Cáncer de vejiga

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La vejiga es un órgano que almacena la orina a baja presión, se vacía por completo de forma voluntaria y mantiene la continencia en los intervalos.

Anatómicamente está formada por dos capas diferentes: una mucosa en contacto con la orina que se denomina urotelio y un músculo llamado detrusor, situado en profundidad y responsable de la contracción y vaciamiento.

El cáncer vesical es un tumor relativamente frecuente, es el octavo más frecuente a nivel mundial pero su pronóstico suele ser bueno, consiguiendo la curación completa en la mayoría de los casos.

Aunque en la mayoría de los casos la causa es desconocida, en algunos pacientes se ha asociado a exposición a aminas aromáticas y al tratamiento con ciclofosfamida sistémica. El hábito tabáquico duplica el riesgo de padecerlo.

Aunque histológicamente se trata de tumores de la misma naturaleza (carcinoma de urotelio en el 95 por ciento de los casos, excepcionalmente escamoso o adenocarcinoma), se dividen en dos grupos desde el punto de vista pronóstico y terapéutico: superficiales y profundos.

Síntomas

La hematuria (sangre en la orina) es el signo principal. Aparece en el 85 por ciento de los casos y habitualmente es indolora y con coágulos. Los síntomas de irritación vesical (orinar muchas veces, escozor o dolor), aparecen de manera caprichosa.

Diagnóstico

La mayoría se diagnostica cuando no están avanzados, por lo que su porcentaje de curación es elevado.

Aunque radiológicamente, la ecografía permite hacer el diagnóstico evidenciando una masa intravesical, la confirmación siempre es endoscópica (es decir, la visión directa del interior de la vejiga mediante un cistoscopio). La exploración, en la actualidad y merced a los cistoscopios flexibles, es sencilla y prácticamente indolora.

El diagnóstico debe completarse con la extirpación endoscópica completa o máxima del tumor (se realiza con anestesia a través de la uretra y se denomina resección transuretral).

La pieza así extirpada deberá ser analizada por el patólogo para conocer el tipo de tumor, su grado de diferenciación (grado 1, 2 ó 3): que mide la agresividad tumoral (el grado 1 es el de mejor pronóstico y el grado 3 el más agresivo) y la profundidad de afectación en la pared.

Cuando el tumor es profundo, es obligado realizar estudio para valoración de metástasis y extensión local (tomografía axial computarizada -TAC- o escanner abdominal y gammagrafía ósea). El mejor medio de estadiaje es la resonancia magnética con gadolinio.

Tratamiento

En estadios iniciales, el tratamiento es curativo y consiste en la extirpación de la lesión mediante cistoscopio o resección transuretral. Después se valorará si es necesario administrar instilaciones endovesicales (directamente en el interior de la vejiga), fármacos quimioterápicos (tiotepa, mitomicina C y adriamicina, frecuentemente) o inmunoterápicos (BCG) para evitar las recidivas tumorales.

En tumores profundos el tratamiento de elección es la cistectomía radical (extirpación completa de vejiga y próstata, en el caso de los hombres).

Se utiliza con frecuencia quimioterapia complementaria  bien de manera preoperatoria, para conseguir disminuir el tamaño tumoral, eliminar metástasis a distancia no visibles que pudieran existir y así facilitar la cirugía.

Otras veces, la quimioterapia se administra después de la cirugía para eliminar aquellas células tumorales residuales que pudieran haber quedado después de extirpar los órganos afectados.

No se sabe con certeza si el tratamiento complementario con quimioterapia (neoadyuvante o adyuvante) mejora la supervivencia o el control local de la enfermedad. Se utiliza clásicamente cisplatin, adriamicina, methotrexate y vimblastina aunque actualmente se empieza a utilizar paclitaxel, gencitavina o citrato de Galio.

En algunos casos especiales se contempla la posibilidad de conservar la vejiga y el tratamiento incluye sólo resección transuretral, quimioterapia sistémica y radioterapia. En estos casos escogidos, casi la mitad de los pacientes conserva la vejiga en 5 años y la supervivencia del grupo no es menor a la que podría esperarse con tratamiento convencional.

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