Cáncer de esófago
Es más frecuente en el hombre que en la mujer, pudiendo oscilar la relación entre 3 y 10 hombres por cada mujer, dependiendo del área geográfica. La edad habitual de presentación es entre los 55 y los 70 años, siendo infrecuentes los casos en personas por debajo de los 40 años.
Tipos
Existen dos tipos de tumores: carcinoma epidermoide y adenocarcinoma.
El carcinoma epidermoide generalmente se localiza en la parte media y alta del esófago.
El adenocarcinoma aparece predominantemente en la parte inferior del esófago y el factor predisponente más importante es el "Esófago de Barrett". Éste suele relacionarse con historia de reflujo gastro-esofágico y hernia hiatal de larga evolución.
Factores de riesgo
En los últimos años la incidencia del adenocarcinoma del tercio distal del esófago y de la unión gastroesofágica se ha incrementado de forma paralela a la enfermedad por reflujo gastroesofágico, especialmente en personas con alto índice de masa corporal.
- Asociados al desarrollo de carcinoma epidermoide de esófago son el tabaco y el alcohol.
- Asociados al desarrollo de adenocarcinoma de esófago son, reflujo gastroesófagico, obesidad, infección por H. pylori y el tabaco.
Síntomas
El síntoma fundamental del cáncer de esófago es la dificultad para la deglución o sensación de detención de alimento al tragar, también conocido como disfagia. Esta dificultad está provocada por la obstrucción del esófago por el tumor.
En situaciones avanzadas de la enfermedad se pueden asociar otros síntomas como dolor con la deglución, regurgitaciones, secreción excesiva de saliva, alteraciones de la voz, pérdida de peso, etc.
Diagnóstico
El principal método de diagnóstico es la esofagoscopia (observación del esófago mediante un tubo flexible).
La esofagoscopia nos permite visualizar las paredes del esófago. En caso de que se observe alguna lesión sospechosa, se procede a tomar una biopsia (extracción de una muestra de tejido de la zona para estudio al microscopio). Esta exploración dará imágenes directas de la causa de obstrucción esofágica; por otra parte, localizará con exactitud el punto de obstrucción; por último, permitirá obtener muestras para confirmar el diagnóstico mediante la biopsia. Con este sistema se diagnostican más del 95 % de los casos.
Una vez confirmado el diagnóstico, hay que estudiar la extensión de la enfermedad con el fin de valorar el tratamiento más oportuno. Dentro de los estudios de extensión, hay que destacar la ECO-endoscopia para valorar el grado de infiltración local y el Tomografía axial computarizada (TAC) torácico y abdominal para la identificación de metástasis a distancia.
Tratamiento
Los principales factores que determinan el tratamiento y pronóstico (posibilidad de curaión) de los pacientes con cáncer de esófago son:
- La extensión tumoral, determinada por el estadio.
- El tamaño del tumor.
- El estado general del paciente.
Por lo tanto, el pronóstico será más favorable en pacientes con cáncer de esófago en estadios más iniciales, con tumores pequeños, y con buen estado general.
Se cuenta con tres armas para luchar contra el cáncer de esófago: cirugía, radioterapia y quimioterapia. Se pueden usar por sí solas o en combinación.
En los casos más habituales de diagnóstico de la enfermedad, en estadios II y III, no es suficiente con el tratamiento quirúrgico aislado. Se debe utilizar un tratamiento multidisciplinar.
Una forma de tratamiento del cáncer de esófago intensiva consiste en la aplicación, en primer lugar, de un tratamiento con radio y quimioterapia seguido de la cirugía. El tratamiento preoperatorio de radio-quimioterapia se indica con el fin de disminuir el tamaño del tumor y minimizar la posibilidad de producir implantes tumorales durante la cirugía. Con esta modalidad terapéutica se consigue destruir completamente el tumor en el 25-30 por ciento de los casos.
En aquellos casos en los que, pese a ser una enfermedad localizada, existen criterios que contraindiquen la cirugía (tumores que afectan a las estructuras cercanas al esófago, o pacientes no operables por enfermedades asociadas), el tratamiento habitual consiste en la combinación de quimioterapia y radioterapia con intención radical.
En los pacientes con enfermedad metastásica, el objetivo del tratamiento es la paliación (alivio de síntomas con mejoría en la calidad de vida), tratando igualmente de prolongar la supervivencia del paciente. El pilar fundamental del tratamiento en estos estadios es la quimioterapia, pudiendo realizarse dentro de ensayos clínicos.
Con el objeto de mejorar la sintomatología del paciente (dolor, imposibilidad para la ingesta de alimentos...) puede estar indicado el uso de intubaciones por vía endoscópica o quirúrgica, resección trans-endoscópica, radioterapia paliativa y colocación de endoprótesis autoexpandibles (implantación endoscópica en el esófago de un tubo expandible).
Prevención
Como resulta lógico pensar, la prevención pasa por evitar los factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer de esófago.
En el caso de existencia de esófago de Barrett (trastorno en el cual el revestimiento del esófago presenta daño causado por irritación a causa de los ácidos gástricos que se han filtrado hacia el mismo), es aconsejable la realización periódica de endoscopias con toma de biopsias con el fin de detectar cambios premalignos (displasia) de forma precoz. En los casos de displasia de alto grado se recomienda un seguimiento más intenso, incluso la resección quirúrgica.


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