Cirugía faringoamigdalar

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La faringe es un tubo muscular que se origina en la porción posterior de la nariz y termina en el área faringo-esofágica. Puede dividirse artificialmente en tres regiones: la nasofaringe (también denominada rinofaringe o cavum), la orofaringe y la hipofaringe.

Distribuido por toda la faringe se encuentra un tejido especializado en proveer al organismo de capacidad defensiva principalmente frente a infecciones víricas o bacterianas. Este tejido, denominado tejido linfoide, se encuentra agrupado en lo que constituyen las amígdalas y también distribuido en pequeños acúmulos por toda la mucosa de la faringe, los denominados folículos linfoides

La afectación preferente de un área hace que se las reconozca como amigdalitis (vulgarmente, anginas), adenoiditis (ó rinofaringitis) o simplemente faringitis, si es una afectación difusa.

Cuando las infecciones faringo-amigdalinas se cronifican, aparecen repetitivamente, o han generado complicaciones graves, puede hacerse necesario el tratamiento quirúrgico y que el paciente precise de una adenoidectomía, una amigdalectomía o ambas simultáneamente

La amigdalectomía y la adenoidectomía son los procedimientos quirúrgicos más frecuentemente realizados a nivel faríngeo en la Otorrinolaringología. El fin de esta cirugía es la extirpación de las amígdalas palatinas y faríngea (las anginas y las vegetaciones, en lenguaje de la calle), que son las principales áreas involucradas en la patología infecciosa y obstructiva faríngea, y que son propias de la edad infantil, aunque no exclusivas.

La extirpación de las amígdalas o amigdalectomía es aconsejable cuando los episodios de amigdalitis son tan frecuentes o graves que llegan a afectar a la salud general del niño, a interferir en sus actividades cotidianas. Por ejemplo, hay niños que tienen convulsiones febriles, o abscesos periamigdalinos repetidos, o en los que las amígdalas y vegetaciones son tan grandes que les dificultan de forma importante la respiración o la deglución, causándoles trastornos del crecimiento o del sueño.

Algunos médicos opinan que esta intervención quirúrgica se realiza con mayor frecuencia de lo necesario, de ahí que resulte aconsejable contar con una segunda opinión en el caso de que haya dudas sobre su conveniencia.

Con frecuencia, en la misma intervención para extirpar las amígdalas se procede a la resección del tejido adenoideo o vegetaciones, ya que los niños suelen tener problemas en ambas áreas. Si las vegetaciones sufren infecciones repetidas o son tan grandes que obstruyen la parte posterior de las fosas nasales o dificultan la ventilación de los oídos, pueden extirparse para evitar las consecuencias de estas infecciones o de la obstrucción.

Por lo general, son cirugías de corta estancia hospitalaria, la mayor parte de las veces requieren de un día de ingreso. La técnica quirúrgica utilizada para extirpar las amígdalas y las vegetaciones se realiza a través de la boca, casi siempre bajo anestesia general.

Durante los días siguientes a la operación de amígdalas cabe esperar que el paciente sienta dolor en la garganta y también en los oídos, que suele responder bien a los analgésicos y antiinflamatorios. La operación de vegetaciones no suele ser dolorosa y los pacientes suelen presentar congestión y mucosidad nasal abundante. La recuperación completa de ambas operaciones, ya en el domicilio, ronda los 10 días.

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