Urología pediátrica

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El Departamento de Urología esta especializado en Urología Pediátrica y el tratamiento de las Malformaciones congenitas del aparato urinario en la infancia.

Fimosis

Los recién nacidos varones suelen tener la piel del prepucio (tejido que recubre al glande o extremo del pene) unido a éste. La fimosis se considera normal en el niño menor de 2 años siempre y cuando no produzca síntomas. En los primeros 3-4 años de vida los detritus epiteliales que se forman entre el glande y el prepucio (esmegma) separan gradualmente las dos estructuras. Hasta entonces, la actitud correcta es no hacer casi nada.

La higiene diaria de los genitales con una suave retracción prepucial es suficiente. Las retracciones forzadas del prepucio convierten la fimosis fisiológica en patológica (cicatrizal). En nuestro centro, siempre que es posible, planteamos esperar a operar hasta que el niño tiene 3 años, salvo que existan complicaciones como balanitis, dificultades en la micción... El tratamiento definitivo debe ser la cirugía mediante circuncisión.

Esta cirugía suele hacerse bajo anestesia local y algo de sedación, sobre todo en los niños más pequeños. Asimismo, actualmente existe en el mercado una pomada que aplicada durante un mes en la zona del prepucio, es capaz de mejorar la fimosis, incluso a evitar la cirugía en algunos casos.

Criptorquidia

La criptorquidia (testículo oculto) es la falta de descenso testicular completo o sea, la ausencia del mismo en su localización normal dentro del escroto. Esta situación puede afectar a un testículo, que es lo más frecuente, o a ambos.

Es bastante frecuente, afecta al 2-3% de los recién nacidos varones, especialmente si son prematuros, aunque muchos de ellos completarán el descenso normal durante los 6 primeros meses de vida. Si no ha bajado al escroto por entonces, en la mayoría de los casos quedará sin descender. La criptorquidia unilateral, puede disminuir la fertilidad y expone al testículo afecto a complicaciones como torsión y traumatismos. También se ha comprobado que un teste criptorquídico es con más frecuencia portador de anomalías que le hacen 10 veces más propenso a la evolución tumoral que los que son normales.

A veces se puede emplear terapia hormonal pero sólo resulta eficaz en el 20-30% de los casos y además son frecuentes los reascensos. La orquidopexia es el procedimiento quirúrgico que se realiza para lograr el descenso de los testes criptorquídicos. El teste descendido se fijará a bolsa escrotal para impedir su ascenso. Esta intervención requiere anestesia general.

Reflujo vésico-ureteral

El reflujo vésico-ureteral, consiste en el retorno hacia los riñones de la orina que ya ha alcanzado la vejiga, debido a un mal funcionamiento de una válvula que lo impide en condiciones normales. De esta manera se produce un estancamiento de la orina y mayor facilidad para las infecciones. Los menores de 2 años con infección urinaria asocian reflujo vésico-renal en el 46 por ciento de los casos y los que tienen entre 2-5 años, en el 9 por ciento. Además, el 50-60 por ciento de los pacientes con reflujo padecen infección renal.

El riesgo de aparición de lesiones renales se asocia a reflujo como factor más importante y es mayor en los menores de 5 años. En los niños menores de 5 años con infección debe descartarse reflujo vésico-renal. El reflujo es frecuente en los niños, tanto que se calcula que un 1% de la población infantil puede tener este tipo de reflujo, aunque no tenga ningún síntoma. Habitualmente las infecciones urinarias no tienen consecuencias perjudiciales a largo plazo, especialmente si no son frecuentes y sólo afectan a las vías bajas (cistitis). No obstante, en el caso de los niños más pequeños, las infecciones repetidas no tratadas, llegan a producir cicatrices y lesiones en los riñones que pueden dañarlos y afectar a su función.

Los niños diagnosticados con reflujo vesicoureteral, deben ser objeto de un atento seguimiento por parte del médico. Aunque muchos niños acaban superando el reflujo vesicoureteral con la edad, el tratamiento de esta afección sigue siendo necesario para reducir el riesgo de infecciones urinarias recurrentes y prevenir posibles lesiones renales a largo plazo. Para su diagnóstico se emplean la ecografia renal, la cistografia y la gammagrafia renal. La cistografia, que es la prueba que establece si hay o no reflujo, consiste en administrar un contraste radiológico en la vejiga del niño a través de la uretra, mediante sondaje, y posteriormente hacerle orinar, de este modo podremos ver en las radiografías si la presión producida al orinar produce una subida de orina hacia el riñón, con ello tendremos el diagnóstico y el grado del reflujo. La gammagrafia se usa para comprobar, en los casos con infección urinaria, si se han producido pequeñas cicatrices en los riñones.

El tratamiento puede incluir medicamentos o, menos habitualmente, procedimientos quirúrgicos. El reflujo se clasifica en diferentes grados que van desde I a V según su intensidad, así el I afecta sólo al uréter y el V produce una significativa dilatación del uréter y llega hasta el riñón. Esta clasificación tiene también importancia para el tratamiento, pues en los grados I a III el tratamiento será médico y grados mayores, IV y V, requerirán tratamiento quirúrgico. Los grados I a III tienen un 60-80% de probabilidades de curar espontáneamente y muy pocas de sufrir infecciones de riñón (pielonefritis) si se establece una correcta prevención antibiótica. En los grados IV y V el tratamiento suele ser médico (antibiótico) hasta los 2 años y si en ese momento el reflujo no ha desaparecido, se deberá considerar el tratamiento quirúrgico, pero valorándose de manera individual en cada niño. En algunas ocasiones, si el niño presenta infecciones renales repetidas, la intervención puede estar indicada antes de esa edad.

Urooncología infantil

El tumor de Wilms es una forma de cáncer de riñón que se observa generalmente en niños de menos de 7 años. La mayoría de los casos se diagnostican cuando los padres o el médico encuentran una inflamación en el vientre del niño. En algunos casos existe dolor en el vientre o sangre en la orina. Algunas enfermedades genéticas llevan a un riesgo aumentado de tener un tumor de Wilms, sin embargo, la mayoría de los niños que lo tienen son normales.

Cuando se sospecha la presencia de tumor de Wilms, se debe determinar la extensión de la enfermedad. La enfermedad se puede extender a los pulmones.

El tratamiento consiste en la combinación de cirugía, radioterapia y quimioterapia con lo que se produce la curación en un gran número de casos.

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