Fiebre

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El cuerpo mantiene una temperatura constante mediante un centro, llamado termorregulador, localizado en una parte del cerebro llamada hipotálamo. Cuando ese centro, por diferentes causas, establece una temperatura más elevada, se produce la fiebre.

Aunque hace más de 100 años que se conoce que la temperatura normal del cuerpo humano es de 37 grados centígrados, lo cierto es que existen numerosas oscilaciones alrededor de esta temperatura que son normales.

Habitualmente la temperatura es algo más baja a primera hora del día, en torno a las 6 de la mañana, y alcanza su máximo entre las 4 y las 6 de la tarde. A esas horas, temperaturas de hasta 37,7 grados pueden ser perfectamente normales.

También pueden darse variaciones normales de la temperatura en las distintas estaciones del año o entre las dos fases del ciclo menstrual en la mujer (en la segunda parte del ciclo menstrual, su temperatura se puede elevar en un grado o más). Así mismo, la temperatura normal cambia con la edad.

El termómetro más fiable es el digital.  El termómetro de mercurio constituye una forma fiable de medición pero los riesgos derivados de su ruptura, desaconsejan su uso. Existen termómetros de tecnología más sofisticada como el ótico (oido) pero no son aconsejables por la dificultad que entraña obtener, en algunos casos, la temperatura real y además, los resultados son menos uniformes que los obtenidos con  los termómetros comunes.

En nuestro medio (España), siempre nos vamos a referir a la temperatura axilar. La temperatura rectal, suele estar 0,5 ºC por encima de la axilar. La temperatura medida con el termómetro ótico se acerca más a la rectal.

Con los termonómetros convencionales, el tiempo que hay que esperar para obtener la temperatura definitiva es de 3-5 minutos. Algunos termómetros digitales son más rápidos; los óticos son inmediatos.

Hablamos de febrícula si la fiebre es de escasa magnitud (menor de 38º C) y de fiebre si se superan los 38 ºC.

La fiebre es un mecanismo de defensa ante la enfermedad, que es compartido por muchas especies animales.

Algunos de los mecanismos de la inmunidad, es decir, de las defensas del organismo frente a las infecciones o los tumores, funcionan mejor a mayor temperatura.

La fiebre supone una más de las respuestas del organismo hacia una agresión, necesaria para eliminarla, pero que hay que controlar para evitar un daño que puede ser importante.

Los síntomas más comunes que produce la fibre son dolor de cabeza, dolores musculares generalizados, o más localizados en la región lumbar, dolores articulares y somnolencia.

Los escalofríos ocurren durante el ascenso de la temperatura, y son el reflejo del aumento de actividad muscular que el centro termorregulador ordena para aumentar la temperatura corporal.

La irritabilidad o el delirio aparecen con más frecuencia en personas mayores, mientras que las convulsiones febriles son típicas de los niños menores de cinco años.

La lista de enfermedades que pueden producir fiebre es interminable. A la cabeza están las enfermedades infecciosas, las enfermedades inflamatorias o autoinmunes y la mayor parte de las enfermedades malignas pueden cursar con fiebre.

Los fármacos más empleados en el tratamiento de la fiebre son el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos, como el  Ibuprofeno y la aspirina (no utilizar en niños).

En muchas ocasiones puede ser suficiente con medidas físicas para bajar la temperatura, tales como compresas húmedas o baños templados.

El tratamiento definitivo de la fiebre será siempre el tratamiento de la enfermedad que la causa.

Es evidente que la fiebre muy elevada o acompañada de síntomas muy acusados debe ser tratada. También en los casos de convulsiones febriles en los niños, en la mujer embarazada, o en enfermos con alteración importante cardiaca, pulmonar o cerebral. Sin embargo, no parece tan claro que sea necesario quitar la fiebre leve o moderada, y en muchas ocasiones puede ocultar información importante para el diagnóstico. Se debe seguir siempre las indicaciones que haga el médico.

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