Atrás unidad del Dolor

Tratamientos que ofrecemos

El alivio del dolor es un reto para todo profesional de la medicina y su erradicación o alivio un indicador evidente de buena práctica asistencial. Una correcta valoración y una buena guía práctica donde se encuentren las líneas básicas del tratamiento del dolor son necesarios para su abordaje.

Existen diversos tratamientos no farmacológicos para el tratamiento del dolor que están indicados cuando el tratamiento con medicamentos no ha sido efectivo o como complemento de éste.

Contamos con la última tecnología disponible para aplicarlos y de un equipo de enfermeras altamente especializado, tanto en aspectos quirúrgicos como clínicos.

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Si necesita la opinión de nuestros expertos sin necesidad de desplazarse a la Clínica, le ofrecemos la posibilidad de realizar una consulta de Segunda Opinión Médica.

La técnica consiste en la introducción de un medicamento (anestésico local y/o corticoide) a través de una aguja especial en la columna vertebral lumbar, en un lugar llamado “espacio epidural” para tratar dolores de la región lumbar, pelvis y piernas.

Normalmente se administran anestésicos locales y opioides para conseguir controlar el dolor agudo, dolor postoperatorio y crónico.

Además, al combinar estos fármacos no es necesario utilizar tanta dosis de cada uno de ellos, ya que su acción se potencia. Se realiza con anestesia local. Generalmente, se hacen tres bloqueos, según evolución, en tres semanas.

En ocasiones, se puede colocar un catéter en el espacio epidural de manera permanente para administrar de modo repetido la medicación sin tener que realizar punciones reiteradas, que aumentan las complicaciones para el paciente.

Consiste en la inyección de un anestésico local y/o corticoides en el recorrido del nervio cuyo atrapamiento o estiramiento se considera responsable de la neuralgia (dolor en el recorrido).

Está indicado en pacientes con dolor crónico en los que han fracasado otras opciones de tratamiento.

Esta técnica se realiza en quirófano ambulatorio y es muy sencilla. El especialista, mediante control radiológico que le ayuda a localizar la zona, inyecta el medicamento seleccionado en un lugar de su recorrido.

A veces, se emplea un neuroestimulador (estimula el nervio a través de una aguja con pequeños calambres) para localizar más precisamente el lugar del bloqueo. Es una técnica que suele requerir bloqueos repetidos para conseguir resultados duraderos.

Es un dispositivo seguro y eficaz.

En pacientes bien seleccionados, logra un adecuado control del dolor, pudiéndose utilizar por periodos prolongados y consiguiendo una mejor calidad de vida en personas con dolor crónico que no responde a otros tratamientos.

La técnica consiste en la implantación de un catéter (tubo de plástico muy fino) que se coloca directamente dentro del líquido cefalorraquídeo mediante una pequeña incisión en su espalda, a nivel de la columna lumbar.

El fármaco analgésico está dentro de una bomba programable que puede ser externa o se puede implantar (normalmente, se coloca mediante una incisión, en el abdomen).

Está indicada en pacientes con dolor severo que no han respondido a otros tratamientos y en pacientes que sufren espasticidad, por ejemplo, en personas con esclerosis múltiple.

Una de las ventajas de esta técnica es que, como la medicación se administra directamente en el espacio intratecal, en donde se encuentran todas las vías nerviosas, las dosis necesarias son mucho menores que las que se utilizarían por vía oral y, por lo tanto, los efectos secundarios son mucho menores.

La intervención se realiza con anestesia local, bajo control radiológico. A veces puede realizarse bajo sedación y el paciente debe permanecer ingresado mínimo 24 horas.

En la mayoría de los pacientes, se consigue una reducción muy satisfactoria del dolor y mejora considerablemente su calidad de vida.

La técnica consiste en la introducción en la columna vertebral, a través de una aguja y bajo control radiológico, unos electrodos (cables finos),que estan conectados a una pila (estimulador) que se puede colocar en el abdomen o en la parte superior del glúteo.

Estos electrodos generan impulsos eléctricos de bajo voltaje que alteran la transmisión del impulso nervioso, proporcionando un alivio parcial o total del dolor.

El estimulador es programable de tal manera que puede ajustarse para obtener un alivio satisfactorio del dolor.

