Embolia pulmonar

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La embolia pulmonar, también llamada enfermedad tromboembólica venosa, consiste en la formación de trombos en el sistema circulatorio venoso que pueden liberarse a la circulación general, alcanzar las arterias pulmonares y provocar lo que se denomina una embolia pulmonar.

El tromboembolismo venoso puede ser agudo o crónico y requiere tratamiento anticoagulante durante un periodo mínimo de 3 a 6 meses, aunque este tratamiento puede prolongarse durante más tiempo e incluso de forma indefinida. La formación de trombos ocurre generalmente en situaciones que provocan un estancamiento de la sangre como:

  • Inmovilización de alguno de los miembros debido a cirugías o fracturas
  • Postoperatorios
  • Encamamiento prolongado
  • Presencia de varices
  • Situaciones con daño directo de las venas provocado por cirugía
  • Presencia de catéteres endovenosos

Existen, además, otras alteraciones que pueden facilitar la formación de trombos como son alteraciones genéticas, algunas enfermedades generales y la presencia de cáncer. El diagnóstico de la enfermedad tromboembólica venosa requiere la demostración de trombos en el territorio venoso o de émbolos en arterias pulmonares. El diagnóstico puede requerir, al menos, alguna de las siguientes pruebas:

  • Ecografía Doppler venosa de extremidades inferiores o superiores
  • Gammagrafía pulmonar de ventilación-perfusión
  • Angio-TC (tomografía computerizada) torácico
  • Angiografía pulmonar
  • Ecocardiograma Doppler
  • Analítica: Dímero D
  • Flebografía

El diagnóstico debe completarse con un estudio de los factores predisponentes o facilitadores de la formación de trombos cuando el médico sospecha que puede haberlos. Esto puede incluir estudios de hipercoagulabilidad (análisis de sangre) que se llevan a cabo en colaboración con Hematología y, en algunos casos, la búsqueda de tumores mediante técnicas de imagen.

El tratamiento fundamental de la enfermedad tromboembólica es la anticoagulación con heparina o acenocumarol (Sintrom®), cuya duración depende del riesgo que el paciente tenga para la formación de trombos. En casos de embolia pulmonar masiva, se requiere tratamiento fibrinolítico. Cuando la embolia pulmonar es crónica, que ocurre más raramente, pueden requerirse además otros tratamientos para disminuir la presión pulmonar, incluyendo el tratamiento quirúrgico en algunos casos (trombendarterectomía pulmonar).

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