Cáncer de ovario

"El tipo de cáncer de ovario generado a partir de lesiones benignas presenta una evolución lenta".

DR. ANTONIO GONZÁLEZ MARTÍN
CODIRECTOR. DEPARTAMENTO DE ONCOLOGÍA MÉDICA

El cáncer de ovario aparece habitualmente después de la menopausia, aunque  puede surgir en mujeres jóvenes con antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario como consecuencia de una mutación en el gen BRCA.

Podemos prevenir el cáncer de ovario en aquellas mujeres con esta predisposición extirpando los ovarios y las trompas una vez que hayan completado su deseo genésico.

Estas mutaciones también hacen más frágil al propio tumor y nos está permitiendo tratarlo con drogas específicas más novedosas que lo destruyen más fácilmente.

En la enfermedad avanzada, las pacientes pueden recaer, y el pronóstico en estos casos depende del intervalo libre de enfermedad y por tanto de la sensibilidad a quimioterapia.

Cuanto mayor sea el intervalo libre sin recaída, mayor vuelve a ser la sensibilidad a quimioterapia y mayor el tiempo de supervivencia.

En muchas ocasiones, hemos convertido una enfermedad mortal en una enfermedad crónica de larga evolución.

Imagen del icono de la consulta de Segunda Opinión. Clínica Universidad de Navarra

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¿Cuáles son los síntomas habituales?

No hay sintomatología específica y habitualmente se confunde con la que puede producir el aparato digestivo y la vejiga, especialmente si la sintomatología es persistente.

Entre los síntomas más frecuentes, se pueden citar la hinchazón abdominal, sensación de gases, malas digestiones, estreñimiento o diarrea, ganas de orinar frecuentes.

También puede haber pérdida de apetito o de peso sin causa aparente. A veces, aparece sintomatología genital como alteraciones menstruales, sangrado postmenopáusico o dolor en la relación sexual.

Los síntomas más habituales son:

  • Hinchazón abdominal.
  • Malas digestiones.
  • Ganas de orinar frecuentes.
  • Alteraciones menstruales.
  • Pérdida de peso sin justificar.

¿Tiene alguno de estos síntomas?

Puede que padezca un cáncer de ovario

¿Cuáles son las causas?

La causa exacta de los tumores de ovario es aún desconocida, aunque entre las diversas teorías se admite que la ovulación incesante con los fenómenos de cicatrización consiguientes en la superficie del ovario, pueden tener que ver con ello.

También se ha admitido la posible relación con procesos inflamatorios crónicos o determinado ambiente hormonal, como por ejemplo los andrógenos en el ovario poliquístico o la elevación de las gonadotropinas en la menopausia.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Los principales factores de riesgo son:

  • Herencia de genes mutados como el BCRA1 y 2 que también se relaciona con el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Síndrome hereditario de cáncer colorrectal no polipósico (HNPCC).
  • Historia familiar: algunas veces el cáncer de ovario puede aparecer en más de un miembro de la familia, sin que esto tenga que ver con factores hereditarios conocidos.
  • Historia personal de cáncer de mama.
  • Edad: más frecuente en la postmenopausia.
  • Fertilidad: no haber tenido hijos. Haber sido sometida a tratamientos inductores de la ovulación, aunque esto parece más relacionado con el propio contexto de la esterilidad que no de la medicación.
  • Terapéutica hormonal sustitutiva sólo con estrógenos.
  • Obesidad o dieta rica en grasas.

¿Cómo se diagnostica?

Las posibilidades de sobrevivir cuando aparece este tipo de tumor están muy relacionadas con que se haya extendido o no fuera del ovario. Sólo alrededor de un 20% están aún sin diseminar cuando se diagnostican.

Se diagnostica a través de:

  • Exploración clínica.
  • Ecografía transvaginal o transrectal. Tiene una precisión diagnóstica muy alta.
  • Marcadores tumorales en sangre, especialmente el CA-125.
  • Pruebas de imagen: TAC, ecografía abdominal o RM.
  • Exploración quirúrgica: confirmar y tratar la enfermedad localizada en el abdomen.

¿Cómo lo tratamos?

La regla de oro en el tratamiento del cáncer de ovario es la extirpación (exéresis) completa de la enfermedad visible, o al menos la posibilidad de dejar como máximo una enfermedad residual menor de 1cm.

Este abordaje ha demostrado, junto a una quimioterapia eficaz, que mejora significativamente la curabilidad de las pacientes que sufren esta enfermedad. Para conseguir este objetivo es necesario realizar procedimientos quirúrgicos diversos dentro del abdomen.

