Sarcoma óseo y de Ewing

Javascript is required to play this audio

La Dra.Patiño habla sobre el osteosarcoma infantil

A- A+ Imprimir

Los tumores óseos son tumores poco frecuentes pero que aparecen en niños y adolescentes, un 5% de los tumores que se presentan en la edad pediátrica. Los más frecuentes son el sarcoma osteogénico (osteosarcoma)  y el sarcoma de Ewing.

Las posibilidades de curación disminuyen drásticamente cuando el tratamiento no se realiza en centros con experiencia.

Un tumor óseo es una proliferación anormal de células dentro de un hueso. Básicamente los dividimos en 2 grupos: malignos o benignos, en función de su capacidad o no de extenderse (metástasis) a otros órganos y tejidos.

Existen gran cantidad de estudios científicos publicados que hacen hincapié en la necesidad de tratar a estos pacientes en centros especializados, al ser una enfermedad con una incidencia baja en la población.

Síntomas

Los tumores óseos se manifiestan frecuentemente con dolor en una extremidad. Este dolor suele ser constante, incluso nocturno, de manera que despierta al paciente por la noche. La localización más frecuente es la rodilla de un niño en crecimiento, aunque también puede aparecer en los huesos del tronco, la pelvis, etc. En ocasiones se acompaña de un bulto que crece de forma rápida.

No se suele acompañar de afectación del estado general, ni fiebre, u otros síntomas.

La duración de estos síntomas es muy variable, pero habitualmente duran unas pocas semanas o meses puesto que, a diferencia de los tumores benignos, crecen rápidamente. 

Diagnóstico

El diagnóstico debe basarse en tres pilares: la historia clínica, las imágenes (radiografía simple, TAC, resonancia magnética, gammagrafía ósea...) y la biopsia.

Dada la escasa incidencia de estos tumores, es muy importante que el equipo de radiólogos y patólogos que colaboraran con el clínico en el diagnóstico sea también muy experto.

La resonancia magnética ha resultado muy útil en los sarcomas para evaluar la extensión local de la lesión. Otras pruebas de imagen que se emplean para el diagnóstico y seguimiento de estos pacientes son el TAC (para descartar la presencia de metástasis pulmonares), la gammagrafía ósea (para descartar la presencia de metástasis óseas o lesiones multifocales) y el PET, muy sensible para detectar lesiones a distancia del tumor principal, valorar su metabolismo, etc.

La biopsia puede tener importantes consecuencias pronósticas y terapéuticas y por tanto debe realizarla siempre el equipo que tratará de forma definitiva al paciente. Es preferible (y en los centros con experiencia es casi siempre posible) la realización de la biopsia con aguja o trocar, a cielo cerrado (sin-abrir) para evitar la diseminación del tumor.

Tratamiento

El tratamiento de estos tumores también debe basarse en tres pilares: la cirugía, la quimioterapia y en ocasiones la radioterapia, durante un largo periodo de tiempo (cercano al año), aunque con ingresos hospitalarios intermitentes.

Es absolutamente imprescindible que el proceso diagnóstico y el inicio del tratamiento sean lo más rápido posible. Las demoras pueden comprometer la supervivencia del paciente.

Se trata por tanto de un abordaje multidisciplinar en el que el trabajo en equipo de oncólogos, pediatras, cirujanos ortopedas, radioterapeutas, etc. cobra un papel primordial.

La quimioterapia actúa sobre las células tumorales induciendo su muerte y controla las células malignas que pueda haber en el torrente circulatorio, y por lo tanto evitar la diseminación del tumor a otros órganos. Por este motivo, en algunos sarcomas se comienza el tratamiento con esta arma terapéutica, para facilitar su posterior cirugía.

La radioterapia es útil en algunos sarcomas para evitar que reaparezcan. La duración de este tratamiento suele rondar las 5-6 semanas, aunque no es necesaria la hospitalización durante todo ese periodo.

En la Clínica existen técnicas de radiación sofisticadas como la radioterapia intraoperatoria, la braquiterapia, etc, que se han mostrado muy útiles en algunos sarcomas. 

El tratamiento quirúrgico, hasta finales de los años setenta, se consideraba la amputación como la única alternativa y las tasas de supervivencia con este tratamiento eran mínimas. Con la llegada de la quimioterapia, el pronóstico ha cambiado drásticamente. Por tanto, estos tumores no se curan sólo con la cirugía, por muy buen cirujano que uno sea.

Aunque la aparición de metástasis supone una reducción en las posibilidades de curación, el tratamiento adecuado puede llegar a superar este grave problema. La localización más frecuente de las metástasis es el pulmón, y en algunos casos es necesario también una o más operaciones para extirpar las lesiones metastásicas.

Una vez acabado el tratamiento, es necesario realizar revisiones periódicas, para asegurar que el tumor no reaparece. La aparición de metástasis recidivas, etc. es más frecuente durante los primeros 5 años después del diagnóstico.

En la Clínica

Ayuda

Si no encuentra la información que desea, quiere sugerirnos algún contenido nuevo o tiene alguna dificultad a la hora de navegar por nuestra página web puede ponerse en contacto directamente con nuestro responsable de la web a través del siguiente correo electrónico: webmastercun@unav.es

Cerrar