Laboratorio de Bioseguridad
Se trata de uno de los primeros laboratorios clínicos de este tipo puestos en marcha en España.
Los más peligrosos son los de nivel 3 y 4. En concreto, dentro del nivel 3, se incluyen aquellos microorganismos que pueden causar una enfermedad grave en el hombre, tienen altas posibilidades de transmisión, pero existen vacunas o tratamientos contra ellos
El nivel de riesgo biológico más elevado es el 4, en cuyo caso no existe profilaxis ni tratamiento eficaz para la enfermedad derivada.
Además de las medidas de seguridad biológica requeridas en este tipo de instalaciones, el laboratorio de la Clínica de la Universidad de Navarra incorpora sistemas añadidos para garantizar la contención de los agentes patógenos dentro del recinto.
La actividad del laboratorio se centra en el aislamiento y cultivo de los microorganismos, su identificación, estudio de la eficacia de los agentes antiinfecciosos (tratamiento) y, por último, la esterilización de las muestras y cultivos manejados.
- El primer paso consiste en aislar los microorganismos en un medio de cultivo a partir de muestras clínicas, momento en el que aumenta su concentración y consecuentemente la peligrosidad de su manejo, lo que provoca que, en ocasiones, su nivel de riesgo pueda llegar a pasar de un nivel 2 a un nivel 3.
- Una vez identificado el microorganismo, se llevan a cabo pruebas con el fin de determinar el tratamiento más adecuado. Consiste en analizar la susceptibilidad del patógeno a los agentes antimicrobianos, capaces de interferir en su crecimiento y viabilidad. En el caso de las micobacterias, causantes de la tuberculosis, se efectúa un antibiograma para conocer a qué antibióticos son sensibles.
Además de los agentes causantes del ántrax, tuberculosis o gripe aviar, el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra está diseñado para trabajar con virus como el causante del dengue o para la investigación sobre el VIH.
Igualmente, en sus instalaciones pueden analizarse muestras de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, conocida como el “mal de las vacas locas”, y bacterias como las causantes de la brucelosis o de la tularemia.
Otros microorganismos susceptibles de ser manejados son los hongos que provocan infecciones como la histoplasmosis, la blastomicosis o la paracoccidioidomicosis, enfermedad esta última endémica en Centro y Suramérica.
Así mismo, el laboratorio puede recibir sustancias susceptibles de ser utilizadas como armas biológicas en atentados.
Las muestras proceden en su mayor parte de la propia Clínica y de hospitales de la red pública navarra.
El repunte de los casos de tuberculosis -uno de los patógenos al que se dedica el trabajo diario del laboratorio- o la aparición de infecciones por hongos poco habituales en nuestro país puede deberse a los movimientos de población que se dan actualmente, tanto por la inmigración como por el turismo, lo que facilita la introducción de microorganismos llegados desde otras zonas del mundo.
Cuando empieza la campaña de la gripe, los médicos que forman parte de la red centinela en Navarra envían muestras de pacientes con sospecha de padecer la enfermedad para que se proceda al aislamiento, identificación y tipificación de las cepas. El objetivo es comprobar si la vacuna en vigor protege adecuadamente y tener información sobre el virus para la preparación de la vacuna de la campaña siguiente.
Como laboratorio de referencia podemos recibir muestras de pacientes con sospecha de gripe aviar, virus que sí exige este nivel de bioseguridad.
Presión negativa en toda la instalación
Dentro de las medidas de bioseguridad exigidas para este tipo de instalaciones, el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra se ha diseñado siguiendo la legislación canadiense, una de las más avanzadas y que mayor seguridad ofrece.
En este sentido, consta de cuatro compartimentos independientes de paso obligado antes de llegar al propio laboratorio: área de entrada, preesclusa, esclusa y zona prelaboratorio nivel 3. Además, la presión atmosférica en toda la instalación es inferior a la del exterior, de manera que el aire sólo puede circular hacia el interior del laboratorio y nunca hacia fuera. Con este sistema, todos los microorganismos quedan confinados en esta área. En concreto, siguiendo el circuito de entrada, cada uno de los cinco compartimentos tiene una depresión de 20 pascales respecto al anterior, lo que suma una presión negativa total de 100 pascales en el laboratorio. Tanto al acceder como al salir de la instalación, la puerta de cada compartimento no se abre hasta que se ha cerrado la anterior y se llega al nivel de depresión fijado.
Al recinto, que ocupa una superficie total de unos 20 metros cuadrados, sólo puede entrar personal autorizado mediante una tarjeta de acceso. En la preesclusa, el técnico debe quitarse la ropa de calle o la ropa de laboratorio de nivel 2, y ponerse un pijama. A continuación, en la esclusa, se coloca un mono con verdugo, calzas, guantes dobles, gafas y mascarilla.
La esclusa cuenta con un lavamanos con grifería accionada por infrarrojos y una ducha que el personal debe utilizar al abandonar el laboratorio, cuando ha trabajado con determinados patógenos como los causantes del ántrax o de la gripe aviar.
Filtración del aire y doble esterilización de los materiales
Otra de las medidas de prevención del laboratorio consiste en la filtración de las salidas de aire, realizada mediante unos filtros absolutos, denominados Hepa, cuya efectividad asciende al 99,99%. Logran que todo el aire que sale al exterior sea estéril.
Además, la salida de aire de la cabina de flujo laminar, lugar donde se manejan los microorganismos, cuenta con una segunda filtración que se suma a la del filtro Hepa. Con esta medida se garantiza la inocuidad del aire que sale al exterior.
Las medidas de bioseguridad también se doblan en el caso de los materiales que salen del laboratorio. Además de ser tratados en un autoclave a 121º durante 30 minutos, pasan posteriormente por una cámara, comunicada con el área de entrada, donde reciben tratamiento químico con paraformaldehído, de manera que son sometidos a dos procesos, uno de esterilización por calor húmedo y otro de desinfección de alto nivel.
En el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra trabaja un técnico a diario, si bien ocasionalmente entra otro especialista para realizar tareas como la lectura o la validación de resultados. De acuerdo a las normas de funcionamiento de la instalación, nunca debe entrar una persona sola sin comunicarlo al personal que trabaja fuera. Cuenta además con cámaras que permiten seguir la actividad del laboratorio desde el exterior, por si la persona que trabaja en el laboratorio sufre un desmayo o cualquier otra eventualidad.
Estación de tratamiento de aguas residuales
Por último, los sistemas de bioseguridad se completan con la estación de tratamiento de aguas residuales, situada bajo las instalaciones del laboratorio de bioseguridad de nivel 3.
Hasta aquí llega el agua de los desagües del autoclave, el lavamanos, la ducha y la pila donde se realiza la tinción de los microorganismos.
La planta consta de dos salas, la sala de control y la sala de tratamiento.
- La sala de control es una zona considerada sin riesgo biológico específico, por lo que no es necesario utilizar ningún equipo de protección personal. En esta zona se controlan automáticamente todas las operaciones.
- La sala de tratamiento es considerada como un laboratorio de bioseguridad de nivel 3 y por ello tiene igualmente presión negativa para impedir la salida de aire y se establecen las medidas de protección personal. Está dotada de dos aljibes de 1.000 litros que recogen, descontaminan y neutralizan los vertidos líquidos del laboratorio de bioseguridad de nivel 3.
El acceso a la sala de tratamiento está restringida a personal autorizado.
La planta de tratamiento es lo más delicado y complicado del laboratorio de bioseguridad de nivel 3. Semanalmente debe ser controlado por la persona responsable para garantizar su buen funcionamiento.



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