Cáncer de riñón
El carcinoma de células renales es el tipo de cáncer del riñón más común, representando más del 90% de los tumores malignos del riñón. Aproximadamente el 80% de las personas con carcinoma de células renales tiene un carcinoma de células claras.
Los carcinomas de células de transición, también son conocidos como carcinomas uroteliales. Se originan en la pelvis renal (la unión del uréter y el riñón) y se comportan de manera muy parecida al cáncer de la vejiga.
Las causas que originan el cáncer de riñón son todavía desconocidas, aunque se ha relacionado con determinadas enfermedades genéticas y con el consumo de tabaco.
Las personas con la enfermedad de Von Hippel-Lindau sufren a menudo varios tipos de tumores. Entre el 25% y el 45% de estos pacientes contraen carcinoma de células renales.
Síntomas
La presentación clínica del cáncer de riñón es muy variable. Actualmente, entre un 40-50 por ciento de los tumores de riñón se diagnostican mediante la realización de una ecografía en el transcurso de una revisión médica rutinaria, cuando el tumor todavía no ha provocado ningún síntoma. En otras ocasiones, se diagnostican a partir de los síntomas clínicos que puede provocar el tumor como son el dolor a nivel de la zona lumbar, palparse una masa abdominal o por presentar sangre en la orina.
En aproximadamente 50% de los casos, cuando se detecta el cáncer no se ha propagado fuera del riñón. En el 25% restante habrá hecho metástasis en otras partes del cuerpo como los pulmones o los huesos.
Diagnóstico
En primer lugar es necesario realizar una historia clínica detallada con una exploración física completa. Después se realizará una analítica de sangre y orina, y una ecografía abdominal para identificar la masa renal. Estos estudios se complementan con la realización de un TAC abdominal en donde se evaluará si existe infiltración de la vena cava inferior e afectación de los ganglios linfáticos, una resonancia magnética y un PET.
Para conocer el subtipo de tumor que presenta el paciente es necesario realizar una biopsia o punción-aspiración con aguja fina (PAAF).
Tratamiento
La cirugía es el tratamiento estandar para los tumores localizados en los que es posible la curación de la enfermedad en más del 50% de los casos. En estadios avanzados la cirugía puede ayudar a paliar los síntomas provocados por el tumor y en algunos pacientes con pocas metastasis, se puede obtener una mayor supervivencia si se realiza exéresis del tumor y de las metástasis.
Si el tumor está localizado pero no se puede operar, se puede intentar paliar los síntomas que ocasiona mediante radioterapia o mediante la obstrucción selectiva de los vasos sanguíneos que lo sustentan (embolización arterial).
Los carcinomas de células de transición, generalmente se tratan mediante cirugía para extirpar todo el riñón y el uréter, así como la parte de la vejiga donde se une el uréter. A menudo se usa la quimioterapia y la radiación, además de la cirugía.
La radioterapia puede ayudar a paliar los síntomas producidos por el tumor primario (dolor, sangrado) o por las metástasis (por ejemplo, dolor por afectación ósea o de nervios).
Tratamiento sistémico
Cuando el cáncer renal está en estadios avanzados y no es posible la cirugía, el tratamiento que se realiza en estos pacientes es un tratamiento sistémico, con fármacos administrados por vía oral o intravenosa, para conseguir la remisión de la enfermedad o impedir la progresión de la misma.
La quimioterapia tradicional no se ha demostrado efectiva en el cáncer de ceólulas renales por lo que ha hecho necesario otras estrategias terapeúticas.
Inmunoterapia
Este tratamiento consiste en estimular al sistema inmune del propio organismo contra las células tumorales renales. Se pueden utilizar fármacos, como por ejemplo, la interleuquina 2 o el interferon alfa que se han demostrado eficaces pero tienen efectos secundarios importantes o bien vacunas que estimulen el sistema inmune para luchar contra las células tumorales.
Terapias biológicas
Este nuevos tratamientos van dirigidos a identificar y eliminar las células cancerosas sin dañar las células normales.
Los fármacos anti-angiogénicos impiden la formación de nuevos vasos sanguíneos en el tumor, impidiendo que tenga el aporte de oxígeno y nutrientes, necesarios para continuar crecimento. El Sorafenib, ha sido el primer fármaco de esta familia recientemente comercializado para el tratamiento del cáncer de riñón. Otros fármacos como el Sunitinib (Sutent ®) y el Bevacizumab, también han demostrado ser activos.


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