Estos procedimientos incluyen no solamente la extirpación del útero y los ovarios, sino también de los ganglios, algún segmento de intestino, peritoneo, vía urinaria, bazo o alguna metástasis en el hígado, entre otras. Para ello, algunas veces es necesario establecer una estrategia quirúrgica en equipo en la que además del ginecólogo oncólogo interviene también el cirujano especialista en cirugía oncológica intraperitoneal.

Desde hace unos años se recomienda que el tratamiento quimioterápico postoperatorio incluya también la administración intraperitoneal de quimioterapia en los casos en los que se ha podido realizar una cirugía óptima de inicio. En estudios recientes se ha comprobado que esta estrategia, unida a la extirpación completa de la enfermedad como mencionábamos al principio, consigue los mejores resultados.

En nuestro centro tenemos una experiencia de más de veinte años en la administración intraperitoneal de quimioterapia.

Actualmente, y basados en los mismos principios, se está generalizando entre algunos centros de referencia en el tratamiento de esta enfermedad la administración intraperitoneal de quimioterapia en condiciones de hipertermia durante el acto operatorio, una vez resecada la enfermedad. A este procedimiento se le ha venido a llamar “HIPEC” o administración intraperitoneal de quimioterapia con hipertermia.

En algunas ocasiones, por las zonas afectadas por la enfermedad, no parece posible conseguir el objetivo de lo que se denomina “citorreducción óptima”, que significa no dejar enfermedad residual, como objetivo ideal.

Esta valoración se basa en los hallazgos de las pruebas de imagen (TAC, PET-CT) y en la información directa a través de la laparoscopia, que permite de manera sencilla conocer mejor la extensión de la enfermedad y tomar las biopsias necesarias para catalogar el tipo de tumor (en algunas ocasiones podría no ser de origen ovárico y requerir otro tipo de abordaje).

Esta técnica, comparada con la laparotomía en la que es necesario realizar una amplia incisión en el abdomen, permite iniciar en muy pocos días el tratamiento con quimioterapia neoadyuvante (QTNA) asociada a nuevos tratamientos antiangiogénicos si se descarta la posibilidad de realizar una cirugía óptima.

El objetivo de la QTNA es conseguir que la enfermedad disminuya de volumen, habitualmente después de tres o cuatro ciclos, y así poder realizar el tratamiento quirúrgico deseable (“cirugía de intervalo”), cuyo objetivo es el mismo que en la cirugía primaria: no dejar enfermedad visible.

Naturalmente, si fuera necesario, exige de la misma estrategia de procedimientos técnicos y de equipo quirúrgico que la cirugía de inicio. Después de esta cirugía la paciente completa el tratamiento con unos ciclos más de quimioterapia.

Algunas pacientes con cáncer de ovario pueden recidivar de su enfermedad y en este caso, dependiendo del tiempo transcurrido desde que acabó la quimioterapia hasta el diagnóstico de la recidiva, así como de la ubicación y extensión de la enfermedad ( metástasis hepáticas, esplénicas, intestinal exclusiva, pélvica, etc.) volverían a ser candidatas a un tratamiento quirúrgico que debe perseguir el mismo objetivo: no dejar enfermedad residual visible.

Para ello habría que poner en marcha una estrategia similar al tratamiento de la enfermedad cuando apareció por primera vez: cirugía adecuada seguida de quimioterapia.

Protonterapia contra el cáncer

La terapia con protones es la modalidad de radioterapia externa de mayor precisión, que aporta mejor distribución de la dosis de radiación y, por tanto, menor irradiación de los tejidos sanos.

La Unidad de Protonterapia o de Terapia de Protones de la Clínica Universidad de Navarra en su sede de Madrid es la más avanzada de Europa y la primera en un Centro de Cáncer, con todo su apoyo asistencial, académico e investigador.

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Especialistas del Departamento de Oncología Médica

La prevención y la detección precoz son las armas más eficaces de que disponemos en la lucha contra el cáncer. Por ello, junto con la Unidad de Genética Clínica, contamos con cinco programas: cáncer de mama, de pulmón, de colon, melanoma y cáncer de próstata. 

Disponemos de un Hospital de Día, con personal altamente cualificado, que ofrece asistencia ambulatoria especializada al paciente oncológico y hematológico.

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Imagen de la fachada de consultas de la sede en Pamplona de la Clínica Universidad de Navarra

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