Hipertensión pulmonar
Los síntomas de la hipertensión pulmonar son variables y consisten, generalmente, en dificultad respiratoria que se agrava con el esfuerzo, síncopes (pérdida de conocimiento) y dolor torácico.
El diagnóstico de hipertensión pulmonar generalmente se realiza mediante un ecocardiograma en el que se ven signos de aumento de presión. Generalmente requiere realizar, además, un cateterismo cardíaco derecho para medir las presiones y valorar la gravedad de la enfermedad.
Existen múltiples causas de hipertensión pulmonar y conocer la causa es importante para decidir el tratamiento y conocer el pronóstico. Por ello, la valoración de la enfermedad requiere con frecuencia realizar otras pruebas diagnósticas:
- Pruebas de función respiratoria, test de 6 minutos marcha y gasometría arterial
- TAC (escáner) torácico o angioTAC
- Gammagrafía de ventilación-perfusión
- Analítica (función renal, hepática, tiroidea, inmunidad, serología para el virus del SIDA)
El médico podrá valorar según cada caso si se requieren otras pruebas diagnósticas (polisomnografía, biopsia pulmonar, biopsia hepática, cateterismo cardíaco izquierdo, estudio de coagulopatía, etc.).
En algunos casos, es suficiente con tratar la causa de la hipertensión pulmonar. La decisión del tipo de tratamiento depende de la causa y de la gravedad de la enfermedad. Los tratamientos más utilizados actualmente se administran por vía oral (sildenafilo, tadalafilo, bosentan, sitaxsentan, ambrisentan) o inhalatoria (iloprost, treprostinil).
En situaciones graves, se requiere administrar el tratamiento mediante infusión continua subcutánea o endovenosa (epoprostenol o treprostinil).
En situaciones muy graves, se ha de considerar la necesidad de trasplante pulmonar, trasplante cardio-pulmonar o cirugía cardíaca (atrioseptostomía).


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