Las principales indicaciones son:

  • Tratamiento del dolor isquémico (miembro fantasma, dolor anginoso, etc.).
  • Dolor neuropático (síndrome de dolor regional complejo, dolor por lesiones medulares, etc.).

Esta técnica requiere para colocar los electrodos anestesia local puesto que es necesaria la colaboración del paciente para saber si el electrodo está correctamente implantado (notará un pequeño hormigueo) y posteriormente se puede o no aplicar anestesia general para implantar el estimulador.

Aunque no cura el dolor ni elimina su causa, controla y alivia ciertos tipos de dolencias al interrumpir el envío de la señal dolorosa a través de la médula hasta el cerebro.

Para ello aplica unos electrodos que se depositan sobre la médula y crean un campo eléctrico que polariza determinadas células para conseguir el efecto deseado. Para que la terapia de estimulación medular controle el dolor, es necesario implantar en su cuerpo un pequeño dispositivo, este tiene aspecto de un marcapasos y funciona de forma parecida. De hecho, a veces se llaman “marcapasos para el dolor”.

Este dispositivo genera unos suaves impulsos eléctricos que los envia a la médula. Estos impulsos sustituyen la sensación de dolor por una sensación de hormigueo o masaje, la cual debe coincidir con el área dolorosa habitual para que la estimulación sea efectiva a largo plazo.

En los pacientes indicados, la iontoforesis puede obtener resultados muy favorables y sin complicaciones para el paciente.

Es una vía de administración de medicamentos que consigue una alta concentración del fármaco en el lugar de acción concreto y con mínimos efectos secundarios.

Consiste en introducir los fármacos a través de la piel por la acción de una corriente constante que ioniza los fármacos y consigue una mayor penetración a través de la piel.

Las principales ventajas de esta técnica es que evita que los fármacos produzcan toxicidad en el hígado y al aplicarlo directamente en la zona, se consiguen mayores concentraciones del fármaco, lo que aumenta su eficacia. Además se evita la punción, lo que es más cómodo para el paciente y disminuye el riesgo de complicaciones.

Las indicaciones más frecuentes son:

  • Neuralgias postherpéticas.
  • Neuralgias del trigémino.
  • Síndrome del túnel carpiano.
  • Procesos inflamatorios musculoesqueléticos.
  • Síndrome miofascial.

La corriente eléctrica se aplica mediante unos parches dérmicos que se colocan en la zona a tratar, con el fármaco correspondiente cargado. El tratamiento dura unos 20 minutos y hay que realizar varias sesiones.

La lidocaína es un anestésico local que produce un bloqueo del dolor a nivel regional.

Cuando se administra por vía intravenosa puede producir un bloqueo del dolor que no responde a otros tratamientos.

La infusión de lidocaína se realiza por vía intravenosa y se administra lentamente durante unos 60 a 90 minutos, con control del ritmo cardiaco y de la tensión arterial ya que al ser un fármaco antiarrítmico podría producir alguna alteración en el ritmo cardiaco o en la tensión arterial.

Las indicaciones más frecuentes de este tratamiento son:

  • Dolor postherpético.
  • Fibromialgia.

En el caso del dolor neuropático, la radiofrecuencia consigue beneficios a largo plazo entre el 35-70% de los pacientes.

La radiofrecuencia es una técnica en la que se aplica ondas de radiofrecuencia a través de una aguja en la zona nerviosa responsable del dolor.

Estas ondas de radiofrecuencia forman calor y crean un campo eléctrico que destruye los tejidos nerviosos implicados, suprime la transmisión del impulso nervioso y, como consecuencia, alivia el dolor, preservando la función motora.

Las indicaciones más frecuentes de la radiofrecuencia son:

  • Neuralgia del trigémino.
  • Cefalea en racimos.
  • Dolor facial atípico.
  • Dolor por patología lumbar (síndrome facetario).
  • Síndrome cervical.
  • Dolor crónico del hombro.
  • Neuralgia intercostal.
  • Dolor maligno intratable.
  • Hiperhidrosis.

El tratamiento se realiza en quirófano ambulatorio, requiere la utilización de un equipo de control radiológico para que el especialista localice adecuadamente la zona a tratar, tiene una duración aproximada de una hora, es ambulatorio y sólo requiere leve sedación y anestesia local.

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