento se basa en la administración de un antiinflamatorio no esteroideo, colchicina o ambos, a dosis descendentes durante varios días hasta el cese total de los síntomas. Es más eficaz cuanto antes se inicie.
En la gran mayoría de los casos, sí, con un tratamiento adecuado. Es preciso hacer una dieta pobre en alimentos ricos en purinas (fundamentalmente vísceras, mariscos, carnes rojas, espárragos y alcohol) y tomar una medicación, alopurinol o febuxostat, para disminuir el contenido del ácido úrico del organismo, a veces durante muchos años. Durante el primer año puede ser útil añadir colchicina a dosis bajas.
Se debe limitar la toma de alimentos ricos en purinas y corregir la obesidad y la hipertensión si están presentes. Sólo cuando las cifras de ácido úrico en la sangre son muy altas se recomienda tratamiento con fármacos.
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