Insuficiencia renal aguda
Es más común en personas que ya están hospitalizadas, en particular las que necesitan cuidados intensivos. Además, suele ser secundaria a una cirugía complicada, una infección generalizada, después de una lesión grave o cuando el flujo de sangre a los riñones se interrumpe. Aunque suele ser reversible, la severidad es variable y puede requerir tratamiento sustitutivo de la función renal durante un tiempo.
Existen diversos factores que pueden predisponer a la aparición de esta enfermedad, como son la edad avanzada, infección crónica, diabetes, hipertensión arterial, trastornos inmunológicos, problemas renales y hepáticos de base, hipertrofia prostática y obstrucción vesical. Los signos y síntomas que presentan estos pacientes son:
- Disminución de la producción de orina.
- Falta de eliminación de los productos de desecho a través de la orina
- Retención de líquidos, provocando edemas (hinchazón) en las piernas, tobillos o pies.
- Somnolencia, dificultad respiratoria, fatiga, confusión e incluso coma en los casos muy graves y asociados, normalmente, a otras enfermedades.
Debido a que la insuficiencia renal aguda suele ser una complicación de otras enfermedades graves, en ocasiones los signos y síntomas pueden pasar inadvertidos o ser atribuidos a la enfermedad subyacente. Cuando se sospecha esta enfermedad, debe realizarse un análisis de sangre y orina. Las alteraciones que pueden aparecer son: disminución del volumen de orina (menos de 500 mililitros), aumento en sangre de la urea y creatinina y electrolitos elevados como el potasio.
Suele ser necesario realizar una ecografía abdominal y, en algunas ocasiones, incluso una biopsia renal que permita determinar la causa de la insuficiencia renal aguda. Cuanto antes se resuelve, más probabilidades hay de recuperar la función renal. En ocasiones, la insuficiencia renal aguda causa la pérdida permanente de la función renal y las personas requieren diálisis permanente o un trasplante de riñón para sobrevivir.
El primer objetivo es tratar la enfermedad o la lesión que originalmente ha dañado sus riñones. Una vez que está bajo control, la atención se centrará en la prevención de la acumulación del exceso de líquidos y desechos en su sangre, mientras que sus riñones sanan. Esto se logra mejor mediante la limitación de su ingesta de líquidos y un alto aporte de carbohidratos y bajo en proteínas y potasio.
La mayoría de las veces, sobre todo en pacientes en UCI, debe realizarse una terapia de depuración extracorpórea o diálisis, de forma temporal para ayudar a eliminar toxinas y el exceso de fluidos de su cuerpo mientras que sus riñones sanan. El tratamiento se basa en un riñón artificial (dializador) que se hace cargo de la función renal. La sangre es bombeada fuera de su cuerpo al riñón artificial donde su sangre se mueve a través de membranas que filtran los residuos antes de ser devuelta a su cuerpo.


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