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Clinica Universidad de Navarra

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Cirugía Plástica, Reparadora,.., Investigación martes 2 diciembre de 2008

Un paciente con parálisis facial recupera la sonrisa tras una operación en la que se le injertó en la cara músculo de la pierna

El enfermo fue sometido a dos intervenciones por un equipo de cirujanos plásticos de la Clínica Universitaria de Navarra

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De pie, de izquierda a derecha: El doctor Bernardo Hontanilla, director del departamento de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, la doctora Elena Cacho, del departamento de Anestesia y el doctor Antonio Vila y la doctora Cristina Aubá, ambos de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética. Sentadas: Eva Morillo, enfermera de Cirugía Plástica, Micaela Sancho, supervisora del área Quirúrgica y Maribel de Esteban, enfermera de Cirugía Plástica.

Un paciente con parálisis facial ha recuperado la movilidad de la cara tras implantarle sendos injertos de un músculo de la pierna. El enfermo fue sometido a dos intervenciones por un equipo de cirujanos plásticos de la Clínica Universitaria de Navarra. El procedimiento estuvo dirigido por el director del departamento de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética del centro médico, el doctor Bernardo Hontanilla, y contó con la intervención de la doctora Cristina Aubá, del mismo departamento.

El paciente intervenido, varón de 37 años, presentaba una lesión del nervio facial como consecuencia de un cavernoma, (tipo de tumor vascular localizado en el tronco del encéfalo), así como de las dos intervenciones quirúrgicas que se le practicaron para extirparle la tumoración. Es habitual que este acto quirúrgico conlleve una serie de lesiones adyacentes entre las que figura la parálisis facial.

Dos actos quirúrgicos

Tras someterse a dos intervenciones para tratar el cavernoma, el paciente presentó una parálisis facial bilateral (de ambos lados de la cara) causada por una lesión en el nacimiento del nervio que inerva la musculatura encargada de dar movimiento al rostro. "Al presentar lesionado el nervio facial en ambos lados de la cara, la única opción que teníamos era la de colocar un músculo nuevo en el rostro y aportarle otro nervio que se encargara de dar movimiento a ese músculo", describe el doctor Hontanilla.

La cirugía de la cara consistió entonces en implantar un injerto muscular que hiciera las veces del músculo que permite sonreír, como es el músculo cigomático mayor. "Se trataba de colocarlo en el mismo ángulo de la sonrisa que tenía el paciente previamente", detalla el especialista.

Para el injerto muscular, los cirujanos tomaron una sección del músculo recto interno (gracilis), situado en la parte interior del muslo. Para cada lado del rostro se extrajo una porción de 9 por 4 cm de músculo de la pierna.

El procedimiento quirúrgico se hizo en dos fases, una para cada lado de la cara. El equipo médico decidió no abordar ambos lados de la cara en el mismo acto quirúrgico, ya que cada intervención tiene una duración aproximada de 6 horas.

Microcirugías

La intervención de cada lado de la cara consistió en tres procedimientos de microcirugía. En cada una de las dos operaciones, el plan comenzó con la actuación de dos equipos quirúrgicos a la vez. Mientras uno procedía a la extracción de un segmento del músculo gracilis de la pierna, cuyo injerto se trasplantaría después a la cara, el otro equipo preparaba el abordaje quirúrgico del rostro, "mediante la disecación del bolsillo facial y la exposición de los vasos faciales receptores y del nervio donante (nervio maseterino)", explica el doctor Hontanilla. En la cara, la incisión se practicó por la línea facial que discurre junto al nacimiento del pelo y la oreja, de forma que la cicatriz apenas se advierte.

A continuación se procedió al trasplante del injerto muscular al rostro. Para ello, la porción muscular obtenida de la pierna se había extraído previamente con su respectiva vena, arteria y nervio. De este modo, el nervio del injerto se conectó al maseterino, nervio motor situado en el espesor del músculo masetero del rostro, y la arteria y la vena se suturaron a sus correspondientes vasos faciales. "Así, cuando el paciente sonríe es como si hiciera un pequeño movimiento de mandíbula. Posteriormente, gracias a su plasticidad (capacidad de aprendizaje), el cerebro asimilará la nueva función del músculo injertado, que a partir de entonces será el encargado del movimiento de la sonrisa. Para conseguirlo el paciente deberá hacer rehabilitación", apunta el cirujano.

En términos generales, la intervención quirúrgica "no es traumática, ya que no requiere grandes incisiones. No obstante, se trata de un procedimiento de microcirugía por lo que la técnica es compleja y laboriosa", subraya el doctor Hontanilla.

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