Cáncer de testículo
Las causas del cáncer de testículo son desconocidas así como los factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de este tipo de tumores:
- El principal factor de riesgo es la falta de descenso del testículo en el momento del nacimiento (criptorquidia).
- Otros factores que se han asociado son concentraciones altas de hormonas maternas durante el embarazo y el parto prematuro, los traumatismos en el testículo y la presencia de antecedentes familiares de cáncer de testículo.
Existen dos tipos principales que es importante diferenciar ya que el esquema de tratamiento será distinto:
- Seminoma: son tumores que no deben estar mezclados con otros tipos tumorales, son el 40% de los tumores testiculares y son más frecuentes durante la cuarta década de la vida. Estos tumores son más sensibles a la radioterapia que otros tumores de testículo..
- No seminoma: los tumores no seminomatosos son el 60% de los cánceres de testículo y suelen aparecer durante la tercera década de la vida.
La gran mayoría de los tumores de testículo se diagnostican al aparecer un bulto en el testículo, que con frecuencia no duele. En los casos en los que existe dolor, suele aparecer progresivamente, aunque puede hacerlo de forma repentina si el tumor se complica con una infección (orquiepididimitis) o si sangra.
Puede aparecer crecimiento de las mamas en varones por el aumento de la Beta-Gonadotropina Coriónica, una hormona que solo aumenta en varones en algunos casos de tumores de testículo.
En algunos pacientes puede existir dolor de espalda o de abdomen, causado porque los estímulos dolorosos del testículo se dirigen hacia ese lugar o bien porque existan metástasis en ganglios linfáticos en el retroperitoneo.
En los casos en los que existen metástasis en otros órganos (pulmón, cerebro, hueso, etc.), éstas pueden producir síntomas muy variados, dependiendo de su localización.
Cuando se diagnostica un cáncer de testículo, se realizan las siguientes pruebas, además de preguntar por los síntomas y explorar al paciente.
- Analítica general, incluyendo alfa-fetoproteína, ?-hCG y LDH. Estas sustancias son marcadores tumorales, proteínas producidas por las células del tumor. Son muy útiles para el diagnóstico y el seguimiento de la enfermedad, debiendo disminuir en los casos en que el tratamiento es efectivo. La ?-HCG puede estar elevada en cualquier tipo de tumor de testículo, mientras que la ?-fetoproteína solo aumenta en los tumores no seminomatosos. Los marcadores tumorales no aumentan en todos los pacientes con cáncer de testículo.
- Ecografía del testículo: para observar las características del tumor y comprobar si afecta al otro testículo.
- Radiografía o tomografía axial computerizada (TAC) del tórax.
- TAC del abdomen y de la pelvis
- Además pueden realizarse en algunos casos:
- TAC o resonancia nuclear magnética (RNM) cerebral: si se sospecha la existencia de metástasis cerebrales
- Gammagrafía ósea: si pueden existir metástasis óseas.
- Tomografía por Emisión de Positrones (PET): se utiliza en ocasiones para valorar los restos de tumor que pueden persistir tras el tratamiento
Estadios:
- Estadio I: el tumor sólo afecta al testículo.
- Estadio II: el tumor se extiende a ganglios linfáticos, normalmente localizados en el retroperitoneo (la zona que se encuentra detrás del abdomen). No existen metástasis.
- Estadio III: el tumor presenta metástasis o elevación muy importante de los marcadores tumorales
El éxito del tratamiento reside en un diagnóstico precoz posible. El tratamiento para el cáncer del testículo depende del estadio y tipo de células que forman el tumor.
- Cáncer de testículo en estadio I
- Seminoma: Tiene una tasa de curación de más de 95%. El tratamiento consiste en extirpar el testículo a través de una incisión quirúrgica en la ingle seguida con una vigilancia exhaustiva; en ocasiones se completa con radioterapia sobre ganglios linfáticos, como prevención. Otra opción consiste en realizar una orquiectomía inguinal radical seguida de una sola dosis de terapia adyuvante con carboplatino.
- No seminoma: Tiene una tasa de curación de más de 95%. El tratamiento consiste en Orquiectomía inguinal; además, en ocasiones se realiza extirpación de ganglios linfáticos. La disección de ganglios linfáticos puede ocasionar problemas de impotencia, por lo que no se recomienda en niños y jóvenes. Posteriormente se realiza una vigilancia exhaustiva. En caso de que el paciente tenga un riesgo más alto, por ejemplo por el subtipo de célula tumoral o porque el tumor esté invadiendo los vasos sanguíneos o linfáticos del testículo, se recomienda una quimioterapia después de la cirugía. En este caso de alto riesgo, la quimioterapia reduce el riesgo de recaída tumoral a menos del 5%.
- Cáncer de testículo en estadio II
- Seminoma: El seminoma en estadio II está dividido en enfermedad voluminosa y no voluminosa con el fin de facilitar la planificación de los tratamientos y la expresión del pronóstico. La enfermedad voluminosa presenta tumores mayores de 5 cm en una tomografía computarizada.
- La enfermedad en estadio II no voluminosa tiene una tasa de curación mayor de 90% con radiación sola. Por eso, en pacientes con tumores menores de 5 cm la opción terapéutica sería orquiectomía inguinal radical seguida de radiación a los ganglios linfáticos retroperitoneales y pélvicos ipsilaterales.
- Para pacientes con tumores voluminosos, el tratamiento suele consistir en orquiectomía inguinal radical seguida de quimioterapia de combinación, o de radioterapia a los ganglios linfáticos abdominales y pélvicos. Si el tumor es pequeño se consigue una curación mayor de 90% con orquiectomía inguinal y radioterapia.
- No seminoma: Se puede curar en más del 95% de los casos. Para ello después de la cirugía del testículo se debe de administrar quimioterapia, y en caso de que queden lesiones residuales después, se debe de valorar la extirpación de éstas.
- Seminoma: El seminoma en estadio II está dividido en enfermedad voluminosa y no voluminosa con el fin de facilitar la planificación de los tratamientos y la expresión del pronóstico. La enfermedad voluminosa presenta tumores mayores de 5 cm en una tomografía computarizada.
- Cáncer de testículo en estadio III
- Seminoma: Generalmente se puede curar con extirpación de la gónada por vía inguinal, seguido de quimioterapia con varios agentes. Si quedan lesiones residuales deben vigilarse periódicamente, y si son muy grandes o siguen creciendo es conveniente extirparlas.
- No seminoma: En esta situación se pueden curar el 70% de los casos con quimioterapia. Al finalizar el tratamiento suele realizarse vigilancia mensual con idea de iniciar tratamientos de rescate a la mínima duda de progresión de la enfermedad tumoral. Además deben extirparse quirúrgicamente las masas residuales sospechosas. Si la lesión residual estuviera en el cerebro se contempla la radioterapia holocraneal o incluso la cirugía cerebral.
En las revisiones, además de la recogida de síntomas y de la exploración física, suele realizarse una determinación de los marcadores tumorales. Además de forma periódica suele realizarse radiografía de tórax, TAC abdominal y una ecografía de testículo.
La frecuencia de las revisiones suele ser variable y su duración debe ser de por vida, ya que existe un pequeño riesgo de desarrollar tumores en el testículo sano.


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