Cáncer de próstata
Constituye aproximadamente el 11% de todas las neoplasias en los varones de Europa, y es el responsable del 9% de las muertes por cáncer entre los hombres dentro de la Unión Europea
La probabilidad de presentar un CP se incrementa con la edad y en el 90% de los casos se produce en hombres de más de 65 años. El riesgo de padecerlo se incrementa de forma importante en personas con parientes de primer grado afectados pudiendo llegar a ser 7 veces superior en personas con dos o tres familiares de primer grado afectados.
La mayor parte de las cánceres de próstata son adenocarcinomas siendo frecuentemente de localización multifocal y de predominio en la zona periférica de la glándula prostática.
El cáncer de próstata no posee una presentación clínica característica. En muchas ocasiones, el diagnóstico se realiza a partir de una revisión médica rutinaria, estando el paciente asintomático. En otras ocasiones, se manifiesta por un cuadro de dificultad miccional creciente o por presentar sangre en la orina. Asimismo, puede manifestarse sin síntomas relacionados con la micción, pero con síntomas secundarios a la extensión de la enfermedad fuera de la próstata, especialmente como dolor óseo.
El antígeno prostático específico (PSA) es una proteína de síntesis exclusiva en la próstata. Su producción depende de la presencia de andrógenos y del tamaño de la glándula prostática.
Los niveles en sangre de PSA en los varones sanos son muy bajos y se elevan en la enfermedad prostática.
El PSA se conoce como un marcador tumoral de cáncer de próstata. La elevación del PSA en plasma es proporcional a la masa tumoral presente y, de esta forma, el PSA en sangre es un gran test para detectar la presencia de un cáncer de próstata.
Aunque los niveles elevados de PSA se pueden encontrar en pacientes con cáncer de próstata también se pueden dar en otras patologías prostáticas, como en la hiperplasia benigna de próstata o la prostatitis.
Por tanto, un valor de PSA elevado en sí mismo no es diagnóstico de un cáncer de próstata, aunque sí que es de gran ayuda al urólogo para su diagnóstico junto con otras pruebas como el tacto rectal. Ante un valor elevado de forma aislada de PSA es recomendable confirmar estos niveles elevados pasado un tiempo, y otra prueba que se puede realizar es el llamado PSA libre.
En caso de existir sospecha clínica de cáncer de próstata, el diagnóstico se confirma mediante la realización de una biopsia prostática.
El tratamiento del cáncer de próstata depende de si la enfermedad está localizada en la próstata o, por el contrario, si el cáncer se ha extendido fuera de la próstata afectando a otros tejidos u órganos.
Para poder definir un cáncer de próstata como localizado, localmente avanzado o diseminado a distancia se utilizan: el tacto rectal, el nivel de PSA, la biopsia prostática y las pruebas de imagen (TAC, RMN, Gammagrafía ósea).
El tratamiento del cáncer de próstata localizado tiene diferentes opciones terapéuticas con finalidad curativa.
- Puede realizarse mediante cirugía, practicándose una prostatectomía radical para erradicar por completo el tumor.
- Otra opción terapéutica es la radioterapia, que puede ser externa, o mediante braquiterapia, que consiste en la realización de una serie de implantes con semillas radioactivas en la próstata con la finalidad de erradicar las células tumorales, en ambos casos.
La idoneidad de cada uno de los tratamientos anteriores debe establecerse en cada caso en particular.
La prostatectomía radical, consiste en la extirpación de la glándula prostática incluyendo las vesículas seminales. Puede realizarse mediante cirugía abierta o mediante laparoscopia. Es el tratamiento de referencia en el cáncer de prostata localizado, especialmente en pacientes jovenes.
La cirugía laparoscópica es una cirugía minimamente invasiva que aporta al paciente una menor estancia hospitalaria, excelente control del dolor postoperatorio y mínimas lesiones cicatriciales en piel. Actualmente esta tecnica es llevada a cabo como tratamiento de elección en la patología renal quirúrgica, incluido los tumores renales, tumores de glandulas suprarrenales y cancer de prostata localizado.
Complicaciones más frecuentes de la prostatectomía radical
- Incontinencia urinaria
- Disfunción eréctil o impotencia
En la mayoría de los casos aparecen inmediatamente después de la cirugía y mejoran transcurrido algún tiempo. La probabilidad de que aparezcan es más alta a mayor edad.
En los últimos años son menos frecuentes las complicaciones, sin embargo no siempre es posible realizar una cirugía que preserve o respete los nervios responsables de la función urinaria y sexual.
El robot Da Vinci aporta al cirujano una visualización en tres dimensiones, de la que adolecen los procedimientos laparoscópicos.
En el caso de los pacientes operados de prostatectomía radical asistida por robot, los beneficios que genera el equipo robótico (además de los ya comentados para el procedimiento laparoscópico) son:
- La recuperación del control de la miccion dentro de los tres primeros meses despues de la operación (más rápido que con la cirugía laparoscópica o con la abierta), debido a la mayor precisión en la disección de los tejidos.
- Cuando se puede practicar una cirugía conservadora de los nervios erectores, se consigue una conservación más efectiva de la potencia sexual y una mayor integridad del esfínter de la uretra
Entre los efectos secundarios de la radioterapia durante el tratamiento se pueden incluir la irritación de la vejiga y de los intestinos. La incontinencia a largo plazo es poco común. Típicamente, la función eréctil es conservada inicialmente, pero puede disminuir con el transcurso del tiempo.
- El tratamiento se realiza mediante bloqueo hormonal con inhibidores de la LH-RH (leuprolide, goserelina), antiandrógenos (flutamida) y antifungicos (ketoconazol), entre otros.
- Cuando las células tumorales se hacen resistentes a las hormonas (nueva elevación de las cifras de PSA), se plantea una segunda línea de tratamiento mediante Quimioterapia. Actualmente el esquema estándar de tratamiento es la combinación de docetaxel cada tres semanas con prednisona cada 12 horas. Está especialmente indicada en pacientes sintomáticos o que presentan alta carga tumoral. Otros fármacos que han demostrado actividad son: Mitoxantrone, vinorelbina, paclitaxel o ciclofosfamida.



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